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Teodoro Obregón: el fenómeno caraqueño

El gran Teodoro Obregón murió el fin de semana. Miembro del Salón de la Fama de nuestro beisbol, es recordado por los aficionados de los años 50, 60 y 70 como uno de los torpederos más finos que haya existido. Esta entrevista la hice en abril de 2010, al conocerse su inmortalidad. La publiqué parcialmente en El Nacional y formó parte de un trabajo más largo para ESPN Deportes. De este último extraigo sus recuerdos y anécdotas como figura legendaria de nuestra pelota


El torpedero venezolano más seguro y elegante de todos los tiempos quizás no haya sido Luis Aparicio u Omar Vizquel.

Dicen algunos periodistas, miembros de la vieja guardia, que el shortstop con mejor guante nacido en la nación productora de los más brillantes campocortos nunca jugó en las grandes ligas, acaba de ser exaltado al Salón de la Fama del beisbol de su país y se llama Francisco José Obregón, aunque todos le conocen como Teodoro.

"Teodoro fue una súper maravilla", afirmó Domingo Álvarez, reportero de larga data y actual gerente general de la Liga Venezolana de Beisbol Profesional. "Lo vi fildeando muchas, muchas veces. Fue uno de los mejores".

Obregón recuerda que en una ocasión fue al estadio Universitario, a presenciar un duelo entre los escualos y los Leones del Caracas, deseoso de ver a sus herederos. Corrían los años 80.

"Jugaba Vizquel contra (Oswaldo) Guillén", comentó el infielder caraqueño, quien cumplirá en diciembre 76 años de edad. "Yo quería ver a esos dos fenómenos, de quienes todos estaban hablando. Y me encontré con Carlos Castillo, quien fue mi compañero de dobleplays con los Industriales de Valencia".

Castillo le hizo un recordatorio al humilde capitalino: "Acuérdate que tú también fuiste un fenómeno. Yo lo vi, nadie me lo contó".

Obregón fue pieza importante en aquellos Industriales que hace medio siglo formaron la más férrea dinastía de la liga profesional venezolana, hasta la aparición de los Tigres de Aragua en la década recién finalizada.

Valencia ganó cinco campeonatos de siete posibles a partir de la temporada 1955-56, con una pléyade de astros venezolanos y la conducción del gran Regino Otero.

"A ese equipo era bien difícil ganarle", terció Obregón. "Hasta los importados que venían se contagiaban con el entusiasmo que le inyectábamos los criollos. Mis mejores años fueron con el Valencia, aunque, parece mentira, la gente me recuerda más con el Caracas".

Obregón bateó para .259 en 19 campañas, desde la 1956-57 hasta la 1974-75. Sus últimas dos zafras vistió el uniforme de los Cardenales de Lara y, aunque se sigue hablando de su guante, tuvo buenos momentos con el madero. Dejó .342 en el torneo 1959-60 y ligó para .311 en el 1961-62.

Sus 17 años de servicio en las menores y su segura defensiva no le alcanzaron, sin embargo, para jugar en las grandes ligas, el único sueño incumplido en su carrera.

"Estuve cerca, tres veces", rememoró. "Pero Cincinnati nunca quiso".

Cuenta Obregón que en 1960, luego de su segunda temporada en el norte, con el Visalia, en clase C, los Cardenales ofrecieron cuatro peloteros a los Rojos, para adquirir al torpedero y convertirlo en su shortstop. Luego, en 1962, jugando a préstamo con el Syracuse, sucursal triple A de los Mets, recibió el anuncio de que sería subido para sustituir a su compatriota Elio Chacón en Nueva York, si acaso los escarlatas accedían a cederle definitivamente.

"Pero Cincinnati no quiso vender mi contrato ni cambiarme", lamentó el caraqueño.

Aún tuvo una tercera oportunidad, con Atlanta, ya en 1969.

"Nombraron manager a Lum Harris, que me conocía de las menores, y llegó a los entrenamientos diciendo que ya tenía un shortstop, y que era yo. 'El puesto es tuyo', me dijo días después (Orlando) Cepeda. Pero Sonny Jackson, que tenía tiempo con los Bravos, se echó el equipo al hombro con el bate en los entrenamientos y la organización lo prefirió a él".

Es el único mal recuerdo que confiesa Obregón, mientras recorre con conmovedora memoria su paso por la pelota.

"Hubiera querido jugar en esta época, porque la mía fue difícil, fuimos muy mal pagados", admitió. "Pero estoy muy feliz y agradecido con quienes me han llevado a nuestro Salón de la Fama. Siempre disfruté el beisbol como un niño: me despertaba con el uniforme puesto todos los días. Una vez le dije a mi esposa que me identificaba con Vizquel por ese entusiasmo, esa alegría que se le nota cuando juega. 'Yo sé, yo te vi jugando', me respondió ella. Y es verdad".

Obregón estaba por entrar a la adolescencia cuando se enteró de que su verdadero nombre era Francisco José.

"Todo el mundo me llamaba Teodoro, como mi padre, pero a él no le gustaba ese nombre y, sin decirle a nadie, me registró como Francisco José", rió el ex infielder. "Lo supe cuando tenía 12 o 13 años de edad. Por eso en el norte me decían Frank. Pero siempre he sido Teodoro".

El padre murió antes de ver jugar a su hijo en el profesional. Fue él quien le llevó por primera vez a un diamante y su recuerdo sigue vivo. Por eso, al entrar al Salón de la Fama, tuvo una mención para él: "Viejo, no jugué en las grandes ligas. Pero tu nombre ya es inmortal".

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