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BÉISBOL VENEZOLANO

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La trágica historia de los condenados a muerte que jugaban beisbol para lograr vivir un día más


HISTORIAS DEL DIAMANTE
Por Joaquín Villamizar Baptista

Hoy vamos hablar de beisbol... ¡o de la muerte! 

¡Es uno de los hechos más asombrosos de la historia del beisbol! Un equipo integrado exclusivamente por presidiarios sentenciados a muerte, quienes jugaban a cambio de que les pospusieran la fecha de ejecución... 


En el libro Playing For Time, el escritor Chriss Enss cuenta que todo ocurrió en la Wyoming State Penitentiary, ubicada en el pequeño poblado de Rawlins (Wyoming), y a menudo llamada “The Crossbar Hotel” (el hotel de los barrotes cruzados). Pero el tema central aquí es cómo operaba el equipo conocido como “The Death Row All Stars” (Las Estrellas del Pasillo de la Muerte). 

Félix Alston, fue el director del penal entre el 17 de abril de 1911 y el 1° de marzo de 1919. La cárcel fue conocida no sólo por su tratamiento estricto que daban a los presidiarios, sino también como la casa de uno de los más excepcionales equipos de beisbol. 

Todo empezó cuando Alston llegó como director de la cárcel y se esperaba que muchos fueran ahorcados en pocos días. Pero el nuevo director era fanático del beisbol, de los Tigres de Detroit y de Ty Cobb, y vio una mañana cómo un grupo de los presidiarios practicaba con un bate, pelotas y guantes. Eso le llamó positivamente la atención.
Se le ocurrió que si aquel grupo, parte de los habitantes del penal, en espera de una inevitable y cercana muerte, practicaba el beisbol con seriedad, si se organizaba con ellos un equipo que pudiera jugar con clubes de fuera y ganarles, los días de vida que les quedaban serían más llevaderos. Así fue como les ofreció a los integrantes del equipo que si jugaban bien, él trataría que les pospusieran las fechas pautadas para el final de sus vidas. 

Era Alston tan entusiasta, que su hijo Félix Jr., con 9 años de edad, se convirtió, uniformado, en mascota y bat-boy. 

El nombre real del equipo era Wyoming State Penitentiary (WSP), pero los diarios del área, que dedicaban buen espacio a la actividad, lo identificaban más como “The Death Row All Stars”. 


Pronto, la mayoría de los 8.000 habitantes de Rawlins se hizo admirador de ese equipo. Acudían a verlos, tanto en el campo acondicionado en la cárcel como cuando viajaban a otros sitios. 

Durante esos viajes, uniformados de peloteros, llevaban a los presos en autobuses blindados, los esposaban con las manos atrás, y los tobillos de unos iban unidos a los de los otros mediante cadenas. Así bajaban con pasos difíciles, al llegar a los sitios de juego. Solo los liberaban de esas medidas de seguridad cuando llegaban al dugout. 

Todo el lugar donde iban a jugar estaba rodeado de guardias especiales, para evitar fugas. Inmediatamente después del último out de cada juego, los volvían a esposar y aseguraban sus tobillos para llevarlos al vehículo que los trasladaría a la cárcel. 

El presidiario que más llamaba la atención por su juego era Joseph Seng, slugger, shortstop y outfielder. Era el preso número 1.612. 

Nativo de Allentown, Pennsylvania, era uno de 12 hermanos en una familia pobre. Sólo estudió primaria. Sentenciado a muerte porque mató a tiros a su jefe, William Lloyd. 

La empresa de trenes Union Pacífic Railroad era la fuente de trabajo más importante de Rawlins. Seng era vigilante ahí, y una mañana Lloyd le reprendió en altavoz, delante de otros trabajadores, debido a que había golpeado y robado a unos menesterosos que dormían en la Estación. 

Seng tenía una larga historia de delitos menores, como borracheras escandalosas, peleas, robos y agresividad. Los dos hombres se liaron a golpes hasta que Joseph sacó el arma que llevaba oculta en un bolsillo del pantalón y disparó la primera bala de su revólver Colt, calibre 41. Después de caído Lloyd, Seng le disparó dos veces más (los tres disparos en la cabeza). Fue sentenciado a morir ahorcado. 
Dicen que al momento de la sentencia Joseph volteó a ver a su abogado y, con arrogancia, como burlándose del mundo, de la justicia y de la muerte... ¡rio a carcajadas! 

Joseph Seng, se dedicó a sacar la bola de los parques, en el short stop demostraba seguridad para capturar la pelota. Tenía fuerza y educación con el brazo para sus disparos. Además, corría como desesperado, muy raudo. Le encantaba deslizarse para llegar a las bases. Era el mejor pelotero de ese club. 

Alston dijo una vez: “Me pareció poseedor de tales condiciones que bien pudo haber jugado en Grandes Ligas”. 

El capitán del equipo de la cárcel era George Saban, segunda base, quien dijo de Seng: “ Ha sido el mejor pelotero que he visto, incluidos los bigleaguers”. 

Seng mejoró su conducta en la cárcel. La positiva influencia del beisbol cambió su actitud arrogante y se convirtió en asaz humilde. Se hizo enfermero en el penal y era quien atendía a los presos enfermos. 

Estos jugadores presos eran tan buenos que fueron calificados como “The Best of the West” (Lo mejor de Oeste"), después que en los dos primeros años ganaron 39 juegos y sólo fueron derrotados en 6 oportunidades. 

Se enfrentaban a los mejores conjuntos no profesionales de la región, en el término que quisieran. Este equipo, “The Death Row All Stars”, estaba conformado sólo por 10 jugadores (en la época funcionaban así todos). Claro que los nombres cambiaban. A menudo quien no rendía lo suficiente para ganar los juegos no era bajado a las menores... sino más bien... ¡subido al patíbulo! Ese fue el caso del único mexicano en el equipo, nativo de Zacatecas, Roberto “Bobby” Guzmán, de 28 años, sentenciado por asalto, robo y homicidio. 

Una tarde, Alston le informó que luego de sus cinco errores en los dos últimos juegos quedaba fuera del roster y que sería ejecutado por ahorcamiento la semana siguiente. Roberto no espero a ese día, se suicidó ahorcándose al colgarse en su celda con las tiras que hizo con el uniforme de presidiario. 

Otros integrantes del equipo, eran William Bowyer (pitcher) asesino de su padre; Horace Donovan (catcher), convicto de homicidio; Leroy Cook (inicialista) homicidio; Laslo Korda (jardinero izquierdo), homicidio; Jack Carter (antesalista), homicidio; Benjamín Owen (pitcher), homicidio; Simón Kenler (jardinero derecho), homicidio; y Darwin Rowan (capitán), secuestro y homicidio. 

El equipo de mayor rivalidad para esta gente del presidio fue el de la Wyoming Plumbing Supply Juniors. Cuando se enfrentaban, llenaban las tribunas y las apuestas (que eran muy frecuentes en la época) eran escandalosas. 

Una vez, a dos días de un encuentro entre estos dos equipos, todos los jugadores de la Wyoming Plumbing Supply Juniors resultaron intoxicados. Sospecharon que era obra del equipo del presidio en complicidad con los apostadores, para garantizarse la victoria, ya que el domingo estarían débiles para el juego. Pero Seng se encargó de atender rápidamente a todos esos peloteros, y con tal eficiencia, que no sólo ganaron el domingo, sino por paliza 14-3, lo que arruinó a los apostadores. 


Después de varias posposiciones y en medio de centenares de solicitudes formales porque se le conmutara la pena a cadena perpetua, no obstante, su contribución brillante para con el equipo, Seng fue ejecutado el 24 de mayo de 1912... 

El equipo sin él... ¡ya no fue tan triunfador! Y, no sólo por su ausencia, sino por el desánimo que produjo su muerte. Tres años después, en 1915, terminó la actuación para siempre del más extraño conjunto de peloteros que haya existido jamás. 

Es historia, amigos. 

Joaquín Villamizar Baptista

Fuentes: 
Las Mejores Anécdotas del Beisbol, por Juan Vené. 
Bill Felber: 125 years of Professional Baseball. 
Cinco Mil Años de Beisbol, por Juan Vené.

1 comentario:

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