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La hora de Wilson Ramos

El emergente
Ignacio Serrano

Zimbio.com
Puede que Salvador Pérez ya no sea el mejor catcher de la Liga Americana, pero hasta hace muy poco parecía el más popular. Ha sido llamado a los últimos cinco juegos de estrellas y ha sido el abridor de los últimos cuatro, gracias a una mezcla de ofensiva, defensa y carisma.

El primer boletín parcial con la votación de los aficionados trajo sorpresas. No se trata tanto de que Gary Sánchez aparezca en la primera posición. El dominicano, después de todo, es miembro del equipo más popular, los Yanquis, y viene de una sólida zafra, con 33 jonrones y 90 empujadas.

La sorpresa, en realidad, estuvo en quién escoltó al quisqueyano: no fue Pérez, sino Wilson Ramos, que sigue muy de cerca a Sánchez.


Falta mucho para conocer el resultado final y no se puede tomar como definitiva la voluntad hasta ahora manifestada por los fanáticos. Pero la boleta del martes es un premio para quien ha regresado de una complicada lesión, recuperando el estatus que había logrado en 2016, su mejor campaña en las Mayores.

Ramos era el titular de los Nacionales hace dos torneos, cuando sufrió una delicada lesión al final de la fase regular y debió someterse a una cirugía que le impidió disputar los playoffs.

Terminó así su brillante cosecha cuando tenía 22 cuadrangulares, 80 remolques y .307 de average. Estaba a un vuelacercas del récord para caretas venezolanos, que finalmente conquistó Pérez en 2017, pero acudió a su primer clásico de julio, obtuvo el Bate de Plata y un lugar entre los 20 más votados en el Más Valioso.

Nunca más usó el uniforme de los capitalinos. Se declaró agente libre y firmó con su actual divisa, los Rays, aunque la gente no le olvida en Washington. Hace unos días regresó a su antiguo hogar y recibió una cálida salva de aplausos, con centenares de personas en pie, homenajeando a quién dejó huella con los Nats.

La estación que transmitía ese cotejo resaltó las razones de tantas palmas: el carabobeño es el catcher con más cuadrangulares, empujadas y extrabases en la historia de la franquicia, desde la mudanza de Montreal al DC.

No tuvo un buen 2017. Perdió más de la mitad de la justa recuperándose de la rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha y a su vuelta le pasó lo que a menudo sucede con quien se somete a esa cirugía: le costó tomar el ritmo ofensivo.

Este año fue diferente, y en cierto modo recuerda a aquel en que por fin fue llevado al encuentro estelar. Hace poco, logro una cadena de 18 juegos consecutivos bateando imparables, la más larga entre venezolanos en esta zafra y la segunda más extensa en los anales de Tampa Bay. Ha rondado los .300 puntos con el barquillo y, al escribir estas líneas, mostraba una sólida cosecha con 8 pelotas para la calle y más de 30 remolcadas.

Pérez pasó un mes fuera debido a una lesión semejante, en el mismo tendón, aunque menos grave. Es el cuarto bate de los Reales y sigue siendo una de las caras más reconocidas hoy en día en toda la MLB, un favorito de la gente. Pero esta vez la tiene difícil frente a Sánchez y Ramos, que le han plantado cara con justos motivos y aspiran a arrebatarle el privilegio de ser el abridor en el próximo Juego de Estrellas.

Sería poético qué Ramos fuera el elegido, porque ese duelo se celebrará en Washington, la ciudad que acaba de recibirle entre vítores y sonrisas.

Columna publicada en El Nacional, el viernes 15 de junio de 2018. 

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