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Al beisbol zuliano, con admiración


El Emergente
Por Ignacio Serrano

No es regionalismo. Basta con repasar la lista de los primeros integrantes del Salón de la Fama del Museo del Beisbol Zuliano para entender por qué los aficionados de esa zona del país reclaman el derecho de ser la cuna del beisbol en Venezuela, aunque la enorme mayoría de los historiadores haya probado que todo comenzó con los equipos Azul y Rojo del Caracas BBC, en el siglo 19.

El lar del gran Luis Aparicio es uno de los focos fundamentales en el origen, auge y consolidación de este deporte aquí. Y la primera promoción de inmortales zulianos ofrece argumentos sólidos para quien desee defender esa tesis.

Ya es una pista interesante que no exista otro estado con un pabellón como el creado hace un año en el estadio Luis Aparicio El Grande, un hermoso rincón de historia, presidido por Giamberto Urdaneta, donde es posible hacer un recorrido a través de los tiempos de la pelota romántica y llegar a esta era de grandeligas y súper estrellas.

Pero el mayor argumento está en esos 15 elegidos que, a partir del 18 de noviembre, fecha emblemática para la zulianidad, tendrán un lugar bien ganado en el naciente Salón de la Fama.

Pongan atención, porque perfectamente podríamos estar hablando de una galería con los más notables de Venezuela.

Esa primera promoción incluye a Luis Aparicio Ortega, el campocorto cuyo apodo “El Grande” da nombre al parque donde juegan las Águilas. Está también Ernesto Aparicio, ex jugador, formador de peloteros y uno de los motores del beisbol marabino, tan rico como en su momento el caraqueño.

Están también José Antonio Casanova y Dalmiro Finol, astros de la Selección Nacional que logró el título en la Serie Mundial Amateur de 1941, en La Habana. Está, por supuesto, Luis Aparicio Montiel, nuestro único representante en Cooperstown, al menos hasta que Omar Vizquel o Miguel Cabrera se acomoden a su lado.

Están Pompeyo Davalillo, Ramón Monzant, Ángel Bravo y el gran Víctor Davalillo, bigleaguers en un tiempo en que eso era casi imposible para los nacidos en América Latina y figuras fundamentales de la LVBP. También el Carrao Bracho, el pitcher con más victorias en nuestra pelota, y Teolindo Acosta, el hombre que inventó el hit, como le decían en esos tiempos en que únicamente Vitico era capaz de regar más imparables que él por los campos locales.

Está Leonel Carrión, el bateador más representativo en la historia de las Águilas. Y Wilson Álvarez, sin duda el lanzador más célebre en el casi medio siglo que tienen los rapaces.

Es un grupo formado por 13 referencias fundamentales de nuestro pasatiempo nacional. Y con ellos, será entronizado Luis Rodolfo Machado Bohórquez, por cuya iniciativa regresó la pelota profesional al lugar de donde nunca debió irse. Y Dionisio Acosta, honesto luchador por los derechos de los protagonistas del espectáculo, creador de la Asociación de Peloteros y propulsor del Juego de Estrellas, cuando ambas cosas eran orgullos de la fanaticada.

Son 15, y sin embargo, faltan tantos que irán sumándose. Faltan varios Héroes del 41, faltan promotores del beisbol aficionado y de la Liga Occidental, faltan grandeligas y no pocos ídolos del pasado lejano y reciente.

Al Zulia debemos una parte importante del amor que sentimos por este deporte. Y el 18 de noviembre tendremos nuevas razones para celebrarlo.

Columna publicada en El Nacional, en su edición del miércoles 7 de noviembre de 2018.

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