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BÉISBOL VENEZOLANO

GRANDES LIGAS

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El pitcher que se hizo viejo sobre el morrito y el bigleaguer que está enterrado en el rightfield



HISTORIAS DE DIAMANTE
Por Joaquín Villamizar

Hoy vamos a hablar acerca de un jugador mexicano que jugó ¡hasta los 51 años de edad! Y también hablaremos del rightfield del estadio de los Cañeros de Los Mochis, en donde se encuentra enterrado un pelotero que jugó en las Grandes Ligas.

El pitcher Ángel Moreno jugó hasta la edad de 51 años, y en ese tiempo, en diferentes ligas, ganó 414 juegos.


Él no era Superman ni Mandrake o Kalimán, ni siquiera un gigantón, sino un veracruzano de Soledad de Doblado (un pueblo de ese estado), con figura nada impresionante: una estatura de 1,75 metros, con 75 kilogramos de peso. 

El periodista e historiador Juan Vené tuvo la oportunidad de entrevistarlo en 2006 (el año de su retiro del beisbol como jugador), y a sus 51 años de entonces lo encontró trotando alrededor del campo. Bueno, más que trote, al parecer aquello era una carrera apresurada. 

El gerente general de los Naranjeros entonces era Marco Antonio Manzo, quien le dijo al periodista: “Ya lleva más de media hora dando vueltas”. Cuando pasó cerca de ellos, sonrió y saludó sin detenerse: “¿Qué tal, Juan? ¡Qué milagro! ¿Cuándo llegaste?”. Y siguió su carrera. 

La voz y la sonrisa parecían las de alguien cómodamente sentado tras un escritorio... ¡nada de cansancio! Sin embargo, sudaba copiosamente, forrado con una franela y una chaqueta. Manzo dijo con voz de admiración: “¡Es incansable! ¡Así es todos los días!”. 


Sólo un pitcher superaba al momento de su retiro sus 263 victorias (con 171 derrotas) en la Liga Mexicana de verano: ese era el legendario Ramón Arano, con 334 lauros. 

Moreno ganó 134 veces (con 114 caídas) en la Liga del Pacífico. Con los Ángeles de Anaheim venció 4 veces (contra 10 derrotas) y en la Liga de Taiwán terminó con 9-2. 

Ángel dijo: “Trato de mantenerme en forma, nada más, porque es la única manera de seguir lanzando". Luego dijo: “Hay que ser disciplinado. Tengo un buen control, eso siempre me ha ayudado. Al principio lanzaba duro. Ahora me ayudo con el cambio y la curva. Además, manejo lanzamientos que rompen, como el slider, el sinker y la recta cortada. No he puesto un límite hasta cuándo voy a lanzar. Es que dejar de jugar va a ser duro para mi... ¡es tan agradable!”. 

"En realidad, no tengo secretos", prosiguió. "Llevo una vida normal, pero sin excesos. Tampoco creo que entreno demasiado. Para mí, esto es normal. Si alguna vez me sintiera cansado, no seguiría entrenándome. Mi brazo está bien. Quizá he descubierto que algo más importante que el brazo, son las piernas. En las piernas está el control, la consistencia y la resistencia”. 

El periodista le preguntó: “¿No es agotador lanzar los 12 meses del año?”. Y, le respondió: “En mi caso, creo que me agotaría mucho más si dejara de jugar un tiempo y tuviera que regresar con entrenamientos que entonces tendrán que ser muy fuertes”. 

Ahora hablemos de la tumba del fallecido tercera base mexicano y ya fallecido bigleaguer Aurelio Rodríguez. 

Aurelio nació el 28 de diciembre de 1947 en Cananea, Sonora. Jugó 17 años en las Mayores. No era un bateador destacado, pero fue un Guante de Oro en 1975, cuando desbancó del pedestal a Brooks Robinson en la Liga Americana, ¡que lo había ganado en la antesala durante 16 años seguidos! 

Es miembro del Salón de la Fama del beisbol mexicano. Fue estelar tercera base de los Tigres de Detroit, donde lo quisieron mucho, tanto, que había viajado a la Ciudad del Motor a firmar autógrafos cuando ocurrió la tragedia de su muerte. 

Ese día, el 23 de septiembre del 2000, salió de un restaurante en Detroit cuando, de repente, un automóvil subió a la acera y lo arrolló. La dama que manejaba el vehículo había sufrido un infarto. El cuerpo de Aurelio quedó bajo el chasis. Cuando pudieron sacarlo, ya había muerto. La conductora también falleció. 

Un fanático del beisbol presente en el lugar dijo: “Son cosas de la vida y de la muerte; porque si el “Bato” (así lo llamaban) hubiera necesitado orinar, antes de salir del restaurante, estaría vivo”. 

Fue enterrado en la ciudad de los Mochis, en Sinaloa, en un acto muy concurrido, al que incluso asistió el presidente de México de la época, Ernesto Zedillo. Lo enterraron en un cementerio que no está actualmente en funcionamiento. 


Ese terreno con tumbas de caprichosa arquitectura, como han sido siempre las de nuestra tradición hispana, está dentro de la la ciudad, exactamente detrás del estadio de beisbol “Emilio Ibarra Almada”, que sirve de casa a los Cañeros de los Mochis, en la Liga del Pacífico. Nadie sabe por qué ni para qué, pero exactamente detrás de la pared que hace esquina en el rightfield habían dejado un espacio sin tumba. Allí, enterraron al estelar tercera base, quien era nativo de Cananea, pero había asimilado esos otros predios, gracias a los Cañeros y al beisbol. 

Tanto se arraigó, que allí fundó su hogar con María del Pilar Arce, y de allí son sus hijos, Aurelio y María Fernanda. 

Lo más asombroso fue que durante la excavación, a varios metros bajo tierra, aparecieron dos viejas pelotas sin cubiertas de cuero, como si estuvieran marcando el lugar en donde debía descansar para siempre un bigleaguer como Aurelio. 

Sobre la tumba, del lado de allá de la barda, y en territorio de fair, van a caer ahora las pelotas bateadas de jonrón por ese rumbo. Quizá en su más allá, prefiera los golpes de esos batazos a las caricias de las flores que pudieran ofrecerle. Lo que sí estamos seguros es que nadie, a excepción de él, está enterrado en “zona fair” en un stadium activo del beisbol profesional. 


Lindo homenaje a un hombre que tanta vida dio al beisbol, bateador de .400 en la Serie Mundial de 1981 con los súper poderosos Yanquis de Nueva York. A Juan Vené, le dijo la tarde que llegó por primera vez al Yankee Stadium: “¡Oyeme, no sé cómo voy a hacer! Porque me han traído para sustituir a un hombre que es extraordinario con el bate. Tengo que responderle a esta gente”. 

Aurelio había sido adquirido por el club del Bronx, porque el tercera base Craig Nettles quedó sorpresivamente fuera de juego por una hepatítis. Es historia, amigos. 

Joaquín Villamizar

Fuentes: Bill Felber, 125 Years of Professional Baseball. David Pietrusza, Matthew Silverman y Michael Gershman: Baseball The Biographical Encyclopedia. Las Mejores Anécdotas del Beisbol, por Juan Vené.

4 comentarios:

  1. Saludos, es un alivio leer buenas anécdotas y comentarios del béisbol, que la fuerza les acompañe en estos tiempos de Coronavirus, en la que es bueno salir del confinamiento solitario y aburrido

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  2. Con artculos como este es que se contribuye al buen periodismo deportivo

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  3. Son buenas anécdotas y curiosidades del bei boll

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