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Una antipatía tan grande que postergó una Serie Mundial

John McGraw (centro) con el uniforme de los Gigantes / Baldwin Colection

Por Joaquín Villamizar
Una cita con la historia

¡No hubo Serie Mundial en 1904! Un solo hombre pudo más que los cientos de personas que abogaron por ella y que querían hacer posible la serie.

Los vientos de paz en 1903 entre las dos Ligas Mayores los llevó a realizar esa Serie Mundial, la primera. Ahora eran tormentosos.


Los Gigantes de Nueva York eran los campeones de la Liga Nacional y su manager era John McGraw. Excelente como dirigente, pero exageradamente rencoroso. Detestaba a Ban Johnson, el presidente de la Liga Americana. Para dejar su punto de vista bien claro, antes de terminar la temporada de 1904, se reunió con el dueño de los Gigantes, John T. Brush, y le espetó: “Eso que llaman la Americana no es una liga grande; por lo tanto, no tenemos para qué ni porqué jugar nada con ellos. Nosotros pertenecemos a la única liga grande del mundo”.

Brush decidió apoyar a su manager. Decían para la época que lo hizo por tener poco carácter, pero en realidad, también estaba reconcomiado con Johnson. Y, dijo: “Es cierto. Nada tenemos que hacer en una Serie contra de un equipo de las Menores”.

Al finalizar la campaña, los Gigantes enarbolaron una bandera gigante en el Polo Grounds y se leía en ella que los Gigantes eran “Campeones Mundiales”. Es decir, Campeones Mundiales, sin haber jugado nada contra los campeones de la otra liga.

Se creía en la época que McGraw tenía miedo a los Peregrinos de Boston, ya que éstos habían ganado la Serie Mundial del año pasado a los Piratas de Pittsburgh. Pero, el verdadero cuento era otro

McGraw era el manager en 1901 y hasta mediados de 1902 de los Orioles de Baltimore (que luego serían Yanquis) en la Americana y se reunió en una oportunidad con Ban Johnson, que ya era presidente de esa Liga, para que lo ayudara con los dueños de su equipo, porque no le habían pagado lo convenido.

Johnson, no lo ayudó. Y a mediados de 1902, McGraw fue cambiado a los Gigantes de Nueva York, en el otro circuito, en donde comenzó su dilatada y grandiosa carrera de 31 años con ese equipo.

Brush a su vez detestaba a Johnson, ya que permitió el cambio de los Orioles a Nueva York, lo que trajo como consecuencia la disminución de fanáticos de su equipo y un perjuicio económico.

Le preguntaron muchas veces al Presidente de la Liga Nacional, Harry Pulliam, el por qué no ordenaba a los Gigantes que jugaran la Serie Mundial contra Boston y éste dijo que él no tenía autoridad para obligar a los Gigantes a jugar, porque no había nada firmado. Sin embargo, los peloteros de ambos equipos querían jugar la serie y presionaron. Además, los Cachorros, que llegaron de segundos en la Nacional, y los Highlanders, segundos de la Americana, también ofrecieron ocupar esos lugares para disputar la serie. También, se ofrecieron los mejores jugadores de la Nacional para armar un All-Star.

Nada fue aceptado. Los Gigantes terminaron con un juego de exhibición contra un grupo de jugadores de los ex campeones Gigantes de 1889, el último club de esa franquicia en ganar un campeonato. Los de 1904 se impusieron 10 carreras por 8. Sin embargo, hubo buenas noticias.

Gracias a este escándalo, se logró la firma de un acuerdo para que todos los años, a partir de 1905, hubiera una Serie Mundial entre los dos campeones. Se había formalizado la Serie Mundial, después de los desprolijos experimentos del siglo XIX y de los reconcomios de McGraw y Brush.

Es historia, amigos.

Joaquín Villamizar

Fuentes: 100 Years of the World Series, de Eric Enders. The Greatest World Series Games, de Arthur “Bugs” Baer. Historias de las Series Mundiales, por Juan Vené.

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