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Margarita fue la perla de esta temporada


EL EMERGENTE
Por Ignacio Serrano

Margarita fue una de las mejores noticias de la temporada. Y no por su clasificación, que otras veces ha estado en los playoffs, a pesar de tener las apuestas en contra.

Lo novedoso esta vez fue el récord positivo, y especialmente las razones que llevaron a los Bravos a terminar con más victorias que derrotas, por primera vez desde que la franquicia se mudó a la isla.

La tropa de Henry Blanco fue un animador. La divisa que tantas veces comenzó bien, para irse apagando conforme avanzaba la eliminatoria, mantuvo su nivel todo el campeonato, llegando a amenazar con tomar el primer lugar en la última semana de la fase regular.

Una importación de primera sustentó en cierta medida ese desempeño. Los bates extranjeros dispararon 14 cuadrangulares y lograron .780 de OPS, con puntos muy elevados en los casos de José Rojas, Olmo Rosario y a finales de campaña Rudy Flores, con Cade Gotta aportando en menor medida, debido a las lesiones. Similar rendimiento hubo desde la lomita, con siete forasteros que se combinaron para una efectividad de 3.45 y apenas 2,51 bases por bolas por cada nueve episodios.

El trabajo de Blanco y su staff también influyó. Rindió frutos la espera por el manager, que al fin pudo estar desde las prácticas, en septiembre, pudiendo echar las bases que permitieron el funcionamiento armónico entre los coaches y en la cueva. Pero si todo lo descrito apunta a la oficina, también hay que resaltar la principal razón que hizo de los neoespartanos esta buena nueva de la 2018-2019, a pesar de su caída en la primera ronda de la postemporada.

Ese motor principal fue la base criolla, por la que tanto ha trabajado la novena y que finalmente estuvo en capacidad de competir no solamente al inicio, cuando todos dependen de jóvenes ligamenoristas, sino también en diciembre, cuando los grandeligas se han reportado y la dificultad es mucho mayor.

El antiguo armazón de veteranos fue sustituido parcialmente por bisoños peloteros, que rodearon en el lineup a la importación y a Daniel Mayora, sin que se notara su falta de experiencia: David Rodríguez fue la principal enseña, pero también Luis Castro, Imeldo Díaz y en la recta final Erick Salcedo, llegado de los Tigres en un cambio. Todo, con el buen manejo de Francisco Díaz detrás del home.

Lo más resaltante, como ha sido en esta organización recientemente, estuvo en el cuerpo de lanzadores. Más allá de veteranos como Omar Bencomo Jr., Luis Ramírez, Anthony Ortega y Luis Bastardo, la nueva generación sumó a Pedro Ávila, Alfred Gutiérrez, Moisés Antonio Gómez, Mario Sánchez y Randy Valladares, por citar a cinco protagonistas.

Margarita pudo ser más, pero así como hace dos campañas le pararon a Yonny Chirinos, esta vez las restricciones sacaron en noviembre a Ávila, de gran actuación. Y como Bencomo incurrió en una violación al programa antidopaje, a los orientales les tocó asumir la segunda mitad sin sus dos mejores abridores.

Que los Bravos se mantuvieran en la primera línea de batalla, a pesar de esas bajas, habla con alto volumen del trabajo que permitió armar un roster capaz de competir sin piezas tan importantes. El equipo con menos bigleaguers en la liga le plantó cara a los demás y mereció un mejor final. Por eso, cerró como una de las grandes noticias de esta zafra.

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Columna publicada en El Nacional, en su edición digital del viernes 18 de enero de 2019. No pudo circular en papel debido a las restricciones que sufre la prensa venezolana.

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Todos los derechos reservados © Ignacio Serrano, El Emergente. Dirección de BALOO Media. Licencia de OddThemes y VineThemes
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