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sábado, 4 de febrero de 2017

El último batazo de Miguel Cabrera

El Emergente
Ignacio Serrano

Todo nació, se dijo, como una iniciativa colectiva, una idea surgida en el grupo de Whatsapp que un puñado de grandeligas venezolanos abrió hace algún tiempo, pensando en el Clásico Mundial de Beisbol.

Poco a poco se fue desvelando la verdad. No fue un proyecto de todos, aparecido por entusiasmo o por azar. Conforme avanzaron los días, peloteros y técnicos fueron revelando que fue Miguel Cabrera el inspirador del minicamp de la preselección nacional en Miami.

Por allá pasaron verdaderos astros, como Félix Hernández, José Altuve, Francisco Rodríguez o Carlos González. Unas dos decenas de figuras, las más representativas de la Vinotinto, se tomaron uno, dos siete días, dependiendo de la disponibilidad de cada uno, para reunirse en el mismo diamante.

No es una labor que marcará la preparación física y técnica de los criollos. La semana próxima estarán nuevamente de vacaciones, alistándose por su parte, y luego irán individualmente a los campos de entrenamiento de las Grandes Ligas.

Pasará un mes, hasta que finalmente se reúnan todos bajo el mando de Omar Vizquel en Arizona, para velar las armas antes del torneo internacional.

El cónclave de Miami, sin embargo, ha servido para mucho.

Ha servido para unir en un mismo sentimiento a quienes por lo general juegan en escuadras diferentes, sin identificación de selección nacional. No olvidemos que el único evento de países al cual acuden es este, y sucede una vez cada cuatro años.

Las palabras de los auto convocados han sido elocuentes en ese punto.

Ha servido también para emitir un manifiesto a la afición, a esa exigente y a menudo impaciente fanaticada, que espera desde 2006 por un título mundialista que reviva las coronas de Venezuela en 1941, 1944 y 1945.

También en ese sentido ha sido una jugada maestra. Nadie podrá acusar de abúlicos a quienes interrumpieron el descanso con sus familias para empezar a echar las bases de la Vinotinto, sin que les fuera obligatorio.

Ha servido, por último, para mostrar el carácter de un Cabrera que ha madurado como persona, como jugador y como ciudadano.

Es la iniciativa de un capitán legítimo, esta idea de llamar a sus colegas y plantearles un minicamp, para empezar a unirse como equipo y enviarle un mensaje a los seguidores de nuestra pelota. Es un gesto de valor y también otra muestra de lo que es hoy el aragüeño.

Muy atrás han quedado esos tiempos juveniles de enfant terrible, los episodios que ha ido superando con una conducta ejemplar en sus comunidades, con el trabajo de su Fundación Miguel Cabrera y un proceder discreto en el núcleo familiar.

Hace semanas recorrió varias ciudades con su proyecto para sembrar valores a través del beisbol, al que bautizó Miggyball: Caracas, Valencia, Maracaibo y, por supuesto, Maracay.

En noviembre, cuando un desencuentro entre Vizquel y Carlos Guillén llevó a una decena de figuras a pronunciarse públicamente a favor de boicotear el equipo para el Clásico, fue él quien actuó en la trastienda, calmó los ánimos y propició el reencuentro.

Los principales astros de Venezuela hoy escuchan y atienden las palabras del slugger, no digamos ya sus compañeros en Detroit. Se ha convertido en mentor e inspirador de nuevos valores. Y ahora, hace que la capitanía de la Selección Nacional sea un instrumento con real sentido.

Publicado en El Nacional, el sábado 4 de febrero de 2017.

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3 comentarios:

  1. Excelente Ignacio, como siempre. Un pequeño detalle: el clásico mundial es cada 3 años

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    1. 2006 primera edicion,2009 para que no choque con el mundial de futbol ni con las olimpiadas,de alli en adelante 2013 y ahora 2017,es decir cada 4 años.

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  2. 2006 primera edicion,2009 para que no choque con el mundial de futbol ni con las olimpiadas,de alli en adelante 2013 y ahora 2017,es decir cada 4 años.

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