martes, 19 de junio de 2012

El emergente

Roger Clemens, A-Rod, Manny y la eterna diatriba sobre los esteroides

El juicio a Roger Clemens, los 23 grand slams de Alex Rodríguez, las opiniones a veces intemperantes de amigos y colegas, la situación de Manny Ramírez con Oakland, el perdón a Eliézer Alfonzo y una pieza periodística de Tom Verducci, uno de los periodistas favoritos de este columnista. El dopaje en el deporte es un tema tan apasionante como desolador.


Verducci lo desnudó nuevamente en otro de sus extraordinarios reportajes (aquí el enlace: http://ow.ly/bCP3r).


Habló con peloteros que fueron compañeros en las menores o amigos de los tiempos del beisbol colegial, y siguió el relato de cada uno con su experiencia en la Era de los Esteroides.


La figura central del artículo es Dan Naulty, un lanzador mediocre, que gracias al dopaje se convirtió en estrella y llegó a ganar un anillo de Serie Mundial con los Yanquis. El largo trabajo deja cierto desasosiego en el alma.

Un par de amigos discutían en estos días sobre la validez o no de las estadísticas de peloteros que confesaron o se les comprobó el uso de sustancias dopantes, como A-Rod. ¿Valen tanto sus 23 jonrones con las bases llenas como los que logró Lou Gehrig?


Es la misma diatriba repetida tantas veces, sólo que cambiando protagonistas y hazaña.


La comparación pudiera ser entre Hank Aaron y Barry Bonds, Roger Maris y Mark McGwire, Roger Clemens y Christy Mathewson. Al final, casi todos los argumentos terminan por apuntalar una posición moral o defienden lo hecho por quienes, se dice, compitieron bajo las mismas condiciones con otros que también hicieron trampa, con el añadido de que en el beisbol moderno participan los mejores del mundo, negros, asiáticos y latinos, mientras que en los tiempos de Gehrig y Babe Ruth sólo jugaban los blancos, repartidos, además, en muy pocos equipos.


Pero ese no es el punto. No puede ser esa la discusión.


El tema tiene que ser la devastadora tragedia humana de Naulty, que tanto recuerda al ya fallecido Ken Caminiti y que es la misma de centenares de desconocidos como Naulty y decenas de figuras como Caminiti, deportistas que han recorrido la ruta del doping convertidos en gladiadores modernos: ganando su pan en la arena del deporte, a riesgo de su salud y sus vidas.

Los esteroides, las anfetaminas, la hormona de crecimiento humano tienen en común la capacidad de aumentar el rendimiento de un atleta y convertirle artificialmente en un competidor con potencial por arriba del promedio, en la mayoría de los casos.


También tienen en común lo que comparten con todos los químicos, legales o no, que echamos en nuestro cuerpo con el fin de sentirnos mejor: en exceso, pueden dañar, conducir a adicciones y hasta a la destrucción personal.


Jason Kendall, estrella de la receptoría con varios equipos, confesó hace un par de años cómo su vida familiar se desplomó debido al consumo de anfetaminas, usadas durante muchos años en el beisbol —y en otras disciplinas— para ganar energía y resistencia física aparentemente inagotables.


Naulty cuenta que para poder dormir en las noches, debido al insomnio causado por las anfetaminas y los esteroides, debía automedicarse con alcohol. Por supuesto, terminó siendo alcohólico, al igual que Caminiti y tantos más, pero a diferencia de éste, paró antes de matarse.


El consumo no medicinal de todas esas sustancias fue prohibido por la ley federal estadounidense en 1988. El comisionado Fay Vincent las vetó del beisbol en 1991. Pero todavía hay quien justifica su uso, argumentando falsamente que estuvieron permitidas hasta 2003.


Quizás algún día podamos verlo como lo que realmente fue: una tragedia donde aún abundan los cómplices y las víctimas.

Publicado en El Nacional, el lunes 18 de junio de 2012.

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