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Un dolor que le dio la vuelta al mundo


La muerte de Luis Valbuena y José Castillo en un accidente provocado por el hampa impactó Venezuela, pero también muchos otros corazones ubicados lejos de las fronteras

Por Ignacio Serrano
El-Nacional.com

Tiene que ser persona buena aquel a quien todos recuerdan por su sonrisa en el momento del adiós.

Luis Valbuena ha sido citado desde el viernes por decenas de ex compañeros y ejecutivos de equipos de Grandes Ligas, que lamentan la muerte de alguien que, como agente libre, buscaba contrato para su duodécima temporada en la MLB.

Desde Marwin González a Mike Trout, pasando por los comunicados oficiales que fueron publicados por casi todas las divisas de las Mayores, la sonrisa del zuliano fue la memoria más citada, junto a su cálida relación con quienes le tocó compartir en la cueva.

“Competidor y amigo”, pusieron los Ángeles de Los Ángeles en su cuenta de Twitter.

La muerte de Valbuena y Castillo, provocada por delincuentes de carretera, la madrugada del viernes, dejó en Venezuela un dolor demoledor que recorrió estaciones de radio, emisiones de TV y páginas web, mientras el público descubría con dolor cada detalle del provocado accidente vial.

El impacto local fue notable. El estadio Antonio Herrera Gutiérrez de Barquisimeto llenó sus tribunas sin que prácticamente hubiera tiempo para una convocatoria y una misa de cuerpo presente se llevó a cabo con la participación de todos los Cardenales de Lara, de novena de ambos en la LVBP.

Al hombro de sus ex compañeros, los féretros con los cuerpos de Valbuena y Castillo recorrieron el escenario por última vez, entre el aplauso a los héroes deportivos, las lágrimas por la absurda despedida y, de acuerdo con el reporte del diario El Impulso, los abucheos destinados a las autoridades encargadas de evitar que tragedias como esta sigan enlutando a tantas familias venezolanas.

La onda expansiva de tristeza abarcó el territorio nacional. Fueron postergados los tres encuentros pautados para la fecha en la pelota profesional y también el duelo de los pájaros rojos contra los Bravos el sábado. Los Leones, primer club de Castillo, colgaron en la cueva de la izquierda del parque Universitario una camiseta con el número 14 que el Hacha usó durante más de una década.

El ex camarero de los Piratas de Pittsburgh se convirtió en el octavo bateador apenas con 1.000 hits en la liga local. Interrogado luego de eso, también en octubre, nos dijo que fue en Caracas donde reunió los mejores recuerdos de su carrera.

Y al guariqueño le sobraban recuerdos. Defendió a las ocho franquicias del circuito, bien en rondas eliminatorias, postemporadas o en la Serie del Caribe. Es posible que en eso haya sido un caso único. Durante un lustro jugó en la gran carpa y llevó su talento a México, Taiwán y Japón.

No solamente aficionados, también periodistas de distintas edades recordaron de inmediato su don de gente. No se conocen desplantes del llanero, que con gran corrección solía referirse como “señorita” a las periodistas que le interrogaban, cuando era una dama quien se le acercaba con un micrófono o una libreta.

Pero el impacto de la noticia y la trascendencia de ambos jugadores se mide en la cobertura internacional que recibió, en las decenas de ex colegas que manifestaron su dolor en las redes sociales, los partes luctuosos de las escuadras para las que jugaron y otras a las que adversaron, los minutos al aire a través de MLB Network y otras estaciones.

Estrellas como Anthony Rizzo y Collin McHugh, analistas como Ken Rosenthal y Harold Reynolds, compatriotas como Ender Inciarte y el gran Luis Aparicio unieron sus voces a miles y miles de fanáticos compungidos.

Aparicio, el único miembro venezolano del Salón de la Fama de Cooperstown, recordando la forma en que Castillo y Valbuena perdieron la vida, resumió el sentimiento general en cinco palabras: “Esto no puede seguir sucediendo”.

“El día que no batee la recta, me retiro”, prometió el Hacha después del millar de hits. Su último sueño era ver jugar profesionalmente a su hijo, campocorto y prospecto, como alguna vez fue él.

Tim Mead, vicepresidente de Anaheim, trazó un impecable retrato de Valbuena, cuyo último turno al bate en las Grandes Ligas ocurrió hace meses, con esa novena: “Todos los días, todos, tenía una sonrisa en el rostro, felicidad en el corazón y un genuino interés en hacer que los demás sintieran lo mismo. Trató a todos con respeto, sinceridad y un maravilloso sentido del humor. Todos los días. Todos”.

Descansen en paz.

Publicado en la edición impresa de El Nacional, el domingo 9 de diciembre de 2018.

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Ignacio Serrano

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