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El chef Oscar Azócar y otras anécdotas y penurias sobre jugar en las Ligas Menores


HISTORIAS DEL DIAMANTE
Por Joaquín Villamizar Baptista

Hoy hablaremos de las Ligas Menores o la dura ruta del beisbol... 

Hay dos aspectos a los cuales debe adaptarse el pelotero en las Ligas Menores, si quiere mejorar su juego y llegar a las Grandes Ligas: los tediosos, largos y constantes viajes en autobús, por un lado, y alimentarse con los escasos viáticos cuando está jugando como visitante, de solo 25 dólares por juego para todas las comidas. 


Por supuesto, cuando están en la casa no reciben viáticos y entonces tienen que arreglárselas para subsistir con el sueldo. En Novatos, hasta 2020, era de 1.100 dólares al mes. En Clase A, 2.400. En Doble A, 2.550. En Triple A, 3.050. 

Los ligamenoristas reciben paga de abril a agosto, solo los meses de sus  temporadas. No reciben paga durante el tiempo que dura el entrenamiento primaveral. 

Un jugador con experiencia de Grandes Ligas que recibe un contrato, pero no está en el roster de 40, puede recibir un contrato no menor de 70.000. Si está en el roster de 40 y no lo han subido, recibe 44.500. Y aquel que está en su segundo año en el roster de 40 y no lo han subido recibe 88.500 dólares. 

Son abundantes las anécdotas de cómo esos muchachos aprenden a cocinar para rendir su dinero, de cómo se reúnen cinco o más de ellos para vivir en un solo apartamento y hacer una olla común, y de cómo algunos padres hacen grandes sacrificios para reforzarles el presupuesto. 

Desde luego, los bonos grandes de hoy día, sobre cientos de miles de dólares y a veces hasta millones, crean las excepciones. Es decir, hay jovencitos en las Menores que pueden vivir con comodidades de bigleaguers. Pero, ¡no se equivoquen! La gran mayoría sufre el mismo calvario de siempre. Al fin y al cabo son las Menores. 


Pero bueno, también hay resultados favorables con eso. Esto se le escucho comentar al desaparecido ex grandeliga venezolano Oscar Azócar: "En una oportunidad, cuando regresé a casa después de mi primer año en las Menores, le dije a mi mamá que me enseñara a cocinar inmediatamente. Desde entonces, no hay pelotero en el mundo que cocine mejor y más sabroso que yo. He cocinado en cientos de ciudades y para centenares de peloteros”. 

El fotógrafo Frank Priegue, quien publicó un libro sobre la Eastern League, que fue un circuito Doble A hasta 2020 comentó: “Una de las más notables diferencias entre las Grandes Ligas y las granjas son los viajes. Los bigleaguers tienen a su alrededor empleados para empacar y llevarles el equipaje y los útiles de juego. Durante los viajes, viajan en jets contratados en vuelos especiales y reciben muy buenos viáticos diarios al jugar como visitantes. Abajo, en cambio, cada quien carga su equipaje, incluso, el maletín con los útiles del juego. Hay equipos que viajan en avión, pero sólo algunas veces. 

Priegue aconseja: “Una de las primeras cosas que todo pelotero de las Menores debe aprender es que los viajes en autobús no son divertidos, pero esos constantes recorridos son parte del trabajo, igual que batear, comer y fildear. La adaptación más notable que deben lograr es la de vivir durante los tres meses de viajes con todo lo necesario en las maletas... ¡y cargarlas! Otros 3 meses se van entre los entrenamientos y los juegos en la ciudad sede. 


En una oportunidad, el periodista e historiador Juan Vené estuvo en Rockford, Illinois, en donde funcionaba uno de los equipos Clase A de los Cachorros. Allí conoció a un grupo de cinco jugadores latinoamericanos que vivían en las casas de tres modestas familias, como invitados, sin pagar nada por ello. “Es la única manera de poder comer completo”, fue la frase escuchada en boca de ellos. Y dos de los anfitriones comentaron: “Nos gusta la pelota, por eso lo hacemos. Conocemos a estos jovencitos, nos contaron cuantas calamidades pasaban, y como advertimos que son muy decentes y buenas personas, decidimos invitarlos”. 


Esta práctica de las familias que adoptan peloteritos en las pequeñas ciudades de clubes de Novatos y Clase A es muy común. Igual que lo es la formación de grupos de jugadores para alquilar un apartamento y compartirlo todo en una real cátedra de cómo vivir en comunidad. Entre las muchas cosas buenas que uno aprende en las Menores, figura eso, convivir en grupos, depender unos de otros y todos de todos. 

“Uno conoce más de la necesidad humana, de la cooperación de unos con otros”, dijo una vez Al Leiter, lanzador zurdo de los Mets, quien en sus tres años de Clase A, tuvo que vivir en Oneonta y en Fort Lauderdale. 

A comienzos de 2000 fueron noticia, dos lanzadores derechos que sumaron 27 años en las Menores entre los dos. Joe Strong, cob 37 años de edad y 17 en distintas sucursales, y Chuck Smith, de 30 años de nacido y 10 temporadas de esas que se mueven en autobús. Ambos subieron con los Marlins. Cuando Florida jugó en Shea Stadium, el fin de semana del 12 al 14 de mayo de ese 2000, una media docena de reporteros escucharon a Strong unos interesantes comentarios: “Creo que mientras más difícil y mientras más se espera el objetivo, se aprecia mucho más. Para mí, es de un significado y inmenso haber podido ponerme este uniforme. ¡Hey! ¡Estoy vestido de bigleaguer!”. 


Ellos llegaron, pero centenares de millares se han quedado en el camino. Muchos de esos que nunca pudieron, pasaron toda una vida en las Menores. En autobús y comiendo mal. ¡Algunos hasta 20 años y más! Hay que felicitar entonces a los que han llegado. 

Es historia, amigos. 

Joaquín Villamizar Baptista

Fuentes: 
Las Mejores Anécdotas del Beisbol, por Juan Vené. 
Cinco Mil Años de Beisbol, por Juan Vené.

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