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EL EMERGENTE. Armando Galarraga sí tendrá su Juego Perfecto


EL EMERGENTE
Por Ignacio Serrano

Armando Galarraga soltó una botella al mar. Su planteamiento inocente generó un impacto mediático inesperado. “Si me van a dar el Juego Perfecto, que sea mientras estoy vivo”. Decenas de medios estadounidenses replicaron sus palabras y agitaron las aguas. Hoy, vuelve a hablarse de la hazaña del sucrense, injustamente frustrada.

Es la segunda ocasión que el tema es puesto sobre la mesa. Y a diferencia de la primera, ahora sí parece factible que su deseo se convierta en realidad. Algún día.



El comisionado de las Grandes Ligas fue interpelado de igual modo hace 10 años. La respuesta de Bud Selig fue tajante: no. Lo escrito, escrito quedaba. No había una regla que permitiera cambiar a posteriori una decisión arbitral, aunque estuviera probadamente errada.

Galarraga no tiró un Perfecto, ni siquiera un no-hitter. Oficialmente, lanzó un blanqueo de un hit.

Por su actitud deportiva hacia el umpire Jim Joyce y la emotividad del episodio, recibió de regalo un espectacular Corvette rojo, ganó fama y escribió un libro. Desde entonces, es parte de la historia del beisbol. Es el autor de “El Juego Perfecto de 28 outs”.

¿Pero por qué sí es posible que en algún momento forme parte de la exclusiva lista, en la que se cuentan 21 joyas, incluyendo la de Félix Hernández? Por cinco razones, al menos.

La primera es el propio comisionado. Ya no es Selig, ahora es otro. Y aunque el primero hizo cambios que en su momento fueron revolucionados —incluyendo la creación del wild card—, no dejaba de ser un eslabón entre los viejos y los nuevos tiempos, albacea en parte de la pelota romántica.

Rob Manfred ha ido mucho más allá que su antecesor. De hecho, los aficionados de la vieja guardia le tienen particular antipatía. Le ven como el hombre que está acabando con todas las tradiciones, el que trajo los relojes al diamante y hasta quiere poner corredores en segunda base para comenzar cada entrada de un extraining, para recortar la duración de los encuentros.

Si hay un comisionado que ha demostrado ser capaz de decisiones antes impensadas, ese es Manfred.

La segunda razón es que ahora sí existe una regla que, de haberse aplicado en 2010, habría servido para hacer justicia. Fue tan claro el out de Jason Donald en primera base, que el propio Joyce declaró a la prensa, minutos después: “Le acabo de quitar un Juego Perfecto a ese muchacho. Pensé que (Donald) le había ganado al tiro. Estaba convencido de eso, hasta que vi la repetición”.

Hace 10 años no se podía revisar la TV y revertir el fallo. Hoy sí. Y nadie dude que, de haberse podido revisar la jugada, el corredor habría sido out y la gema se habría completado.

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Hay una tercera razón, relacionada con la anterior: una década atrás, era polémico y para algunos debatible el uso de la TV para cuestionar a los árbitros en pleno duelo. En estos dos lustros, se ha convertido en algo normal, aceptado por todos. Es parte del paisaje, antes no. Y por eso, cada vez será menor el ruido si Manfred o un sucesor revierten el error de Joyce.

Pero hay una cuarta razón que sustenta esa posibilidad: la jugada no sucedió en el primer inning, en el cuarto, en el octavo; ni siquiera abriendo el noveno. Era el último out. Había 26 fuera, el rodado de Donald cerraba todo. No hay manera de especular. De haber sucedido en el segundo, en el séptimo, en cualquier otro momento diferente al instante en que pasó, podría haberse dicho, con base, que Galarraga trabajó en el resto del choque sin la presión de tener que mantener una joya. No hay subjetividad posible, porque era el último out.

El último out, que Joyce falló; ya con la pelota en poder de Galarraga y el corredor en el aire

¿Quieren un quinto motivo para cimentar el optimismo de Galarraga? Que hay precedentes. Ha pasado antes que un comisionado cambia lo dispuesto por un antecesor. Ford Frick es recordado por el asterisco en la marca de Roger Maris. Aunque en realidad no fue un asterisco, sino una doble mención en el libro de récords. Frick ordenó que se colocara cuál era el registro de jonrones en temporadas de 154 juegos, correspondiente a Babe Ruth, y cuál en torneos de 162, el de Maris.

Fay Vincent revirtió la medida en 1991, cuando ordenó que los libros de récords no discriminaran las campañas por su número de cotejos. El tope en cada departamento sería uno solo, fuera en 154 salidas o en 162.


Galarraga tiró un Juego Perfecto en la MLB, una rareza que sucede una vez cada siete años, en promedio. Lo saben los aficionados, incluso aquellos de vieja escuela que creen que la decisión debe mantenerse. Lo sabe Joyce, que incluso se ha unido al clamor que pide revertir su error. Será clave no olvidarlo, mantener el tema en el tapete, hacer que se hable de eso hasta la convicción, como pasó con el Salón de la Fama y los casos de Lee Smith, Alan Trammell o Harold Baines. Si ha habido un momento en que se hace posible corregir aquel entuerto, es hoy.

Cada día que pase, será un día más cerca de ese acto de justicia. Solo quedará por ver si el ex pitcher devuelve entonces el Corvette que recibió como premio de consolación.

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2 comentarios :

  1. Resulta insólito que, en una era donde la tecnología abarca todos los aspectos de la vida cotidiana incluyendo el deporte, no se pueda rectificar ese error garrafal, inexplicable, insólito e injusto con esa hazaña, que es la máxima y suprema labor para un pitcher. Ojalá que la máxima jerarquía de MLB haga justicia con nuestro paisano Armando Galarraga y así pueda escribirse su nombre en el Libro de Récords de las Grandes Ligas. Por cierto Ignacio, existe algún precedente? Saludos.

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  2. De concretarse la corrección y otorgarle el juego perfecto a Galarraga, es de suponer que se debe eliminar el hit en el turno de Donald y el turno de Trevor Crowe, Crowe fue el bateador número 28 y último del juego por los Indios de Cleveland, turno que no ha debido ser tomado si Joyce hubiese hecho bien su trabajo, el final del juego sería con la jugada combinada entre Cabrera y Gañarraga, vía 31.

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