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Este campeonato necesita a los Eternos Rivales


EL EMERGENTE
Por Ignacio Serrano

Hay una parte de la afición que estará en desacuerdo con la aseveración que comienza esta columna. Es comprensible. Así como Caracas y Magallanes agrupan aproximadamente a la mitad de los aficionados al beisbol en Venezuela, según todos los estudios de opinión que hemos visto en los últimos 25 años, del mismo modo existe cierta desconfianza en la otra mitad, esa que aplaude a las restantes seis camisetas, debido a la atención que Leones y Navegantes acaparan en los medios de comunicación.

Este campeonato, sin embargo, necesita a los Eternos Rivales más que ningún otro hasta ahora. Y los necesita peleando en la tabla de posiciones, dando el buen espectáculo que otros clubes sí están dando.


Águilas, Tigres y Cardenales han jugado buena pelota, en general, apoyándose en sólido pitcheo y una defensa por arriba de la media, un ABC que todo buen fanático disfruta. Los Caribes cuentan con un lineup de primera, con el que habrían aspirado a la corona en cualquier circunstancia, no solamente en esta zafra vetada por la MLB. Los Bravos tienen una escuadra joven que entusiasma por el solo hecho de salir como David ante Goliat todas las noches, sin excepción, y asestar casi tantas pedradas en la frente del gigante como caídas acumula en esta fase regular. Hasta los Tiburones, de lento comienzo, vivieron una tercera semana esperanzadora, con victorias que el sábado pusieron en .500 a una novena que pudiera enderezar.

Alguien tiene que ser el sotanero, en estas circunstancias, y le ha tocado a melenudos y turcos. Pero el torneo necesita que ambos clubes reaccionen. Que se metan en la pelea y, sobre todo, que comiencen a jugar ese beisbol atractivo que hasta ahora, salvo por momentos puntuales, no han podido desplegar.

Una parte importante de la afición se está quedando en casa. Los motivos sobran. La híper inflación hace que consumir en los estadios sea prohibitivo para muchas familias, en medio de las injusticias que nos ha tocado sufrir en Venezuela. La crisis económica obliga a establecer prioridades en el presupuesto del hogar. El transporte público es una calamidad, especialmente en horas nocturnas, porque casi no hay efectivo para pagar a los choferes y muchas unidades no ruedan en la noche, sea por la inseguridad personal o por la falta de repuestos. Y claro está, la ausencia de bigleaguers y ligamenoristas impacta, porque ofrece menos motivos para asistir a las tribunas.

Todos los conjuntos han vendido menos boletos. Era de esperarse, en medio de lo que se vive. Pero la caída ha sido más drástica en determinadas plazas. En Maracaibo y Barquisimeto la merma no llega a 50 por ciento, respecto a torneos anteriores. Tampoco en Margarita o Puerto La Cruz. Maracay lidera el circuito con una convocatoria promedio por arriba de las 5.000 personas por día. En cambio, Valencia y el Universitario están por debajo de esa raya, y en el caso particular de los Leones, la caída es radical.

Los felinos de la capital han encabezado la boletería de la LVBP en las últimas dos décadas. Llegaron a superar una media de 12.000 tickets por jornada y en esta zafra apenas rondan los 3.700. Cierto es que ya las cifras habían bajado en la justa pasada, pero rompe la tendencia histórica que cuatro elencos tengan más público por juego que los metropolitanos.

A las causas ya mencionadas posiblemente se suma en este caso particular ese pitcheo caraquista. Ha deslucido de tal modo, que es último en el circuito. No es lo mismo perder 2 carreras por 1 que caer con ramilletes de 4 o 6 rayitas recibidas en un inning, para permitir que el contrario se imponga viniendo de atrás. El sabor que queda luego de caídas así es mucho más amargo.

Medio país —que tal cosa forman la legión de seguidores de los Eternos Rivales— ha visto con reiteración cómo los lanzadores del manager Harry Guánchez parecen impotentes, tan impotentes como los defensores de los bucaneros, que prácticamente duplican el total de errores de la segunda peor defensiva en esta justa.

Los filibusteros lideran la liga en carreras sucias. Son cuartos en average, cuartos en efectividad colectiva y cuartos en anotadas, así que queda claro cuál es el problema que les tiene en el último lugar. Y como en el caso de sus compañeros de rivalidad, caer en medio de esa feria de marfiladas oculta cualquier virtud y deja la impresión de que el nivel existente en el roster es muy bajo.

Si los estudios de opinión son ciertos, la mitad de la afición venezolana ha asistido a un espectáculo poco satisfactorio, porque cuando se asoman a la justa lo hacen a través de la ventana que mira a esos dos conjuntos. Es lógico que sus conclusiones sean pesimistas, y que las voceen sin dudarlo en tertulias y redes sociales.

El peso que tan grande pedazo de la torta causa en la opinión pública probablemente esté influyendo en la asistencia general a los estadios y de seguro que también en la idea que el fanático promedio tiene sobre la competencia.

Tampoco ha ayudado que esas escuadras hayan decidido jugar sin llenar completamente su cuota de importados, algo que los Navegantes por fin resolvieron el fin de semana y que los Leones mantienen como deuda consigo mismos y con sus fans.

Águilas, Tigres, Cardenales, Caribes, incluso los Bravos y últimamente hasta los Tiburones dan razones para encender los televisores y eventualmente asistir a los parques. Falta que los Eternos Rivales sean parte de la fiesta, que jueguen una mejor pelota y ayuden a propagar una mejor imagen del golpeado pasatiempo nacional, que ha resultado mucho mejor que lo visto en melenudos y turcos, aunque la mitad de los aficionados a nuestro beisbol no haya tenido forma de reparar en eso.

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Columna publicada en ElNacional.com, el martes 25 de noviembre de 2019.

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