martes, 20 de septiembre de 2016

Es la hora de honrar a Dionisio Acosta

El Emergente
Ignacio Serrano

Hay un ex receptor zuliano, no muy alto, que debería celebrar sus 84 años de nacido con una estatuilla en nuestro Salón de la Fama.

Está abierto el proceso de elección para determinar quiénes serán los nuevos inmortales de la pelota venezolana. Los integrantes del Comité Contemporáneo tenemos la papeleta en nuestro poder, para seleccionar entre una pléyade de candidatos.

Pero hoy queremos hablar del Comité Histórico. Queremos hablar de Dionisio Acosta.

El Comité Histórico se reunirá después de conocerse la votación de su par Contemporáneo. Su rango de estudio será mucho mayor, pues tendrá la difícil tarea de evaluar entre decenas de rezagados; antiguos peloteros, ex dirigentes, umpires y periodistas que dieron sus vidas por nuestro pasatiempo nacional.

Acosta es uno de esos casos pendientes, una de las deudas de nuestros diamantes.

No fue un catcher particularmente notable. Le recuerdan como un batallador, un especialista de la defensiva, que 13 temporadas en la LVBP disparó 171 hits y dejó .220 de average.

Vistió los uniformes del Magallanes, Caracas, Oriente, Pampero y La Guaira, entre 1954 y 1967. Nunca dio un jonrón, y aunque no jugó más arriba de la extinta Clase C, salvo por pasantías en Cuba y México, su huella aún es recordada por quienes compartieron con él, dentro y fuera del terreno.

Hace días recordábamos ese legado, al llorar por el adiós de Domingo Carrasquel, otro venezolano bueno, su amigo y colega.

Carrasquel, Acosta y otros soñadores fueron responsables de la creación de la Asociación Única de Peloteros Profesionales de Venezuela, un ente que en su momento fue un verdadero instrumento de reivindicación de los jugadores, corresponsable, junto a los equipos y la liga, del sólido desarrollo de nuestro beisbol.

No hablamos de la actual Asociación de Peloteros. Ojalá Urbano Lugo pueda reivindicar lo mejor de aquel proyecto y logre revitalizarlo como representante del colectivo uniformado. Esta unión agremia a menos del 10 por ciento de los integrantes de cada roster. Es desolador. Representa a casi nadie y no cuenta con la autoridad moral que en su momento tuvo la unión.

¿Podrá Lugo cambiar esta triste realidad, que empezó en los años 90, precisamente con el retiro de Acosta? Es la difícil tarea que tiene en sus manos el ex lanzador. Tiene reputación de hombre trabajador y honesto, lo cual es un buen punto de partida. Pero el fruto, si acaso, se verá dentro de varios años.

La Asopeloteros de Acosta y Carrasquel, de Dámaso Blanco y otros guerreros de los años 50, 60 y 70 causó profundo impacto. Encontró a un grupo de peloteros que recibían por viático un sándwich en bolsita de plástico y un cuartico de leche Silsa, solamente al jugar fuera de Caracas, y contribuyó a dignificar la profesión.

Esa reivindicación no fue únicamente en lo económico. Los impulsores de la asociación eran como su presidente: personas honestas, íntegras, buenos venezolanos que trascendieron fronteras, con la creación de la Confederación de Peloteros del Caribe.

Hubo momentos de tensión en aquellos tiempos, en las discusiones del contrato colectivo y otros intereses gremiales. Pero nadie negó nunca el carácter, la honradez e integridad de quien presidió la AUPPV entre 1967 y 1991.

Toca ahora reconocer su legado con una estatuilla en el templo de Valencia.

Publicado en El Nacional, el martes 20 de septiembre de 2016.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada