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GRANDES LIGAS

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Catchers zurdos y el sacerdote lanzador



HISTORIAS DEL DIAMANTE
por Joaquín Villamizar

Hoy vamos a hablar sobre lo extraño que es ser un catcher zurdo en las Grandes Ligas y también hablaremos de un sacerdote que se convirtió en un esquirol durante un juego de beisbol en las Mayores.

De acuerdo con lo que nos muestra la historia, si Iván Rodríguez, Johnny Bench, Baudilio Díaz, Mike Piazza, Benito Santiago, Víctor Martínez, y otros astros de la receptoría hubiesen sido zurdos, difícilmente habrían sido catchers. 


Es que en una oportunidad, entre las apariciones de dos caretas zurdos y en Grandes Ligas transcurrieron... ¡53 años! ¡Y hablamos de 1905 y 1958! Y solamente aparecieron 6 en todo el siglo 20, cada uno por unos pocos juegos. 

Durante el siglo 19, sin embargo, hubo 23. Por eso es que una de las preguntas que se han hecho los conocedores de beisbol es: ¿Por qué no ha habido más receptores zurdos? 

Cuando Mike Squires jugó detrás del home con los Medias Blancas en 1980, durante dos juegos, siendo zurdo, recibió al periodista e historiador del beisbol Juan Vené, en una entrevista en la que le dio una buena respuesta: “Es que han existido siempre muchos más bateadores derechos que zurdos. Y está claro que para tirar a las bases, el bateador derecho estorba al catcher zurdo”. 

Esta explicación es buena hasta hace cierto tiempo, porque desde hace más de 40 años se suelen presentar alineaciones de puros zurdos o de zurdos mezclados con ambidextros. 

Eso podría aconsejar, de acuerdo con lo que estorba al bateador para hacer los tiros, que cuando lancen derechos, se utilicen catchers zurdos. 

Después de Squires, otro del extraño grupo en el siglo 20 fue Benito Distefano, que apareció en el noveno inning de un juego de 1989, cuando pertenecía a los Piratas. Perdieron esa vez 5-2 frente a los Bravos. 

Otro en el siglo 20 fue Dale Long, bastante antes que los dos anteriores, hace 62 años, en 1958. Estuvo como receptor, siendo zurdo, en dos juegos de los Cachorros. Bueno, cuando surgió este caso de Long habían pasado 53 años de haberse visto al último catcher zurdo en las Grandes Ligas: había sido Homer Hillebrand, de los Piratas, en 1905. 


En total, ha habido 29 receptores zurdos en la historia de la MLB: Fergy Malone, entre 1871 y 1884; John Mullen, en 1872; Billy Redmond, entre 1875 y 1885; John Cassidy, en 1878; Charlie Eden, en 1879; Martin Powell, en 1881; Jim Egan, en 1882; Charlie Householder, entre 1882 y 1884; Phil Baker, entre 1883 y 1886; Charlie Krehmeyer, entre 1884 y 1885; Bill Hardbidge, entre 1875 y 1884; Stan Trott, entre 1880 y 1888; John Humphries, en 1884; Mike Hines, entre 1883 y 1888; Elmer Foster, en 1884; Sy Sutcliffe, entre 1884 y 1892; Pop Tate, entre 1885 y 1890; Lefty Marr, en 1889; Jack McMahon, entre 1892 y 1893; Art Twineham, entre 1893 y 1894; Fred Tenney, , entre 1894 y 1898; Jack Clements, entre 1884 y 1900; Jiggs Donahue, en 1901; Joe Wall, entre 1901 y 1902; Homer Hillebrand, en 1905; Dale Long, en 1958; Mike Squires, en 1980; y el último, Benny Diestefano, en 1989.

Quise presentarles esta tediosa lista, ya que hay muchas, pero son incompletas. 

Para finalizar, ocurrió algo curioso, alegórico a este tema, en 2013. El manager de los Cerveceros de Milwaukee, Ron Roenicke, nombró al final de esa temporada como tercer catcher al utility zurdo, Logan Schafer, que todo ese año jugó como outfielder en 134 juegos y no tuvo actuación en la receptoría.

Ahora les voy a hablar de un sacerdote rompehuelgas en las Grandes Ligas. 

Aloysius Joseph Travers (Allan Travers) era un muchacho de 20 años en 1912, que estudiaba como seminarista en el St. Joseph’s College de Filadelfia. 


Era rubio, robusto, con 1.85 de estatura y 82 kilogramos de peso corporal. Constantemente jugaba beisbol. No obstante, cuando aspiró a formar parte del equipo del College, fue eliminado por no ser suficientemente bueno para esa categoría. ¡Ah! Pero, no se imaginaba que las Grandes Ligas iban a abrirle una puerta poco después, gracias a Ty Cobb y en pleno Shibe Park, la casa de los Atléticos de Filadelfia, el gran equipo de esos días, que era dirigido por su propietario y manager Connie Mack. 

Un amigo de Allan, llamado, Jimmy Bannister, le contaba ese día 18 de mayo de 1912: “Allan, están buscando jugadores para las Grandes Ligas”. Allan sonrió, creyendo que era broma. Pero Jimmy insistió: “ Sí, Allan. Dicen que todo lo que hay que hacer es presentarse al estadio si uno quiere jugar... ¡si yo jugara como tú, iría!”. 

Allan, le dijo: “No tengo nada que perder!”. 


Era sábado y no tenía clases, contaba con todo el día libre. Se vistió de pelotero y se presentó en el clubhouse de los Tigres de Detroit. El piloto Hugh Jennings, andaba desesperado armando el roster para el juego de esa tarde, que se disputaría a la 1:30 pm. Travers, dijo: “Soy lanzador derecho, señor”. 

Jennings, no tenía tiempo para estar probando jugadores y le dijo: “ Eres el abridor de esta tarde. Te pagaré 15 dólares. Así que ¡prepárate!”. 

Tres días antes, en el Yankee Stadium, Cobb, tal vez el pelotero más temperamental en la historia de las Grandes Ligas, se subió a la tribuna en pleno juego para perseguir a un fanático que le gritaba sandeces. Cobb fue fue suspendido indefinidamente. Entonces, al viajar a Filadelfia, los demás jugadores de los Tigres decidieron declararse en huelga en protesta por la sanción. 

Un forfeit injustificado hubiese podido significar que expulsaran a la franquicia de la Liga Americana. Debido a eso, el equipo de Detroit se declaró en emergencia y desde el día anterior buscó a los sustitutos por toda la ciudad. 

Como pudieron, armaron una alineación con los nuevos jugadores del club. Travers lanzó los 9 innings, porque no había otro pitcher. Le ganaron 24-2 y le conectaron 26 hits. Le fabricaron 16 carreras límpias, pero realizó 7 asistencias, sin error. 

Al día siguiente, terminó la huelga y Cobb regresó con su equipo al juego dominical. Travers, fue recibido como héroe en el College y fue aceptado inmediatamente en el equipo de beisbol que lo había execrado. Además, volvió a sus estudios, hasta ordenarse sacerdote. 


Ya de sotana, frecuentaba los juegos y comentaba: "Mi fugaz aparición en las Mayores fue un premio de Dios. Y uno de mis recuerdos favoritos”. 

Travers murió en Filadelfia el 19 de abril de 1968, víctima de problemas respiratorios, a los 76 años de edad. Y se le denominó: “Ilustre prelado rompehuelgas del beisbol de Las Grandes Ligas”. Es historia, amigos. 

Joaquín Villamizar

Fuentes: Bill Felber, 125 Years of Professional BaseballLas Mejores Anécdotas del Beisbol, por Juan Vené.

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