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El Rey Félix cumple 32 años entre los más grandes de todos los tiempos

Por Ignacio Serrano / LasMayores.com

Félix Hernández ya tiene asegurado un lugar en la historia del beisbol latinoamericano y en Seattle. Pero los Marineros quieren algo nuevo de él, y su lugar en el Salón de la Fama posiblemente dependerá de ese nuevo lanzador.

El Rey cumplió 32 años de edad este 8 de abril. Ya no es un muchacho. Está en su décimo cuarta temporada en las Grandes Ligas y suma más de 2.500 innings en el hombro derecho.

Únicamente 32 pitchers nacidos en América Latina han participado en más campañas que él. Pero aunque el tiempo avanza, el diestro nacido en Valencia, una de las ciudades más populosas y beisboleras de Venezuela, sigue dando la pelea como el número uno en la rotación de su equipo.

Los números que ha acumulado son brillantes. Comenzó la zafra con 160 victorias, 375 aperturas y 2.342 ponches. A los 19 años no podía comprar una cerveza, pero ya ganaba juegos con su franquicia de toda la vida. Es tan rara su combinación de talento y precocidad, que en los anales de las Grandes Ligas tan sólo otros ocho pitchers también sumaban más de 2.300 abanicados al soplar las 32 velitas en el pastel.

Es brillante la lista de quienes le acompañan en esa hazaña: Nolan Ryan, Walter Johnson, Don Drysdale, Pedro Martínez, Sam McDowell, Sandy Koufax, Bert Blyleven y Tom Seaver están todos, con la única excepción de McDowell, en el templo de Cooperstown.

Las coincidencias son mucho menores al poner junto todo lo que ha cosechado este nativo de Flor Amarillo, el humilde sector donde vio la luz en 1986.

Solamente Johnson, Drysdale, Blyleven y Seaver combinaban al menos 160 triunfos, 2.300 fusilados y 2.500 entradas con efectividad de 3.22, que es el promedio de carreras limpias de Hernández. Su lugar entre los más grandes es incontestable, hasta ahora. Pero el camino que está comenzando hoy será lo que determine si algún día tendrá una placa de bronce junto a aquellas cuatro leyendas.

Ya es uno de los más grandes de todos los tiempos en su región. Pedro Martínez, Javier Vázquez, Bartolo Colón y Luis Tiant son los únicos latinoamericanos con más bateadores retirados que él por la vía de los tres strikes. Ocupa la duodécima casilla entre los más ganadores y apenas cuatro mejoran su promedio de carreras limpias entre aquellos que al menos completaron 2.000 episodios lanzados en la MLB: nada menos que Pedro, Juan Marichal, Mike Cuéllar y Johan Santana.

Todos sus logros llevaron a que Seattle le diera aquel enorme contrato multianual de siete torneos, con opción por uno más, que puede atarle a la ciudad occidental al menos hasta 2020. Los 175 millones de dólares que le aseguró ese pacto nacieron del ritmo con que puso estadísticas de asombro. Ya muestra diez justas sobre las 30 aperturas, ocho con más de 200 actos, seis por arriba de los 200 ponchados, seis llamados al Juego de Estrellas, 11 juegos inaugurales y un premio Cy Young.

Los Marineros quieren más. Lo necesitan a tope para quebrar la sequía vigente más extensa de equipos sin participación en los playoffs de la gran carpa, una ausencia iniciada en 2001. Y requieren una transformación de su as, para que todas las piezas calcen.

El Rey se ha resistido a ese cambio. Y en ese grupo que forma junto con Johnson, Drysdale, Blyleven y Seaver hay un detalle que explica claramente su resistencia: entre los cinco, de acuerdo con Baseball Reference, es el pitcher con el mayor porcentaje de ponches respecto al número de bateadores totales enfrentados hasta los 31 años de edad, nada menos que 22,8 por ciento.

Varios scouts y analistas han venido sosteniendo desde 2015 que Hernández debe ajustarse al paso del tiempo, dejar de confiar ciegamente en que puede pasar por las armas a cualquier contrincante y convertirse en un lanzador más fino, que dependa de sus envíos secundarios y obligue a los rivales a poner rápidamente la pelota en juego. En suma, que deje de ser un ponchador y pase a ser un artista.

El gerente general Jerry Dipoto y el manager Scott Servais han hablado desde febrero sobre esa necesaria transformación.

“Félix ha sido exitoso porque ha tenido confianza, y no queremos quitarle esa confianza”, apuntó Dipoto en el Spring Training, tras reconocer que la recta de su pupilo tampoco es la del recordado Jamie Moyer, figura de la organización, que soltaba sus envíos más rápidos a la velocidad que vuelan algunos quebrados del venezolano. “Creemos en él y él cree en sí mismo. Pero en algún momento el jugador tiene que adaptarse. Creo que el año pasado comenzó a hacerlo. Todavía tiene confianza en sí mismo y sabe qué hacer”.

Hernández no pareció coincidir con esa idea, al menos al inicio de los entrenamientos primaverales. Cuando le preguntaron sobre un rediseño sobre el montículo, respondió a MLB.com: “Probablemente vea más videos ahora. Pero no soy diferente, para nada. No necesito hacer ningún ajuste. Iré hacia adelante, con mis fortalezas”.

Los archivos de Fangraphs demuestran que sí es diferente. Y mucho. En 2005 promedió 95,8 millas por hora con su recta. En 2011 consiguió un Juego Perfecto con rectas de 92,1 millas por hora. Pero en 2017 ya lanzaba a 90,5 millas y en lo que va de 2018 su media es 89,4.

Con menos poder en el brazo, debido al natural paso del tiempo, su promedio de abanicados por cada nueve innings ha caído a 7,4 desde 2016, el más bajo en su carrera, y la frecuencia de bases por bolas en el mismo lapso ha sido la mayor en todo su recorrido arriba, al subir a 3,5. Pareciera que, al no poder pasar a los contrarios con la facilidad de antes, está alejándose cada vez más del home, para evitar el daño. Y eso hace que se llene rápidamente de pitcheos, acortando sus presentaciones.

Desde 2016, de hecho, ha promediado 17 outs por cada apertura realizada. Entre 2005 y 2015 promedió 20. Esos tres outs que le están faltando impiden que pueda completar con más frecuencia los siete actos por salida.

La insistencia de Dipoto y Servais hizo que Hernández admitiera, finalmente, que el cambio pasa por algo más que estudiar videos con insistencia.

“Me gusta ponchar a mucha gente, pero si llevo muchos lanzamientos a la altura del cuarto capítulo termino saliendo del juego en el quinto”, reconoció. “Tengo que hacer como en mi última salida primaveral: usando mucho el sinker y consiguiendo outs más rápidos”.

Una nueva etapa está comenzando para él. Se acerca a los 200 triunfos, a los 3.000 actos y a los 3.000 chocolates. Ya consiguió las estadísticas que harán algún día que el número 34 sea retirado en el Safeco Field. Le falta muy poco para ser considerado uno de los cinco mejores serpentineros latinos de todos los tiempos. Pero Cooperstown quizás le pida más.

Las lesiones no dejaron que McDowell siguiera en las Mayores después de los 32 años de edad y no le dio tiempo de asegurar su placa de bronce. Drysdale, en cambio, dijo adiós a los 33 y los votantes consideraron 15 años después que sí merecía la inmortalidad.

El Rey está parado en la frontera, ahora mismo, y su entrada al Salón de la Fama dependerá, muy probablemente, de lo que consiga a partir de este nuevo cumpleaños.

Publicado en LasMayores.com, el domingo 8 de abril de 2018. Aquí el original.

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