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EL EMERGENTE. Caribes y su adiós inevitable a Alexi Amarista



EL EMERGENTE
Por Ignacio Serrano

¿Cómo es mejor Caribes? ¿Con o sin Alexi Amarista?

La pregunta puede sonar tonta. Requiere contexto. De lo contrario, es obvio que la tribu sería un equipo más competitivo con el aporte de su camarero. Con él, celebraron tres títulos en la LVBP. Sin él, quedan con una pieza de peso menos sobre el andamiaje, alguien que era popular en la cueva y favorito entre la afición.


Así que vayamos al contexto. ¿Favorecía a Anzoátegui mantener una polémica abierta con un jugador histórico para la franquicia, que había roto públicamente su relación con el manager Jackson Melián y una parte de la oficina?

Allí la pregunta tiene otra respuesta. Parece obvio que no. Amarista no estaba dispuesto ni siquiera a sumarse a las prácticas, a pesar de que otra parte de la gerencia hizo esfuerzos desde febrero para limar asperezas y hacer desaparecer el problema.

En ese sentido, y siguiendo con el contexto, la próxima pregunta está relacionada: ¿Es mejor la tropa oriental, o al menos igual de buena, sin el súper utility y con los dos peloteros llegados por él?

Y una tercera duda, siguiendo el contexto: ¿era posible para los indígenas evitar esta separación?

Hemos dedicado sendas columnas a repasar los cambios que esta semana realizaron los Tigres y las Águilas. Nos faltaba dedicar este capítulo según la óptica tribal.


Los canjes de peloteros ocurren, casi siempre, porque una divisa trata de compensar una carencia entregando algo que tiene de más. Unos pocos traspasos suceden porque el divorcio parece ser la única vía.

Todos los clubes tienen historias así. Eliézer Alfonzo, para seguir con los anzoatiguenses, fue enviado al Magallanes cuando se  quebró la magia entre él y el conjunto. Pudo regresar antes de retirarse, para colgar los spikes con la camisa que tanto sudó. Pero en el ínterin, no quedó más opción que seguir cada uno un camino diferente.

El problema con estas transacciones obligadas por las circunstancias es que el resto de socios en la liga lo saben. Y cuando eso pasa, el precio del jugador en cuestión baja. Y cuando baja, a la gerencia afectada le cuesta más concretar un negocio.

No sólo es un asunto de relaciones públicas, de lo que puede pensar la fanaticada. Es también un tema vinculado a conseguir algo que compense la pérdida. Allí está el caso de Ezequiel Carrera, por ejemplo. No estaba a gusto en Maracay, los Tigres trataron de cambiarlo durante meses y nadie ofreció una pieza equiparable a su potencial. Terminó como agente libre y los Navegantes cosecharon ese mango que vieron a tan poca altura, apenas minutos después de quedar disponible.

Es el mismo aprieto que tiene Caribes con Gorkys Hernández. Lleva meses declarando sobre el asunto a los medios nacionales o escribiendo en redes sociales sobre su deseo de mudarse, también. Su valor en la LVBP es enorme, por su defensa, experiencia y buen contacto. Su posición pública hace, sin embargo, que acordar un traspaso justo sea más difícil para todos.


Así que la guerra de desgaste con Amarista podía terminar dejando una huella amarga en el clubhouse y parecía inevitable este desenlace. Así que solo queda responder la segunda de las tres interrogantes: ¿cómo queda el potencial de la novena, al perderlo a cambio de David Martínez y Kevin Vicuña?

Martínez fue un abridor muy útil con Lara, que también lanzó con Magallanes y pasó por las Grandes Ligas. Es un engranaje aceptable para los orientales, dadas sus carencias casi históricas al hablar de iniciadores criollo.

El derecho tiene 3.87 de efectividad en ocho campañas que acumula en la LVBP. Pero viene de un torneo discreto, con 5.84, en parte debido a constantes lesiones que le afectaron.

Como Martínez tiene 33 años de edad y tiene más de un año sin lanzar en el exterior, resulta urgente para él demostrar que no está acabado. Es algo que también le urge a la tribu, que ha ido probando brazo como Yéiper Castillo o Alex Torres, sin conseguir la anhelada estabilidad.


Vicuña es la compensación que entregó Aragua, sabiendo que, hombre a hombre, a Amarista parece quedarle más tiempo en niveles altamente competitivos.

Es un paracorto, lo que tiene importancia adicional. Es fácil moverse de las paradas cortas a la segunda o la antesala, pero no es igual hacerlo desde esas posiciones hacia el short.

Es rápido, también. En 2019 robó 20 almohadillas entre Clase A avanzada y Triple A, y suma 18 tribeyes en sus 398 compromisos en las Ligas Menores, siempre con Toronto.

No tiene mucho poder, es verdad, pero ha mostrado algo de disciplina en el home, que debería incrementar sus números si, al desarrollar más fuerza, pudiera dar también mejores líneas para subir u average y quizás su slugging. Tiene una línea de .263/.325/.324 de por vida.


Martínez es un trabajador, que pasó por los Tigres sin llegar a debutar. Quizás ayude en la 2020-2020, quizás un poco más allá. Tendrá que forzar muchos más roletazos que lo normal, para sobrevivir en ese polígono de tiro que es el Chico.

La verdadera gema, al final, puede ser Vicuña. Ha asomado destellos de talento, ya cumplió 22 años de edad y tiene un futuro que espera por él.

Su florecimiento en un pelotero que impacte en la liga será la recompensa ansiada por Anzoátegui, sabiendo que la ruptura con Amarista era inevitable y que, siendo así, resultaba muy difícil sacar todo lo que en Puerto La Cruz hubieran querido recibir por él.

Ignacio Serrano

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