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EL EMERGENTE. El giro inesperado en el peor año del hombre más odiado del beisbol


EL EMERGENTE
Por Ignacio Serrano

Se suponía que este sería el peor año del comisionado Rob Manfred en toda su vida.

El sucesor de Bud Selig recibió 2020 con la mala nueva de que el escándalo del robo ilegal de señas por parte de los Astros era cierto, que sería casi imposible ocultarlo y nada que hiciera dejaría felices a todos.



Al final, el castigo que impuso a Houston pareció poca cosa ante el tamaño de la ofensa. Leyendas de Cooperstown alzaron la voz para pedir que les fueran retirados los premios en metálico y los anillos de la Serie Mundial. Pero nada pasó.

De inmediato trascendió que los Medias Rojas podían haber infringido las reglas con un procedimiento semejante, pero un año después. Naufragio a la vista. Los clubes campeones de 2017 y 2018 involucrados en lo peor que puede ocurrir en el deporte profesional: romper las normas, a sabiendas, para derrotar a los contrarios en mala lid.

Las sanciones contra Boston fueron menos contundentes y todavía más criticadas. La posición oficial de las Grandes Ligas fue que los patirrojos sí hicieron trampa, pero no tanto. Más críticas, más señalamientos.


Puede que los propios empleadores de Manfred le hayan dado la orden de echar tierra sobre el asunto. Después de todo, son los propietarios quienes mandan en la MLB, y cuando comenzó a rumorarse que los Yanquis, y quizás otros, también tenían métodos ilícitos para aprovecharse de los contrarios, puede que el acuerdo entre los dueños haya sido dejar las cosas como estaban, antes de que terminara de dinamitarse la credibilidad misma del juego.

Y entonces llegó desde la ciudad china de Wuhan el nuevo coronavirus que ha inundado el mundo. Y nuevos señalamientos, porque tardaba en suspender el Spring Training. Y luego, acusaciones porque no daba por cancelada la temporada. ¿Cómo podía pretender jugar en plena pandemia, con qué voluntad arriesgaría a los peloteros, a quién podría interesarle el beisbol?

El proceso de diálogo y posterior enfrentamiento con la Asociación de Peloteros enlodó el camino que llevaba a julio. Al final, se jugó sin que hubiera pleno acuerdo y, creen algunos, casi por obligación.

Para colmo, llovieron críticas aun peores cuando anunció la puesta en práctica de experimentos como la Regla Panamericana, con el objetivo de acortar los extrainnings, y el bateador designado universal, así como la desaparición del pitcher especialista en un solo hombre.

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Era finales de junio y el panorama solo empeoraba. El hombre más odiado en la pelota mundial.

Llegó entonces julio, el Día Inaugural, y se hizo realidad el más temido de todos los miedos: medio equipo de los Marlins contrajo covid-19. Y justo cuando Miami retomaba la acción, caían enfermos varios miembros de los Cardenales.

Analistas de voz usualmente mesurada pidieron no jugar. Muchos consideraron un peligro innecesario, una muestra de avaricia, que hubiera temporada, después de todo.

Este, se suponía, iba a ser el peor año del comisionado Manfred en toda su vida. Y sin embargo, miles de pruebas PCR después, terminada con éxito la temporada regular, reducidos a cero los casos entre peloteros, de acuerdo con los más recientes reportes, queda probado con los hechos que sí era posible jugar en plena pandemia, si se diseñaba un protocolo de salud como el que se diseñó, y si los protagonistas lo cumplían a rajatabla.


Los estadios están vacíos de público y el sabor beisbolero, ciertamente, no es igual. Pero hubo acción, hubo entretenimiento en medio de esta tragedia global, y millones de aficionados aplauden a la distancia.

Entramos a los playoffs, una postemporada rediseñada que promete más emociones y que se jugará mayormente en cuatro burbujas. Falta la última recta en el difícil trayecto. Pero algo hay que reconocerle a Manfred: en su annus horribilis, cuando nada le salía ni podría salirle bien, ha sacado adelante el campeonato, ha probado varios experimentos que seguramente quedarán para siempre y ha dado felicidad a un montón de gente, incluyendo al gobierno de Estados Unidos y las gobernaciones regionales, que tuvieron en este deporte una industria más para dar distracción a los ciudadanos y para mover la golpeada economía.

Se suponía que para estas fechas muchos estarían hablando de exigir la renuncia del comisionado. En cambio, nadie habla de Manfred, sino de quiénes son los favoritos para llevarse la Serie Mundial. Y ese es un logro que, entre tanta animosidad en su contra, hay que reconocerle al hombre más odiado del beisbol.

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