sábado, 9 de julio de 2016

Dos Venezuelas beisboleras, dolorosamente desiguales

El Emergente
Ignacio Serrano

La semana próxima estaremos hablando de al menos 30 millones de dólares, repartidos por los equipos de MLB entre los prospectos venezolanos firmados a partir del 2 de julio, en el actual proceso de reclutamiento internacional.

Es una cantidad enorme, que sigue incrementándose. Documentamos más de 27 millones en bonos al terminar el trabajo publicado el viernes en esta página y horas después ya sabíamos de casi 2 millones más.

¿Se mantiene el auge en nuestra pelota? ¿Sobredimensionamos el impacto por la masiva salida de las academias de Grandes Ligas?

Lo que ha ocurrido este mes es el reflejo de esas dos Venezuelas beisboleras que se han creado a raíz de la crisis social, política y económica que vivimos y sufrimos en nuestro amado país.

Hay una Venezuela pujante, representada por esos emprendimientos que cada día abundan en mayor número y que son las academias privadas, no relacionadas con organizaciones de las mayores.

Los scouts de la gran carpa siguen detectando talentos. Esa red se mantiene, y en ciertos casos ha aumentado.

La industria que más ha crecido, sin embargo, es la de quienes tuvieron la idea de conseguir y preparar adolescentes con habilidades excepcionales. Son agentes, entrenadores, muchas veces ex peloteros.

La enorme cantidad de dinero que se ha entregado desde el sábado responde a ese desarrollo. Hace 20 años no existía la industria que hoy florece en el eje Aragua-Carabobo y que ya abarca otras regiones.

Pero si bien es positivo lo que está pasando, gracias, en mucho, a ese grupo de emprendedores, hay otra Venezuela beisbolera cuya mengua se refleja en la asistencia de apenas dos representantes al Juego de Estrellas del Futuro.

Cerca de 60 prospectos han firmado desde el 2 de julio. Son pocos, la punta de la pirámide, lo más granado entre lo más granado. La mayoría de los bonos que se entregan para dar el salto son de sólo unos miles de dólares.

La pirámide necesita una base muy ancha para llegar a ser muy alta. Y lo fue, hasta hace no mucho. A comienzos de este siglo, 23 organizaciones de la gran carpa coincidieron con sus academias en el país y formaban parte de la Venezuelan Summer League.

Cada equipo necesitaba más de 30 peloteros. Eran alrededor de 700 aspirantes, aproximadamente.

En las academias privadas se preparan los más talentosos muchachos menores de 16 años de edad. En las academias de MLB se probaban los que tenían 16, pero también 17 y hasta 18, chicos sin las condiciones o el físico de aquellos.

Los Tigres, Rays, Filis, en menor medida los Mellizos y en mucho menor medida los Cachorros mantienen bases de operaciones de alguna importancia, más pequeñas que antes.

Ese es el contraste entre las dos Venezuelas beisboleras. Una industria florece, reflejo del trabajo de sus emprendedores y del gusto por los diamantes que hay aquí; otra mudó sus instalaciones a la República Dominicana, llevándose sólo a los mejores (porque era imposible seguir cargando con 35 peloteros cada año, teniéndoles que pagar los gastos allá) y dejando sin oportunidad a los olvidados de cada 2 de julio.

Entre esos olvidados de cada 2 de julio, esos que no reciben los pocos grandes bonos; entre esos que son la mayoría, están los próximos José Altuve, Alexi Amarista, Luis Valbuena, Magglio Ordóñez.

Talentos de ese tamaño se están perdiendo hoy, porque no tienen dónde buscar la oportunidad que aquellos sí tuvieron.

Versión ligeramente ampliada de lo publicado en El Nacional, el sábado 9 de julio de 2016.

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