domingo, 16 de octubre de 2016

De Ugueth Urbina a estos cerradores del séptimo inning

El Emergente
Ignacio Serrano

¿Quién recuerda a los Medias Rojas de 2001? Theo Epstein todavía no había llegado a la gerencia general, cuando en Boston ya se hablaba de no usar un cerrador a tiempo completo, optando por la novedosa idea de un bullpen por comité.

¿Bullpen por comité? Por entonces era casi una excentricidad vanguardista, una derivación del nuevo análisis, que se extendía lentamente en las Grandes Ligas a partir del éxito de Sandy Alderson y su sucesor Billy Beane en Oakland.

El alto mando patirrojo decidió probar. Hay dos razones básicas para quererlo: abarata la nómina, porque varios setups suman el cheque de un solo cerrojo establecido; y permite usar al mejor relevista posible para cada situación, sea que se presente en el octavo inning o que en el noveno vengan a batear tres zurdos o tres derechos.

Había una tercera premisa, inspirada en la sabermetría, que probó estar errada: quien lanza bien en el séptimo puede lanzar bien en el noveno.

Gracias a eso, Ugueth Urbina se vistió de bostoniano a mediados de 2001.

Urbina era el cerrador de los Expos de Montreal, a tres meses del fallido experimento. El club de Nueva Inglaterra se había reforzado con buenos apagafuegos, incluyendo al aragüeño Richard Garcés, pero abundaron las ventajas desperdiciadas en el último episodio.

El mirandino terminó con eso. Salvó 9 veces en la recta final, con 2.25 de efectividad y una brutal relación de 32 ponches y 3 bases por bolas en 20 entradas.

El nuevo análisis se equivocó esa vez. Quien auxilia con éxito en el séptimo no puede hacerlo, necesariamente, en el noveno. No hay un condicionante físico o mecánico. El problema es mental.

Bill James, el primer gran gurú de la sabermetría, reconocería tiempo después que las emociones y el carácter también son parte de la ecuación, contrariamente a lo que sostenía la corriente, e instó a sus sucesores a tenerlo en cuenta y a tratar de determinar cómo medirlo en cada quien.

Juan Rincón, que por ese tiempo estaba cerca de afianzarse como uno de los mejores apagafuegos intermedios de la Liga Americana, nos explicó años después el punto de vista del monticulistas: ni la preparación previa ni las circunstancias que rodean las labores de los serpentineros son iguales en el caso del cerrador.

“Si lanzas en el séptimo o en el octavo, sabes que, si fallas, tu equipo tendrá otra chance en el juego”, razonó el zuliano. “Pero también sabes que si fallas en el noveno, normalmente vas a perder. No hay más chance. Y eso te pone una presión que no todos pueden manejar”.

Epstein tomó las riendas de los Medias Rojas para 2003 y un año después acabó con la Maldición de Babe Ruth, con Keith Foulke como cerrojo.

En estos playoffs hemos visto la evolución de aquel concepto. El punto no está en usar un comité, sino en atreverse a usar al mejor pitcher cuando el incendio es mayor y más peligroso, olvidándose del salvado como estadística.

Los Dodgers ganaron a los Nacionales cuando el manager Dave Roberts se atrevió a usar a Kenley Jansen en el séptimo acto. Los Indios vencieron a los Medias Rojas al poner a Andrew Miller en el quinto. Los Orioles se quedaron fuera ante los Azulejos al dejar a Zack Britton en el bullpen.

El punto no es tener disponible un gran bombero como Urbina. Se trata de saber cuándo es urgente utilizarlo.

Publicado en El Nacional, el domingo 16 de octubre de 2016.

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