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BÉISBOL VENEZOLANO

GRANDES LIGAS

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La curiosa historia del pelotero que en plena borrachera se encontró con Dios



HISTORIAS DEL DIAMANTE
Por Joaquín Villamizar

Hoy vamos a hablar acerca de un jugador de las Grandes Ligas que estaba borracho cuando escuchó el “llamado del Señor”.

Esta es la historia de Billy Sunday, cuyo nombre completo era William Ashley Sunday, que nació el 19 de noviembre de 1862 en Ames, condado de Story (ciudad en el centro de Iowa) y que pasó gran parte de su niñez en un refugio para huérfanos, hijos de soldados. Sólo hacía semanas que había nacido cuando su padre murió en la Guerra Civil norteamericana, y su madre no tenía los medios económicos para alimentarlo y educarlo. 


Apenas terminó la primaria en su natal Ames, trabajó como maletero en un hotel y después en una finca como peón de la agricultura. Pero siempre, desde los ocho años, jugó al beisbol. Y como demostraba habilidades especiales para este deporte, le ofrecieron un trabajo en una mueblería de Marshalltown, a pocas millas de Ames, a condición que jugara en el equipo de jovencitos que tenía el dueño de ese negocio. 

Para su buena suerte, ahí en Marshalltown vivía el mánager de un equipo de las Mayores, los Chicago White Stockings, Adrian Cap Anson, que lo vio jugar la tarde de un domingo y comentó: “¡Ese chico corre tan rápido como un venado asustado!”. Y le ofreció ponerlo a jugar de inmediato en Chicago. Era 1883. 

Billy había cumplido 20 años y ya era bigleaguer. En realidad, estaba lejos de ser una superestrella, pero la velocidad de sus piernas, su entusiasmo para entrenar y su agresividad, lo hicieron muy útil. Fue el primer outfielder en la historia de las Grandes Ligas en hacer un doble play sin asistencia, y en cada temporada su progreso era notable, especialmente a la defensiva. 

Se había graduado en high school (el bachillerato estadounidense) y después, mientras jugaba en las Mayores, asistió a la Northwestern University, y se graduó de abogado. Jugó durante 5 años con el equipo de Chicago, a partir de 1883. Y fue en 1885, durante una noche veraniega... que ocurrió... ¡una de las situaciones más curiosas e increíbles en la historia de un jugador de la Gran Carpa! 

Billy Sunday estaba borracho, igual que varios compañeros de equipo de los White Stockings: Mike King Kelly, Ed Williamson y Silver Flint. Después del juego vespertino, habían pasado un muy alegre rato en una taberna. Más tarde, conversaban en la acera de la esquina que forman las calles de State y Madison, en Chicago, y de repente pasó un vehículo, un “Gospel Wagon”, desde el cual hacían escuchar discos de música eclesiástica e invitaban para oficios religiosos. Ante el asombro de los otros tres, Billy (que estaba más borracho que una cuba de vino) caminó hacia sus amigos y les dijo, sobriamente: “¡Adiós, muchachos! ¡Jesucristo, me llama! ¡Es que nos necesitamos él y yo!”. 

Corrió, alejándose de ellos y no paró hasta llegar a la sede de la “Pacific Garden Mission” (la misión de rescate evangélica más antigua de Estados Unidos). 

Kelly comentó, al verle marchar: “Pero, ¡ese está bien borracho de verdad!”. Y eso lo comentaron por años, testigos de que Billy estaba muy mareado por el alcohol y que reaccionó al “llamado” cuerdamente, ipso facto. 


Sunday, quien era un outfielder bastante bueno y rápido, en sus 22 años de edad, comenzó así su conversión, que lo llevó a ser el más famoso evangelista de la época. Más nunca tomó licor ni apostó ni frecuentó el ambiente teatral o lupanares, actividades a las que asistía a diario. 

Cuando llegó al clubhouse, al día siguiente, después de lo ocurrido en la esquina, solo quiso hablar de cristianismo, especialmente a sus tres amigos del día anterior. Les dijo: “La verdad fue que esa música tan bella era uno de los himnos metodistas que solía cantarme mi madre y sentí unos deseos irresistibles de seguir a ese camión. No descansaré... ¡hasta convertirlos a ustedes tres!”. 

Al final de 1887, Billy fue cambiado a los Piratas de Pittsburgh y en 1890, a media temporada, lo enviaron a los Filis de Filadelfia. Ese año de 1890 robó 84 bases, incluidas tres en tres lanzamientos consecutivos: segunda, tercera y home. Venía de ser, en 1888, el líder en la Liga Nacional en outs realizados. Además, era tan rápido que podía hacer todo el recorrido de home a home ¡en 14 segundos!

Pero su pasión religiosa seguía en aumento. En la primavera de 1891, los Filis contaban con él, ya que estaba en plenitud de facultades, y por eso le iban a pagar 3.500 dólares por la temporada (un gran sueldo para la época). Pero, de pronto, Billy hizo un anuncio que dejó perplejo al mundo del beisbol: “¡Voy a trabajar por 73 dólares mensuales con la YMCA (la Asociación Cristiana de Jóvenes) de Chicago. He escuchado al Señor para que juegue beisbol para él. Y ya firmé”. 


Jugaba en el equipo de la YMCA y predicaba con la misma agresividad con que siempre jugó. En 1917, visitó Nueva York para trabajar dentro de su misión divina, y hubo más de 98.000 conversiones. Se estima que Billy predicó ante 85 millones de personas y que convirtió a un millón, aproximadamente. 

Al reseñar su muerte, ocurrida 13 días antes de cumplir 73 años, el 6 de noviembre de 1935, el diario The New York Times publicó: “Fue el más grande evangelista que Estados Unidos jamás conoció. Un experto en la conversión de almas”. 

Y ¿qué pasó con sus tres amigos? ¿Se convirtieron al Evangelio? ¡Pues, no! Billy no los pudo convencer, entre otras cosas, porque murieron jóvenes. Silver Flint, el 14 de enero de 1892, a los 36 años. Ed Williamson, el 3 de marzo de 1894, a los 36, y King Kelly, el 8 de noviembre de 1894, a los 37. Es historia, amigos. 

Joaquín Villamizar

Fuentes: Bill Felber, 125 Years of Professional BaseballLas Mejores Anécdotas del Beisbol, por Juan Vené.

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