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El sorprendente caso de Wilmer Flores


EL EMERGENTE
Por Ignacio Serrano

El sorprendente caso de Wilmer Flores es un claro ejemplo de cómo las gerencias actuales valoran aspectos que muy poco pesaban hace 20 o 30 años, lo que les lleva a tomar decisiones como la que vimos esta semana: dejar en libertad a un pelotero relativamente barato, que puede defender varias posiciones y que acaba de batear para .317, con .848 de OPS.

Estamos ante un jugador de valía, si lo medimos por esas estadísticas. ¿Cuántos defensores de la intermedia pueden poner esos registros? Muy pocos. ¿Cuántos, que además tengan la capacidad de patrullar el short, la antesala y la inicial?


Flores no solamente ligó bien con el madero, en su mejor temporada hasta ahora. Está en una edad en la que todavía debería rendir a tope, pues cuenta 28 años de nacido, y literalmente masacró a los pitchers zurdos, con .337 de average y .982 de OPS, lo que hace de él, cuando menos, un poderoso instrumento para usar desde la banca.

Todo ello no impidió a los Diamondbacks dejarlo en libertad, pagándole 500.000 dólares para comprar su contrato y rechazando la posibilidad de mantenerlo a bordo por un salario que iba a ser de 6 millones de dólares, muy poco, en lo estándares actuales, para alguien que batee así.

¿Por qué los desérticos dieron ese paso? Si se trata de alguien que, además, nunca ha sido visto como mala influencia en la cueva, ¿qué les motivó a dejarle ir, siendo que por relativamente poco podían seguir contando un con bate que ofrece tantos hits?

La respuesta que encontramos, luego de consultar un puñado de análisis escritos en Arizona sobre el tema, es un relato claro de cómo hoy los equipos planifican sus temporadas y rinden sus presupuestos, a diferencia de un pasado que no está muy lejano.

La razón primera que precipita todo es el deseo de los ofidios de devolverle la intermedia al dominicano Ketel Marte. Es uno de los favoritos de la organización, notable bujía ofensiva en 2019, junto al venezolano Eduardo Escobar. Lo usaron como jardinero central, una posición que no es la suya, como solución de continuidad ante la falta de un guardabosques natural para ese jardín. Ahora lo quieren en el cuadro.

El proyecto de la oficina es fortalecer la defensa, con un camarero más avezado que el carabobeño y un center que le dé garantía a una línea central que tiene también a Nick Ahmed en el short.

No se puede culpar de eso a los D’backs. Flores no es inseguro con el guante (tuvo un muy buen porcentaje de fildeo de .970), pero no le llega a tantas pelotas como quisiera la novena. Es muy alto, y esa corpulencia le ha afectado al perseguir batazos desde sus tiempos con los Mets, cuando era un prospecto del short.

Su factor de alcance por juego (asistencias y outs entre el número de juegos disputados) fue de 3.05 frente a 4.13 que promediaron los dueños de la segunda base en la Liga Nacional. Es demasiada la diferencia. Según Baseball Info Solutions tuvo balance negativo en las carreras salvadas con su defensiva, al atribuirle más anotaciones permitidas que evitadas. Su WAR defensivo según Baseball Reference fue negativo.

Esto causa dos problemas para la escuadra, al parecer. El primero creen solucionarlo con la mudanza de Marte. El segundo es tener que emplear como utility a alguien en cuyo desempeño al campo no confían del todo, siendo que la principal cualidad de un utility debe ser el guante, antes que el barquillo.


A esos dos inconvenientes va aparejado, ahora sí, el salario para 2020 que tenía Flores en su contrato. Esos 6 millones de dólares son poca cosa para un infielder que batee sobre .300, pero es demasiado para un jugador que solo será sustituto.

Los Diamondbacks, además, manejan un presupuesto relativamente limitado. Es lo que publican los medios en Phoenix y sus alrededores. La gerencia está en el proceso de hacer rendir sus ingresos y egresos. Necesita emplear esos 6 millones en alguien que vaya a tener un rol protagónico, no en alguien que pase mucho tiempo en la banca. Es otra de las razones que manejan.

Pero hay más. El departamento de análisis de Arizona, al parecer, llegó a la conclusión de que la ofensiva de Flores no será tan buena el año entrante. Evaluando parámetros como el average de las pelotas puestas en juego y la trayectoria previa, siendo que nunca había bateado más de .267 ni había logrado un OPS sobre .800 en sus seis campañas previas, concluyeron que en 2020 posiblemente experimentará una regresión con el madero. Vaya, que va a producir menos.

Eso piensan. Así que, llegado el momento de decidir si era bueno mantener con ellos a alguien que va a ser suplente, que no tiene la defensiva que buscan y que, asumen, está en riesgo de retroceder con el bate, han preferido dejarle ir e invertir el dinero que le tocaba en alguna otra pieza.

El nativo de Valencia puede hacerles pagar caro ese paso, con otra cosecha ascendente. Trabajo no le va a faltar. Ojalá que entre los interesados en él, que los habrá, haya clubes de la Liga Americana, donde eventualmente pueda contar también con el rol de designado a su disposición. Desde sus tiempos de adolescente era visto como un peligro potencial en el home y él está demostrando que era verdad. Pero su caso pinta de muy buen modo ese piélago de razones y circunstancias que manejan los ejecutivos en la MLB hoy, al construir un roster en el beisbol actual.

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Columna publicada en ElNacional.com, el sábado 2 de noviembre de 2019.

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