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BÉISBOL VENEZOLANO

GRANDES LIGAS

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EL EMERGENTE. Ronald Acuña Jr. y Fernando Tatis Jr. frente a frente, año por año y dólar por dólar


EL EMERGENTE
Por Ignacio Serrano

El dominicano Fernando Tatis Jr. acaba de convertirse en el pelotero más joven con un contrato de 300 millones de dólares en las Grandes Ligas. Es la noticia más sonada de la semana y súbitamente ha incrementado su protagonismo en esa entretenida competencia que sostiene con otros jóvenes astros hispanoamericanos, que como él representan "la nueva cara del beisbol".

De Tatis, por esto, se ha hablado en todas partes. Pero en Venezuela, a propósito del pacto, también se ha mencionado con insistencia a Ronald Acuña Jr.


Acuña es otro de esos rostros frescos que representan la nueva ola en las Mayores, como el campocorto de los Padres de San Diego o el patrullero quisqueyano Juan Soto. Y al igual que el torpedero nacido en San Pedro de Macorís, aceptó hace no mucho un pacto multimillonario, que parece palidecer al lado de este.

Así que hay un debate entre la fanaticada y no pocos aseguran que los representantes del venezolano se apresuraron, entregaron en exceso y perdieron la oportunidad de sacar mucho más dinero de los Bravos de Atlanta, como acaba de hacer Tatis con los religiosos.

¿Es una justa comparación? Vamos a tratar de verlo juntos, no desde la supuesta enjundia del columnista, sino poniendo cada pieza del rompecabezas en su lugar. Luego de eso, que cada quien saque su propia conclusión.

Primero, los datos duros: Acuña aceptó 100 millones de dólares por 8 temporadas, a una media de 12,5 millones anuales, mientras que Tatis recibirá 340 millones por 14 campeonatos, a una media de 24,3 millones anuales. En números redondos, el doble.


Hablemos del tiempo de servicio. El de Venezuela únicamente había disputado una temporada en la Gran Carpa. El de Dominicana tiene dos. En ambos casos existe un riesgo enorme para el club. Sí, son grandes talentos. Pero no podemos olvidar la historia de las súper estrellas en ascenso que se apagaron rápidamente.

Busquemos casos de peloteros que han ganado el Novato del Año y en su momento fueron figuras tronantes. ¿Cuánto pagarían ustedes hoy por Jeremy Hellickson, Neftalí Feliz, Andrew Bailey, Chris Coghlan o Geovany Soto? ¿Ofrecerían 10, 15, 20 millones por torneo? No, por supuesto que no.

Todos ellos obtuvieron en su momento la distinción al Novato del Año. Pero como tan a menudo pasa en la pelota, algunos reclutas progresan y otros se quedan en una excelente primera impresión.

Veamos el detalle. Cité cinco nombres. Sus premios ocurrieron entre 2008 y 2011. En ese mismo lapso fueron galardonados también Evan Longoria, Buster Posey y Craig Kimbrel. Cualquiera de ellos podría estar ganando 24,3 millones de dólares en 2021, de haber firmado entonces un acuerdo como el de Tatis. Pero ninguno los vale. Ni siquiera Longoria, Posey o Kimbrel, que llegaron a ser los mejores de ese grupo.

¿Qué quiero decir con esto? Que los contratos de largo plazo, con peloteros tan jóvenes, son una apuesta muy riesgosa. Y es tan riesgosa, que ninguno de esos ocho premiados entre 2008 y 2011 merecería ahora un tratamiento especial, aunque en su momento parecían estar destinados a ganarse el cielo.

Tatis y Acuña son la piedra angular de sus equipos en este instante. Pero también lo era José Tábata en 2011, cuando los Piratas de Pittsburgh le dieron una extensión de seis zafras que, con las dos opciones adicionales que tenía, podía alargarse hasta 2019 y representar 37,25 millones de dólares para el outfielder.

¿Qué pasó con Tábata? Que de inmediato empezó un declive y desde 2015 está fuera de las Grandes Ligas? ¿Quién ganó en ese contrato? Él, que tenía garantizado su dinero.


Pero pongamos de lado todo esto, un momento. El hecho es que tanto Tatis como Acuña recibieron las propuestas millonarias que finalmente firmaron. Sus clubes decidieron correr el riesgo. ¿Por qué los montos tan diferentes?

La primera explicación es obvia: fue una decisión de esas gerencias. Otras quizás no se habrían tirado el lance, estas sí. 

Estos elencos consideraron que ese es el valor de ambos. Y si rinden como soñamos, sus novenas ganarán mucho más de lo que van a pagar. 

Pero hagamos ahora un contraste antipático. Hay razones objetivas para ver cuál de los dos vale más. Vamos con ellas.

El venezolano es un gran bateador. Pero el dominicano ha sido mejor, hasta ahora. Hablamos de muchachos por debajo de los 23 años de edad, pero podemos compararlos si prorrateamos sus números al equivalente a una temporada de 162 juegos, en cada caso.

Así batearía Acuña: .281/.371/.538, con 31 dobles, 3 tribeyes, 42 jonrones, 130 anotadas, 100 empujadas, 32 robos, OPS de .909 y un OPS ajustado que es 33 por ciento superior a la media de las Grandes Ligas. Espectacular.

Así batearía Tatis: .301/.374/.582, con 27 dobletes, 9 triples, 44 vuelacercas, 126 anotadas, 111 remolques, 31 estafas, OPS de .956 y un OPS ponderado que es 54 por ciento mejor que el promedio de las Mayores. Cara a cara, ha sido mejor. Aunque en un nivel elitesco para ambos, ha sido mucho mejor.

No miren el pasaporte, miren los números: ¿por quién pagarían más?


Pero veamos la posición que ocupan. Acuña es un jardinero, y sabemos que en el outfield abundan los buenos bateadores. Tatis es shortstop, la posición más difícil junto a la receptoría. Con esas estadísticas y sabiendo dónde juega cada uno, ¿hay alguien que piense honestamente que el de La Sabana ha hecho más méritos que el de San Pedro de Macorís?

Ojo, no significa que el quisqueyano vaya a ser mejor pelotero, que su carrera está predestinada a ser superior. Son apuestas. Atlanta y San Diego se atrevieron. Otros quizás no lo harían.

La diferencia en los montos permite mantener la duda, a pesar de las posiciones, ¿verdad? Sí, en promedio es el doble lo que ganará uno respecto al otro. Aquí la pregunta es: después de una sola justa arriba, ¿cuánta posibilidad de fallar existía con Acuña? Aún la hay, pero entonces, en 2019, apenas había disputado un campeonato y lo hizo con 20 años de edad.

Decía el periodista Efraín Ruiz Pantin que la diferencia socioeconómica entre ambos también pesaba. Y es cierto. El torpedero petromacorizano es hijo de un ex grandeliga multimillonario en dólares y el guardabosques varguense es hijo de un ex ligamenorista. Uno puede permitirse una posición más firme para negociar y pedir más, porque tiene resuelta su vida desde antes de nacer; el otro iba a asegurar la vida de toda su familia, ascendente y descendente, con solo acepar ese pacto de 100 millones.

Es verdad que Acuña tiene a su favor una mejor defensa. Muestra más alcance que Tatis y mayor seguridad. Lo dicen las mediciones. Pero no deja de ser un jardinero, lo que comparativamente vale menos que un shortstop, sobre todo si los dos producen lo que producen con el bate.

Sí, el dominicano hizo un gran negocio. Aprovechó su talento y el momento, pues cada vez es más frecuente que los equipos traten de amarrar a largo plazo a sus jóvenes más notables. En su caso, estará bajo contrato hasta los 34 años de edad, justo cuando comience su ocaso.


Acuña está amarrado hasta los 28, con dos opciones hasta los 30 que elevarían a 134 millones sus ingresos. Todavía estaría en el medio de su carrera, suponiendo que no declinará antes, que no será como Tábata, Hellickson o Coghlan. Y rondando los 30, si mantiene el nivel de hoy, va a negociar otra vez, como hicieron Mike Trout, Albert Pujols y Miguel Cabrera.

Al final, no hay respuesta inmediata. Para ver quién gana más y quién juega mejor, hay que esperar a esa nueva negociación y, eventualmente, al retiro de los dos.

De todas maneras les dejo una posdata: estén curados de espanto para el día en que Juan Soto firme su primer contrato multianual.

Ignacio Serrano

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