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¿Qué hay detrás del cambio entre Aragua y La Guaira?


EL EMERGENTE
Por Ignacio Serrano

Tanto los Tiburones como los Tigres fueron esta semana a la mesa de negociación con un claro objetivo, nacido de la recién finalizada temporada 2019-2020 de la LVBP.

Muchos aficionados han anticipado con este pacto que La Guaira no salió al mercado simplemente a buscar un receptor joven. Y tienen razón. La llegada de Sebastián Rivero es un buen movimiento, si se confirman sus progresos defensivos de los últimos dos años, pero tanto o más importante que adquirir al careta nacido hace 21 años fue entregar a Alberto González.


Se escribe “entregar” y podría escribirse “salir de”. Así de clara estaba la gerencia litoralense de que es necesario empezar a renovar la cueva y desvincular a peloteros que han mostrado rebeldía ante decisiones del alto mando.

De los salados se ha hablado mucho en enero. Llegaron a los playoffs de nuestra pelota con buena parte del favoritismo, por su primer lugar, su bateo arrollador y su pitcheo bien estructurado para la recta final. Luego crujieron las maderas y el barco que navegaba al ansiado título terminó hundiéndose en Puerto La Cruz, entre vergüenzas y peleas.

El primer plan de los Tiburones es punto menos que inflexible. González, Héctor Sánchez, Danry Vásquez, Luis Villegas y Edgmer Escalona tuvieron episodios públicos en distintos momentos de la zafra, los primeros cuatro en plena semifinal. Si se cumple lo hablado a lo interno, algunos de ellos, acaso todos, terminarán en otra divisa.

Hay más nombres. Pero pudiera ser un proceso largo. Puede resultar ser difícil negociar. Fue muy evidente lo sucedido con el manager Renny Osuna y los suyos. Por eso es claro el diagnóstico. Y es firme la determinación de la oficina en lograr un correctivo que cambie tantos torneos de sinsabores a partir de un nuevo espíritu, de un nuevo roster que tenga en la disciplina su base decisiva.

Este cambalache es una prueba de que los accionistas del club aprueban el camino que acaba de comenzar. Es importante que sigan unidos, propietarios y gerentes. Porque sabiéndose en la liga, como se sabe, que La Guaira va a vender, habrá quienes quieran aprovecharse de las leyes del mercado y ofrezcan poca cosa a cambio de piezas díscolas, pero importantes.

De todos los caídos en desgracia es Osuna el que parece tener más apoyos a lo interno. Si no hubiera agredido como agredió al umpire Carlos Leal, tendría sitio asegurado en la edición 2020-2021 de la novena. Tiene buena relación con los dueños y la oficina, ayudó a estructurar la nómina desde mediados de año, sorprendió positivamente como líder del dugout y ganó el Premio Manager de Año.

Si se mantiene como timonel, si queda solo como gerente deportivo o en definitiva es dado de baja, es algo que ya se verá.

Rivero puede convertirse en una pieza que ayude pronto. Es catcher, un bien muy preciado en la LVBP, y ha dado muestras de progreso. No ha bateado mucho en las Ligas Menores, aunque apenas tiene cuatro campañas en las granjas de los Reales de Kansas City. De todos modos, casos como los de Alex Delgado o Jesús Sucre nos recuerdan que detrás del plato no importa la ofensiva, sino la conducción del pitcheo y la defensa.

El joven reventó a 40 por ciento de los oponentes que le salieron a robar. Es una cifra magnífica. Si sigue en ese camino, compensará de verdad una pérdida necesaria, pero real.

Porque González es una pérdida. Es un pelotero rendidor en este circuito, con buen guante y una ofensiva que ha mejorado en el tiempo. Su average de .327 y sobre todo su promedio de embasado de .392 en la 2019-2020 dan un estatus importante al zuliano. Es alguien que puede ayudar en Venezuela.

Eso buscan los Tigres. La refriega que acaba de terminar fue una frustración. Quedaron con dos asuntos que fortalecer: el lineup, que produjo poco, y la rotación de abridores, que nunca fue estable.

El recién llegado aporta bateo, puede defender varias posiciones y, esperan en Maracay, lleva consigo un carácter que hace falta en Aragua, si es bien llevado. Los bengalíes tenían todo para avanzar a la postemporada. Ellos, y no los Leones, tenían que haber jugado en enero. Tuvieron mejor average colectivo que los meneludos, consiguieron más carreras, fueron muy superiores a los metropolitanos en el balance entre anotadas y recibidas, tuvieron mejor efectividad colectiva y cometieron menos errores.

¿Por qué pasaron los capitalinos y quedaron fuera los rayados, con esos contrastes supuestamente decisivos? Es un misterio que quieren resolver en el estadio José Pérez Colmenares, y esperan hacerlo con la adición de veteranos como González.

El primer cambio en el pasado receso entre campeonatos demoró hasta junio. Este ocurre apenas tres días después de abrirse el mercado, en pleno enero. Y se entiende. Ambos conjuntos, tanto Tiburones como Tigres, tienen razones de peso para moverse desde ya.

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Columna publicada en ElNacional.com, el sábado 1° de febrero de 2019.

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