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El inolvidable estreno del Kid Rodríguez



Por Pablo Ocariz
@OcarizPablo

No me gustan las estadísticas tradicionales. Cosas como los juegos salvados o los juegos ganados dependen completamente de la situación en la que un lanzador es utilizado y de qué tan bueno es tu equipo, cosas que el pitcher no puede controlar. Pero la realidad es que ya utilicé todas las métricas y estadísticas avanzadas posibles para proponer al Kid Rodríguez como el segundo mejor relevista de la historia de las Grandes Ligas.

Al mismo tiempo, el beisbol es un deporte de records. Pete Rose no tiene el mejor average de bateo en la historia, pero es considerado uno de los más grandes bateadores de contacto porque tiene el récord de más hits en la historia. Las mayores renacieron después de la huelga laboral del año 1994 gracias a la persecución que Sammy Sosa y Mark McGwire protagonizaron tras el récord de jonrones en una temporada, en 1998. Los números más asociados con Barry Bonds son el 73 y el 762, por sus cuadrangulares, y es una figura polémica porque le “robo” el récord de cuadrangulares a Hank Aaron. 


Menciono todo esto para decir que en el mundo del béisbol, para ser realmente recordado, para escribir tu nombre en la historia de este deporte, tiene que haber algún record. Y si vamos a hablar de grandeza, de los titanes del juego, entonces tienes que haber hecho algo que nadie había hecho antes.

Si ustedes saben cosas del Kid, saben que hay algo obvio que pudiese decir aquí. Un récord histórico que el Kid batió con los Ángeles. Vamos a dejar esa cosa tan obvia para más adelante.

Ahorita mismo les quiero hablar de cuando el Kid aún no había hecho las cosas que confirmaron su grandeza. Cuando el Kid apenas había lanzado 5 innings en la MLB, cuando apenas tenía 20 años de edad y llevaba menos de 3 años en los Estados Unidos, el apagafuegos criollo estaba a menos de un mes de camino de lograr algo que solamente Randy Johnson había hecho.

En el año 2001, los Diamondbacks de Arizona fueron campeones gracias a un legendario dúo de abridores: Curt Schilling y, por supuesto, Johnson.

Nota al margen: no es posible sobreestimar el esfuerzo de ambos, Schilling y Johnson, en esa postemporada. Ambos lanzaron más de 40 innings, ambos tuvieron una efectividad que comienza con 1 y ambos están entre los 5 pitchers con más innings tirados en un playoff en la historia. Es algo realmente increíble.

En esa ocasión, Johnson hizo algo que nadie había hecho en la historia. Ganó 5 juegos en la postemporada. Mucha gente había llegado a 4. Es más, había sucedido 3 veces en los 5 años previos a 2001. Pero Johnson hizo historia en el último juego de la Serie Mundial contra Derek Jeter y los Yanquis, ganando su quinto juego y capturando el primer trofeo en la historia de Arizona (no solo en beisbol, sino en cualquier deporte profesional). Lo hizo en una aparición de relevo en el noveno inning, en la cual Johnson salió de la entrada por la vía del 1-2-3 (así de fácil).

Por más increíble que sea que Johnson lograra esto a los 38 años de edad, también hay que entender que si alguien podía romper ese récord, era él. En 2001, ya había ganado 4 premios Cy Young y ganaría uno más antes de retirarse. Es uno de los mejores pitchers en la historia del deporte. Había sido héroe varias veces para los Marineros, antes de mudarse a Houston y a Arizona. Johnson es increíble, y justo por eso, este record no era imposible para él. Porque él es Randy, ¿sabes? The Big Unit. NADA era imposible para él.

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Pero vamos a volver al cuento de un chamo caraqueño de 20 años que puede contar sus capítulos lanzados en las Mayores con una sola mano. El niño, o mejor dicho, el Kid, que llevaba 3 años probando en un país extranjero.

Los Ángeles de Anaheim de 2002 tenían 16 campañas sin llegar a la postemporada, desde 1986. Su cerrador se llamaba Troy Percival, no Francisco Rodríguez. Sus bateadores no eran extraordinarios; sus dos mejores toleteros en la justa regular fueron Tim Salmon y Brad Fullmer. Ni el uno ni el otro fue al Juego de Estrellas, ni tuvieron un OPS por encima de .900, y ninguno botó más de 30 pelotas del campo. Y, les repito, Francisco tenía 20 años de edad. No era la fórmula perfecta para romper, o siquiera empatar, ningún récord de pitcheo de la postemporada. Pero el beisbol crea magia de la nada.

Eso es lo que el Kid fue en la postemporada del año 2002. Magia. Obviamente rompió el récord de juegos ganados. Pero al mismo tiempo, mantuvo una efectividad por debajo de 2, permitió solo 5 carreras limpias en 11 juegos lanzados y permitió solo 2 cuadrangulares.

Otra nota al margen: uno de los jonrones fue de Bonds, en plena Era de los Esteroides, así que no cuenta para nosotros. Porque fue a Barry Bonds. Con esteroides.

K-Rod también impuso una marca con el mejor average de ponches por cada 9 innings en una postemporada en la historia, con 13,5 fusilados. ¿Y cuántos boletos entregó en promedio? Apenas 2,5.

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Esta postemporada es legendaria por el récord, básicamente. El caraqueño es recordado en 2002 por la marca de triunfos. Pero la zafra toda es impresionante, es increíble, por mucho más que solo eso. Es increíble porque únicamente tenía 20 años de haber nacido. Porque tuvo el récord de más ponches por juego. Porque solo el inigualable Johnson había hecho algo así. Porque ponchó a Barry Bonds en la Serie Mundial.

El beisbol se trata de récords y se trata de momentos. Estas son las dos cosas que cimentan tu nombre en la historia. Y este fue el momento del Kid. El primer momento, el primer récord, el episodio que empezó el legado de quien es el segundo mejor cerrador de la historia, detrás del inefable Mariano Rivera.

Hoy íbamos a terminar esta serie de trabajos sobre el Kid Rodriguez. Pero no será posible hacerlo sin una última entrega más. Y será una nota sobre el record más obvio que recordamos de él.


Pablo Ocariz

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