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EL EMERGENTE. Dos managers, dos leyendas, dos destinos diferentes

Sparky Anderson, manager en su primera Serie Mundial, y Pete Rose, otro viejo conocido de la LVBP

EL EMERGENTE
Por Ignacio Serrano

Jim Frey fue noticia luctuosa esta semana. A los 88 años de nacido, el ex manager de Grandes Ligas falleció en Estados Unidos por causas no achacables a la pandemia causada por el covid-19. Su deceso ocurrió horas antes de cumplirse un aniversario más de la victoria 2.000 de Sparky Anderson como piloto en las Mayores. Y es una coincidencia que emociona. Ambos ganaron buena fama, ambos pasaron por Venezuela y ambos, vaya contraste, protagonizaron historias radicalmente distintas, acá y allá.

Frey fue una figura muy popular en nuestra pelota. Durante dos décadas estuvo vinculado a los diamantes de la Liga Occidental y la LVBP. La primera parte de su carrera ocurrió con el Pastora, el original, y fue un importado habitual en Maracaibo, entre 1954 y 1959.



Hay poco material bibliográfico sobre aquel circuito, que llegó a contar con el aval oficial de la MLB. El historiador Javier González recuerda cómo brilló este antiguo patrullero, que nunca llegó a la Gran Carpa, pero que en campeonato 1954-1955 fue campeón bate con ese average de .370 que consiguió con la divisa zuliana.

Frey pasó luego por el beisbol central. Luego de una primera experiencia con el Valencia en la justa 1957-1958, defendió al Oriente en la zafra 1960-1961 y fue contratado por el Caracas para la siguiente campaña.

Le fue muy bien en ese otro capítulo de su vida beisbolera. Dejó un sólido promedio de .329 en esas tres incursiones, la última con 30 años de edad.


Anderson todavía era pelotero en aquellos tiempos. También conoció la Liga Occidental, pero en la temporada 1960-1961, cuando su compatriota ya había emigrado a la LVBP. No era un gran toletero, aquel intermedista, aunque en lares marabinos dejaría un robusto .310 con el madero. Le faltaba poco para iniciar su camino como timonel. De hecho, para la 1964-1965 fue contratado para dirigir al Magallanes, que había reaparecido después de haber mutado en Oriente y Orientales.

El Capitán Garfio “era un tipo chévere”, nos dijo una vez el legendario Luis Peñalver, miembro de nuestro Salón de la Fama y uno de sus pupilos en la nave. “Fue tremendo manager y se llevaba muy bien con los peloteros, que era lo principal”, terció Camaleón García en la misma ocasión en que le preguntamos sobre el reputado mandamás.

A Anderson, sin embargo, le fue mal en el estadio Universitario, donde los turcos tenían por entonces su hogar. Después de solamente 16 juegos, y tras un mal comienzo, fue despedido.

“El beisbol es una lotería”, lamentó Peñalver. “Traes importados, y si no te rinden, pierdes. En aquel tiempo, no contábamos con base criolla”.

Frey también emprendió la aventura de conducir en el beisbol y regresó a Venezuela. Estuvo al frente de Aragua en el torneo 1972-1973. Fue el reemplazo de Rod Carew, el inmortal panameño que terminó como manager jugador en enero del 72, ante la rebelión de la importación y por drástica, feliz decisión de Rubén Mijares, por entonces gerente general de los Tigres. No pudo darles el bicampeonato, el estadounidense. Y cuando los bengalíes decidieron buscar opciones, fue contratado por el Magallanes para la siguiente edición, 1973-1974.

Aquella campaña no tuvo desenlace, debido a una huelga de peloteros. Sería su última en la LVBP. Se sumó al cuerpo de coaches de Earl Weaver en los Orioles y poco más se supo de él.

Ya para entonces Anderson había ganado fama como “Capitán Garfio”, por su agresiva manera de manejar el pitcheo en Cincinnati y la cara de pocos amigos que usualmente mostraba en el campo. Le entregaron el volante de los Rojos en 1970 y de inmediato llegó a la Serie Mundial. Sumaría cinco en total, además de tres coronas, pues agregó las de 1972, 1975, 1976 y 1984. Ganó las últimas tres.

La quinta ya fue con Detroit. Los escarlatas le despidieron al finalizar 1978. No le perdonaron terminar dos veces consecutivas en el segundo lugar. La Gran Maquinaria estaba obligada a conquistar el banderín, siempre. Dámaso Blanco recordó el episodio en su muy leída columna de entonces, La esquina caliente, cuando la novena, ya en los años 80, le hizo lo mismo al gris ejecutivo que lo botó ominosamente, Dick Wagner. Fue una decisión que muchos no perdonaron.

Los Tigres vieron allí una ganga y fueron de inmediato a por Anderson. Nunca le faltó trabajo. Se retiró en 1995, después de 26 zafras consecutivas y 2.194 victorias. Era imposible que no consiguiera después de eso una placa en el templo de Cooperstown. Allá se encuentra hasta hoy

Frey también empezó vigorosamente en su rol como técnico. Fue nombrado piloto de los Reales para 1980 y de inmediato los metió en la Serie Mundial, igual que Anderson en su estreno, en 1970.



Su hoja de servicios resultó cortísima, para los resultados que tuvo. Fue despedido en 1981, bajo acusaciones de no hacer movimientos tácticos adecuados. Siempre se le criticó por eso. Pero contando su paso por Chicago, con los Cachorros, entre 1984 y 1986, su récord fue positivo, con .530 de porcentaje y dos títulos divisionales de cinco posibles, además de un cetro de la Liga Americana.

Más nunca dirigió. Se convirtió en ejecutivo de los oseznos y selló una miríada de cambios que contribuyeron con su fama de actuar más por impulso que por cerebro. El pacto más notable fue la adquisición de Mitch Williams por los jóvenes Rafael Palmeiro y Jamie Moyer. Ya saben quién perdió ese canje con los Rangers.

Su remoción en la Ciudad de los Vientos fue discreta, ya en los 90. La organización anunció que le enviaba a un cargo secundario y al tiempo le perdimos la pista. Fue esta semana, al leer su obituario, que descubrimos que era parte del tren directivo de los Patriotas de Sommerset, uno de los más exitosos clubes en la liga independiente del Atlántico. “Fina persona”, sostiene Juan Vené. “Adorable amigo”.


González, que es un historiador de estupendas anécdotas y recuerdos, trajo a colación de inmediato un pasaje del Frey estratega en Venezuela, ese que sería recordado por sus decisiones criticables.

“El 2 de noviembre de 1973, el catcher suplente Edito Arteaga, bateando de emergente por el estelar (y grandeliga) Gustavo Gil, conecta sencillo a la pradera derecha, en la novena entrada, para impulsar la carrera que le da el triunfo al Magallanes frente al Caracas 6 a 5”, apuntó el cronista, cuya obra ya supera la veintena de libros. “Esta increíble estrategia de Frey, dejó con la boca abierta a periodistas, narradores y comentaristas. Hasta el propio Frey se asombró de lo que había hecho. Sólo los fanáticos aplaudieron hasta más no poder tan sortaria decisión”.

Willie Horton hizo cosas parecidas y ganó hasta la Serie del Caribe. Pero ese es otro cuento diferente, en esta zaga de antiguos protagonistas del beisbol criollo, devenidos managers de fuste, que tuvieron destinos tan diferentes.

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Columna publicada en ElNacional.com, el jueves 16 de abril de 2020.

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