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La corona menos esperada de Venezuela en la Serie del Caribe

Los Tigres de 2009 en Mexicali. El número 2 es Luis Ugueto, manager de Cardenales hoy

EL EMERGENTE
Por Ignacio Serrano

El rostro de Buddy Bailey resplandecía. No importa todo lo que se dice de su carácter y su férrea disciplina. Aquella tarde, en Mexicali, sonreía literalmente de oreja a oreja. Llevaba consigo dos cervezas y ofreció una al periodista, aunque éste únicamente venía en busca de una declaración, tras la conquista de sus Tigres de Aragua en aquella Serie del Caribe.

Fue en 2009. Fue la última vez que Venezuela ha celebrado un título en el Clásico de Febrero.



Esta expedición que lidera Luis Ugueto se parece mucho a aquella de los Tigres de Aragua. Estos Cardenales de Lara se armaron a retazos. Hay más peloteros de Caribes que vieron acción en la final (10) que de los propios pájaros rojos (7). El problema de las visas hizo que resultara más importante buscar primero entre quienes tenían el documento, como requisito fundamental. Y todo como colofón de un campeonato 2019-2020 que se disputó casi sin jugadores de Grandes Ligas o de las Menores, debido al veto de la MLB.

A Bailey le tocó difícil. Viajó a México con una escuadra que tenía 19 hombres sin contrato en el beisbol organizado, junto a 9 ligamenoristas. Apenas tenía a un bigleaguer en ejercicio, Raúl Chávez. El propio Ugueto, Ramón Castro, Rodney Medina y Ronald Belisario fueron figuras de esa novena.

Varios llegarían luego a la gran carpa. Belisario, Héctor Giménez, Yohán Pino y Wilson Ramos subirían posteriormente. Aquel conjunto era la más acabada expresión de lo que el piloto estadounidense buscaba cuando estructuraba una nómina: prefería un grupo de guerreros, hambrientos de triunfo, que una colección de egos y grandeligas.


Esos Tigres se llevaron el trofeo para sorpresa de todos, incluso de sus propios compatriotas. Jugaron duro, lanzaron bien y, sobre todo, se esforzaron más en cumplir sus tareas que en mirar sus debilidades. Antes de terminar el torneo, el quinto día, aseguraron el campeonato.

La felicidad de Bailey era comprensible. Lo había ganado todo en la LVBP. El mes anterior acababa de lograr su quinto anillo, el del tricampeonato. Únicamente ha habido tres escuadras que han conseguido tres cetros consecutivos en nuestra pelota profesional: Valencia, Caracas y Aragua. Los bengalíes coronaron la hazaña llevándose, además, aquella Serie del Caribe.

Estos Cardenales no tienen 19 agentes libres, como los rayados tenían entonces. Cuentan 27. El único entre los 28 dirigidos por Ugueto que tiene contrato con el beisbol organizado es Alí Castillo, infielder que en diciembre firmó con los Filis de Filadelfia y que debe reportarse a Triple A para el inicio de 2020.

La Serie del Caribe es otra cosa, hoy por hoy. Ya no acuden grandes astros. Los miembros del Dream Team que fueron homenajeados el sábado en San Juan son solamente eso, un buen recuerdo de tiempos mejores. Por eso la Confederación quiere convertir la justa en una cita de países, por eso ha ampliado a seis la convocatoria, sumando a Cuba, Panamá y Colombia, sin descartar a Nicaragua. Por eso el formato de competencia es otro, con semifinales y finales.


Ya veremos en qué terminan los experimentos. Por ahora, hasta el estadio Hiram Bithorn tiene gente, lo que es una novedad respecto a ediciones anteriores organizadas por Puerto Rico.

Ya veremos, también, hasta dónde llega esta versión de Cardenales. Recuerda mucho a los Tigres de 2009 y no parece una mala novena. Al menos en el contexto del beisbol invernal actual.

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Columna publicada en ElNacional.com, el lunes 3 de febrero de 2019.

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