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José Moreno, de manager novato a manager campeón

El manager Jose Moreno (ziquierda) con el presidente Humberto Oropeza (centro) y los coaches
José Rosado, César Izturis y Dennis Malavé / Foto Prensa Cardenales

EL EMERGENTE
Por Ignacio Serrano

José Moreno esperó 20 años para ser manager en Venezuela y apenas dos para ser campeón.

El ex receptor ha dedicado casi toda su carrera en la LVBP a los Cardenales. Aunque saltó al profesional con los Leones, a mediados de los 90, pasó a los pájaros rojos en 1989 y celebró la primera corona de la divisa, en la temporada 1990-1991, al mando de Domingo Carrasquel.

Su trabajo como manager en las categorías inferiores de Seattle marcó su estilo al frente del Lara. Desde que dejó el puesto de coach de banca, donde asesoró a Luis Dorante, ha sido un motivador, uno de esos estrategas que se preocupan antes que nada por el lazo que une a sus jugadores con el equipo.

“Tengo que saber cómo está cada uno de mis peloteros”, repite. “Y debo hacerles saber cuál es el papel de cada uno en el club. Todos tienen una responsabilidad, todos quieren jugar, todos tienen una oportunidad”.

Esas premisas no fueron tan evidentes en los playoffs, porque no hubo necesidad de echar mano a la banca. Los crepusculares, a diferencia del campeonato pasado, contaron con una profundidad que se convirtió en punto fuerte. Pero durante la eliminatoria fue común ver a peloteros de la reserva cumplir un papel protagónico. De hecho, los larenses pudieron completar con bien la ronda eliminatoria gracias a eso, luego de la tragedia que les arrebatara a Luis Valbuena y José Castillo por acción del hampa.

La mano de Moreno se notó más que nunca a partir de entonces. Bajo su mando, una nómina desgarrada por el dolor se mantuvo unida y enfocada en el objetivo, que pasó de ser la conquista de la corona, loable objetivo de todos con conjuntos, a rendir homenaje a los compañeros caídos. Y ese homenaje solamente podía terminar como acabó este lunes, con la visita de todos a la tumba de Valbuena, para llevarle el trofeo que simbolizaba la tarea cumplida.

La tragedia permitió ver aspectos desconocidos del timonel nacido en Punto Fijo. Entre octubre y comienzos de diciembre apenas tocó la bola, apenas ordenó robos o jugadas de correr y batear. ¿Para qué, si su ofensiva avasallaba? Al perder a su líder jonronero, a sus dos mejores empujadores, cambió su estilo y empezó a apostar por la pelota pequeña.

Al reducirse la producción con los maderos, se volvió más importante el desempeño monticular y el manejo de los brazos. Fue cuando apareció la mejor versión de Moreno. Primero contra los Bravos y luego contra los Navegantes, empezó a llamar a sus mejores bomberos en el sexto o incluso el quinto inning. Parecía lógico aprovechar la abundancia que tenía, pero no todos los técnicos hicieron así. De hecho, varios perdieron juegos vitales teniendo a sus mejores hombres disponibles en el bullpen. Él no. O al menos casi nunca le pasó durante la recta final.

Después de administrar a sus abridores en la eliminatoria, bajo la premisa de ahorrar innings y vitalidad con vistas a enero, se convirtió en un cirujano, un manejador agresivo en los playoffs. Gracias a eso, y porque tenía brazos de sobra, se convirtió en tarea casi imposible derrotar al Cardenales después del cuarto inning.

Pasó 20 años esperando dirigir en la LVBP. Estuvo dos años al frente de los larenses. Y en solo dos meses, estos dos meses decisivos, demostró madurez y creció lo necesario para conducir a los suyos a la ansiada corona.

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Columna publicada en El Nacional, en su edición digital del miércoles 30 de enero de 2019. No pudo circular en papel debido a las restricciones que sufre la prensa venezolana.

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