domingo, 10 de julio de 2016

El Juego de Estrellas… ¿del futuro?

El Emergente
Ignacio Serrano

Carlos Asuaje, convocado en 2016
¿Sabían que Luis Aparicio fue el primer manager del equipo Resto del Mundo en el Juego de Estrellas del Futuro?

No pudo haber mejor elección. Allá por 1999, la MLB decidió engalanar su invención con lo más granado. Aparicio era un símbolo de cuán alto y lejos había llegado el beisbol de las Grandes Ligas, más allá de sus fronteras naturales.

Asistieron los que estaban llamados a protagonizar la siguiente generación de peloteros. Ese es el objetivo del Juego de Estrellas de Futuro, que desde entonces se disputa el domingo previo al Juego de Estrellas de las mayores.

Alfonso Soriano, Mark Mulder, Francisco Cordero, Lance Berkman, Erubiel Durazo, Pat Burrell, J.C. Romero, Nick Johnson, Tomo Ohka, Russell Branyan y otros ligamenoristas fueron llevados a esa primera cita.

Aquel roster que dirigió Aparicio apenas tenía un venezolano. Sí, uno. Era Tony Armas, el hijo del gran Antonio Armas, que crecía como lanzador en las granjas de los Expos de Montreal.

Los gerentes generales de los 30 equipos y un grupo de especialistas se reúnen cada año para definir los equipos de Estados Unidos y el Resto del Mundo. 

Hay reglas, por supuesto: tiene que existir un balance entre cada divisa, de modo que ningún club tenga más peloteros, y no son elegibles los prospectos que se encuentran en la gran carpa al momento del duelo.

La lista de venezolanos en la cita es impresionante. Prácticamente nueve de cada diez convocados eventualmente se han convertido en bigleaguers.

Allá por 1999, sólo estaba Armas, lo que hoy puede lucir irreal. ¿Representaba eso la proyección verdadera de beisbol venezolano?

El Juego de Estrellas del Futuro no es necesariamente la fotografía exacta de dónde está cada país en la formación de nuevos talentos. Pero en los años 90 realmente eran pocos los súper astros locales: Andrés Galarraga, ciertamente, y Omar Vizquel; tal vez Wilson Álvarez, quizás Oswaldo Guillén y pocos más.

Estaba dando sus primeros pasos arriba la generación integrada por Ugueth Urbina, Bob Abreu, Richard Hidalgo y Magglio Ordóñez, que haría historia. Y en Venezuela crecía la mayor siembra de beisbol que jamás haya ocurrido, desde la victoria de los Héroes del 41 y su impacto en la afición.

Esa siembra fue la instalación masiva de las academias de las Grandes Ligas en el centro del país.

¿Es casualidad lo que sucedió luego? Probablemente no.

Un boom siguió a la solitaria aparición de Armas en 1999. A mediados de la década siguiente, por primera vez hubo 50 venezolanos en los rosters inaugurales. En 2008, 10 criollos fueron llevados al Juego de Estrellas del Futuro, más que la República Dominicana. En 2014 coincidieron 100 grandeligas nativos en una misma temporada por primera vez, contando a quienes estuvieron en las listas de incapacitados.

Aparicio sigue siendo nuestro único representante en el Salón de la Fama, pero quizás Omar Vizquel le acompañe pronto, y luego Miguel Cabrera, tal vez Félix Hernández y otros más. A este Juego de Estrellas del Futuro, sin embargo, fueron llamados únicamente dos venezolanos y uno de ellos se formó en el sistema universitario de Estados Unidos.

Solemos lamentar la marcha de las academias de MLB, por el impacto que eso causó en centenares, miles de familias humildes. Pero aquí tenemos otra razón para lamentar.

Publicado en El Nacional, el domingo 10 de julio de 2016.

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