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Félix Hernández cumple 33 años mientras se juega su lugar en Cooperstown


Por Ignacio Serrano
LasMayores.com

Félix Hernández es dueño de una carrera casi impecable, digna de un aspirante al Salón de la Fama.

Irrumpió en las Grandes Ligas cuando todavía era adolescente. Ha sido el as de los Marineros de Seattle durante la mayor parte de sus 15 temporadas con esa organización. Es dueño de los récords de victorias, innings lanzados y ponches para pitchers venezolanos, un conteo en el que superó a viejos, buenos astros, como Johan Santana y Freddy García. Y en 11 oportunidades fue el abridor del Día Inaugural, incluyendo 10 veces consecutivas.

Esa cadena para un inicio de campaña ha sido la más larga en las Mayores desde que Jack Morris hilvanó la suya entre 1980 y 1993. Y al cumplir este 8 de abril los 33 años de edad, el lanzador derecho puede mostrar con orgullo más de 2.600 innings recorridos y casi 2.500 ponches en su cuenta.

Dos lideratos de efectividad, ocho zafras sobre 200 entradas, un premio Cy Young y seis apariciones en la votación para definir al mejor pitcher de cada torneo adornan la hoja de servicios de Hernández. Pero para poder acompañar a Morris en Cooperstown, necesita completar las cifras que viene acumulando desde 2005.

La precocidad fue la más notable virtud de este oriundo de Flor Amarillo, Valencia, una poblada ciudad ubicada a 140 kilómetros de Caracas. Únicamente 12 monticulistas en la historia muestran a esta edad tantos episodios, abanicados y triunfos como él. Y eso es así, a pesar de que las últimas tres zafras han sido a la baja para él. Es la prueba principal de que aún está en el camino correcto, el que conduce a las leyendas.

Ocho integrantes de aquella lista tienen una placa en Cooperstown: Walter Johnson, Christy Mathewson, Bob Feller, Don Drysdale, Bert Blyleven, Tom Seaver, Steve Carlton y Nolan Ryan. Uno más espera en la papeleta de votación: Roger Clemens. Otros dos permanecen activos: CC Sabathia y el venezolano. Y solamente uno, Mickey Lolich, se quedó fuera del templo.

Pero ojo, que 33 es la edad a la que ahora arriba el diestro. Si se incluye solamente lo hecho antes de soplar las 33 velitas, el grupo es mucho más reducido: incluye apenas a Johnson, Drysdale, Seaver, Blyleven y, por supuesto, Hernández.

El valenciano se ganó con creces el apodo de El Rey Félix que un sitio web le puso cuando todavía lanzaba en las Ligas Menores. Nadie en Seattle iguala lo que ha hecho durante los 15 torneos que lleva en esa franquicia. Este año se acercará a los 3.000 pasajes y superará los 2.500 ponchetes, una cantidad de chocolates que únicamente lograron tres latinoamericanos: el dominicano Bartolo Colón, el puertorriqueño Javier Vázquez y Pedro Martínez.

El quisqueyano también hizo méritos indiscutibles para tener ese mote de Pedro El Grande. Pero su carrera también muestra un ejemplo de cómo un recorrido excepcional en la gran carpa puede llegar a su final con suma rapidez. Hasta sus 33 años de edad fue uno de los dos o tres mejores tiradores de su tiempo. A partir de los 34 tuvo 4.58 de efectividad en cuatro campeonatos más, sus últimos, y promedió tan solo 14 aperturas anuales, mientras lidiaba contra las lesiones que finalmente adelantaron su retiro.

Algo semejante ocurrió con Sam McDowell, que entre 1961 y 1970 dominó la Liga Americana, sin poder completar luego ese camino que le prometía la inmortalidad en el beisbol. Y lo mismo sucedió con Fernando Valenzuela, el mexicano que de 1981 a 1986 tiranizó la Nacional, perdiendo filo después de eso.

Hernández viene de sufrir una pesadilla en 2018, que incluyó un registro de 0-8 en sus últimas 10 salidas, a partir del 30 de junio. Sufrió en los juegos de exhibición para quedarse como miembro de la rotación de los Marineros y el manager Scott Servais le ha insistido en la necesidad de reinventarse sobre el morrito, al no tener ya el brazo poderoso de sus tiempos más jóvenes.

Servais llegó a reprender públicamente la selección de pitcheos que hizo su pupilo en la Liga del Cactus, mientras el carabobeño era bateado por los contrarios en esta última primavera. Quiere el estratega que deje de apoyarse en la recta y emplee más la curva y el cambio. Sobre todo la curva.

La primera prueba real se saldó con éxito. Hernández permitió solamente una carrera merecida en 5.1 innings, sin bases por bolas y con cuatro ponches, el 1° de abril. Su velocidad máxima estuvo entre 89 y 92 millas por hora. Salió del Safeco Field bajo una sonora ovación.

“Fue duro”, confesó a MLB.com y otros medios de comunicación, cuando le preguntaron por la larga espera para lanzar su primer cotejo de la temporada. “Pero no tengo nada que demostrarle a nadie. Tengo que lanzar por mí”.

El aplauso de su fanaticada probablemente fue un bálsamo para este autor de un Juego Perfecto y de 31 duelos de 10 o más guillotinados. Es también el suspiro de la tribuna por un primer paso. La Corte del Rey, ese grupo de aficionados que viste de amarillo y se sienta en los bleachers de la izquierda, en su estadio, todavía anhela verle dominar en las Grandes Ligas.

No es tarde para completar el currículo que le ponga en las puertas de Cooperstown. A los 33, todavía le quedaba mucho por hacer a Ryan, Carlton, Seaver, Byleven o Johnson. La inmortalidad se nutre de grandes momentos, como los que ha vivido Hernández. Pero se asegura con la durabilidad.

Eso es lo que está en juego a partir de este cumpleaños para el monticulista más prolífico que haya nacido en Venezuela: nada menos que su derecho a aspirar algún día al Salón de la Fama.

Publicado en LasMayores.com, el lunes 8 de abril de 2019. Aquí está la original.

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