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sábado, 11 de marzo de 2017

¿Qué le pasa a Aníbal Sánchez?

El Emergente
Ignacio Serrano

Resultado de imagen para anibal sanchezAníbal Sánchez no quiere hablar del futuro. Se lo dijo al diario Detroit News. Necesita, dice, enfocarse en el hoy, en su problema para mantener la pelota dentro del parque y su permanencia en la rotación de los Tigres.

Es lo importante ahora: no pensar en todo lo que está en juego para él y su carrera, sino en la posible solución.

El aragüeño, sin embargo, debe vivir una honda preocupación. Ha sido bateado con dureza en los juegos de exhibición y viene de dos temporadas en baja, en las que ha recibido nada menos que 59 jonrones en 60 encuentros, con 5.42 de efectividad.

No es poco lo que puede pasarle. El pitcher con la mejor efectividad ajustada en las Grandes Ligas hace cuatro campeonatos, con un brillante índice de 162 en 2013, dueño de un rico contrato multianual con Detroit, ya no tiene puesto seguro en el quinteto de abridores felinos, e incluso no tiene garantizado un puesto como relevista.

Tiene que demostrar que puede sacar outs consistentemente. Eso asegura la prensa que sigue a los bengalíes y el manager Brad Ausmus no lo ha desmentido. De hecho, ha subrayado que se necesita pitchear mejor, en un mensaje a Sánchez y a otros aspirantes. El piloto sabe que su propia permanencia también está en juego, si su escuadra repite un mal desempeño.

La fragilidad del diestro maracayero contradice el convenio que le ata a su divisa, por el que deben pagarle 16 millones de dólares en 2017, más otros 5 millones de bono, en caso de no ejercer la opción por otros 16 millones que tiene para 2018. Es muchísimo dinero. Y tendrían que pagárselo de contado, si decidieran cortarlo del roster y dejarlo en libertad.

Esa circunstancia financiera parece ser la única garantía que tiene Sánchez, cuyos males son difíciles de descifrar.

Se queja de la ubicación de sus pitcheos. No habla de control, ojo. En estos dos torneos en descenso ha entregado 3,0 bases por bolas por cada nueve innings, lo que se corresponde con sus números de por vida. Su promedio de 7,9 ponches en ese período también calca lo que muestra en su hoja global de servicios. La diferencia brutal, y el término se ajusta muy bien a lo que sucede, está en los batazos que le dan.

Veámoslo en números sencillos. En 2016 recibió 10,0 hits y 1,8 cuadrangulares por cada nueve entradas, dos topes personales. En 2013, esos números fueron 7,7 y 0,4, cuando terminó como líder con 2.57 de efectividad en la Liga Americana. Pero no lo pongamos contra su mejor año, pongámoslo contra sus números vitalicios, que muestran 8,7 cohetes y 0,9 por cada nueve actos.

La velocidad de Sánchez ha bajeado ligeramente, pero la clave, él insiste, está en lo que la gente de beisbol llama localización, algo distinto al control. Es un error gramatical, pero se ajusta en los hechos a lo que desean graficar los scouts.

El nativo de Maracay sigue tirando strikes. Ese no es el inconveniente. El problema está, al parecer, en no poder poner la pelota exactamente donde quiere, mantenerla bajita, esconderle la bola a los toleteros. Greg Maddux practicó ese arte como nadie en los últimos tiempos, aplicando una máxima que definía así: hacer que los strikes parezcan bolas, y las bolas parezcan strikes.

¿Tiene salida este laberinto? Debería tenerla, pero hoy no parece. Ya veremos. Al menos está sano y sólo tiene 33 años de edad.

Publicado en El Nacional, el sábado 11 de marzo de 2017.

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