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Pitchers que se intercambian las esposas y la noche de los managers de tribuna


HISTORIAS DEL DIAMANTE
Por Joaquín Villamizar

Hoy vamos a hablar acerca de una negociación que no sólo asombró al mundo del beisbol... sino, ¡al mundo entero!

Durante un Spring Training, dos pitchers cambiaron sus esposas, los hijos, los automóviles, las casas y… ¡hasta los perros! Además, hablaremos de la noche en que los fanáticos que asistieron a un juego de Grandes Ligas se convirtieron en managers de ese encuentro.



Durante los entrenamientos primaverales de las Mayores, en Florida y Arizona, los periodistas esperan que en cada amanecer surja el anuncio de un cambio de peloteros. Pero, nunca algo tan asombroso como aquello del 5 de mayo de 1973. Esa mañana, había un buen sol en Fort Lauderdale, Florida, en donde entrenaban los Yankees de entonces. De repente, estalló la noticia más rimbombante de la historia del beisbol en cuanto a vida privada de dos bigleaguers se refiere.

Dos lanzadores zurdos de la rotación de los Yanquis, Mike Kekich y Fritz Peterson, intercambiaron las esposas, los hijos, los carros, los perros y las casas. Es decir, Kekich iría a vivir en la casa en donde hasta esa mañana vivía Peterson y viceversa. Ellos dos, acompañados de sus esposas, Susanne Kekich y Marilyn Peterson, muy sonreídos los cuatro, hicieron el anuncio rodeados de periodistas.

Uno de los periodistas, preguntó: “Pero, ¿por qué?”. Los cuatro siguieron sonriendo, como si se tratara de algo normal y festivo. Mike habló: “Nos enamoramos cruzados. Siento que adoro a Marilyn y ella me ama, mientras que Susanne está locamente enamorada de Fritz y él de ella”.

Enseguida recalcaron que cambiaron todo. Las dos niñas de pocos años de Kekich se iban con Peterson y los dos niños de Peterson con Kekich. Ambos eran buenos amigos desde 1969. En 1972 se frecuentaban tanto que comenzaron a hacer chistes acerca de intercambiar familias. Al paso del tiempo, se volvieron realidad esos mensajes.

Marilyn Peterson y Susanne Kekich cambiaban de cama a menudo. Y, finalmente, Mike se fue a vivir con Marilyn y viceversa en el caso de los otros dos. Así, llegaron al famoso acuerdo.


El gerente-general de los Yanquis por esa época, Lee MacPhail, sorprendido, dijo a regañadientes: “Entonces, debemos llamar a este día: El día de la familia”.

Los periodistas no podían creerlo. La época tampoco ayudaba. ¡Fue hace 47 años!

Pocos días después, las dos parejas se divorciaron de sus mismos consortes y en seguida se casaron Fritz y Susanne, quienes han llevado un buen matrimonio desde entonces. Pero Mike y Marilyn, quienes también se casaron, no congeniaron y en pocos meses ya estaban separados.

Los directivos de los Yanquis no estaban agradados, y en junio de ese año, enviaron a Kekich a los Indios de Cleveland por Lowell Palmer, quien nunca jugó en el Bronx, pero estuvo en las Mayores durante 5 años con cuatro equipos. A Peterson también lo enviaron a Cleveland, junto a Steve Cline, Fred Beene y Tom Buskey por Chris Chambliss, Dick Tidrow y Cecil Upshaw.

Peterson ha sido uno de los zurdos de mayor control en la historia del beisbol. Tanto, que calentaba antes de los juegos lanzando por zonas. Terminó con récord de 131-131, 3.30 en 11 temporadas. Después, se convirtió en predicador.

Kekich se retiró en 1977 con récord de 39-51 y 4.59 en 9 años. Pero su vida fue infortunada. Vino a lanzar a Venezuela con los Leones, Tiburones y Tigres. En uno de esos juegos, se formó una pelea multitudinaria y él salió a apartar a quienes se golpeaban, y cuando abrazaba a un compañero, éste pensó que se trataba de un rival y le lanzó un codazo que le lesionó el hígado. Fue intervenido quirúrgicamente y estuvo hospitalizado hasta después de terminada la temporada. Luego lo contrataron en República Dominicana y, estando por allá, decidió estudiar medicina para especializarse en psiquiatría en la Universidad de San Pedro de Macorís, de la cual regresó graduado. Pero luego las autoridades anularon todas las graduaciones de esa institución por fraudulentas.

Años después, Mike se entusiasmó con la aviación y compró una avioneta. Durante un vuelo solitario se le acabó la gasolina y tuvo que aterrizar en la copa de un árbol, sin lesión alguna. Fue localizado a la mañana siguiente. Resultó difícil su rescate y sólo presentó signos de deshidratación. Actualmente, se dedica en Seattle a la distribución de cerveza al por mayor.

Ahora hablaremos de cuando el público de San Luis dirigió y ganó un juego de los Carmelitas, una noche.

Ocurrió el 24 de agosto de 1951, día en que los Atléticos de Filadelfia visitaban el Sportsman’s Park, el estadio de los Carmelitas de San Luis, ante 3.921 parroquianos, a quienes no les importaba que los Carmelitas tuvieran el peor récord de ambas Ligas, con 37-81. Por eso, seguían comprando boletos.

La idea se le había ocurrido al dueño de los Carmelitas, Bill Veeck: que los fanáticos dirigieran a su equipo una noche. Los mismos fanáticos hicieron el lineup, gracias a una planilla que llenaron con 9 nombres. Ordenaron incluir al receptor Sherman Lollar y al primera base Hank Arf, en vez de los regulares Matt Batts y Ben Taylor, respectivamente. Además, enviaron a la lomita a Ned Garver, a quien no le correspondía el turno de la rotación.

Durante el juego, debían utilizar dos carteles que les dieron, uno con letras rojas que decía: “NO” y otros con letras negras que decía: “SI”. Les preguntaban igualmente por escrito. En el primer inning, los Atléticos castigaron a Garver con 5 hits y 3 carreras, pero la votación “NO” mantuvo al pitcher en el montículo, cuando les preguntaban si lo sacaban.



En el cierre del primer inning, Lollar, el catcher impuesto por los fanáticos, encendió un rally de 3 carreras con sencillo, y en el tercero superó el empate con jonrón. Tuvo noche de sencillo, doble, jonrón, tres anotadas y una impulsada en cuatro turnos.

Garver permitió sólo dos hits después de sus angustias iniciales, cuando vio tantos letreros que decían: “NO”. Tiró el juego completo y lo ganó. Ahora, ¿por qué a Veeck se le ocurrió esa idea?

Veeck originalmente había contratado a dos fanáticos, Charles Hughes y Clark Mitze, para que sirvieran de coachs para ese juego, pero, el presidente de la Liga Americana, Will Harridge, no lo permitió. Entonces, sin pedir permiso, dispuso que los fanáticos asistentes a ese juego dirigieran, mientras el real manager, Zack Taylor, sin uniforme, de saco y corbata, veía el juego desde un palco, cerca del dugout de los Carmelitas, acompañado por los coachs prohibidos, Hughes y Mitze.

Después de la victoria, Veeck quiso seguir con su público como manager, pero eso también lo prohibió Harridge. Los Carmelitas terminaron últimos con 52-102.

Veeck dijo: “Estoy seguro que el señor Harridge no sabe el mal que nos ha causado, porque la experiencia del público-mánager, tuvo récord de 1.000 puntos, con una victoria en un juego. Eso quiere decir que de haber seguido con esa dirección colegiada hubiéramos ganado todos los juegos, y en vez de terminar mal, hubiéramos tenido récord de 73-81.

Esa franquicia, la de los Carmelitas o Browns de San Luis, es ahora, y desde 1954, la de los Orioles de Baltimore. Es historia, amigos. 

Joaquín Villamizar

Fuentes: Bill Felber, 125 Years of Professional Baseball. Cinco Mil Años de Beisbol, por Juan Vené.

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