Top Menu

 

José Castillo y el difícil ticket a la inmortalidad

El Emergente
Ignacio Serrano

¿En qué momento asegura un pelotero su lugar en el Salón de la Fama?

Está claro que se trata de una suma de merecimientos, un premio a la trayectoria, que va más allá de hazañas y logros puntuales. Pero el ingreso al pabellón de Valencia exige un camino más arduo. Como su paraguas lo abarca todo, desde las Selecciones Nacionales y el beisbol amateur, pasando por la LVBP y las Grandes Ligas, y como hay casos de peloteros que brillaron en una de esas áreas, pero en las otras no, el proceso de selección se hace más complejo.

Incluso hay votantes que desconocen el mandato dado por los estatutos de votación, que nos obligan a contemplarlo todo y escoger a los más notables, sin importar que fueran grandeligas o astros de nuestra pelota profesional. Es lo que explica que Omar Vizquel apenas haya logrado el 75 por ciento de las planillas esta vez y que Andrés Galarraga superara por muy poco el 80 por ciento, cuando han debido ingresar por aclamación. Y es lo que explica también que Leonardo Hernández o Edwin Hurtado, entre otros ejemplos, sigan postergados, a pesar de haber ganado el estatus de leyendas invernales.

En esa trayectoria que define la inmortalidad aparecen hitos, puntos de inflexión que mueven a hacer creer que una candidatura es irreversible. Y eso fue lo que ocurrió con José Castillo, al golpear el hit 1.000 en su carrera de 19 temporadas.

El solo hecho de completar un millar de inatrapables es suficiente argumento para confrontar con optimismo a los votantes. Falta para eso, porque el nativo de Las Mercedes no piensa en el retiro, a sus 39 años de edad, y deberá esperar cinco años tras colgar los spikes, hasta finalmente entrar a la planilla de elegibles.

Pero Castillo tiene un currículo muy amplio. Es el octavo en la lista de los mayores hiteadores de la liga. Es segundo en el escalafón de todos los tiempos con 537 impulsadas. Es octavo con 158 tubeyes. Octavo también con 89 jonrones. Empata con Grégor Blanco, con .306, con el octavo mejor average entre quienes al menos han consumido 1.000 turnos en la pelota criolla (y es tercero cuando la búsqueda se sube a 2.000 viajes al home, solamente superado por Vitico Davalillo y Luis Sojo).

Bien sea por sus promedios o por sus totales acumulados, por los batazos de corto metraje o las conexiones de más de una almohadilla, está metido entre los mejores de todos los tiempos. Hay que guardarle un voto en la papeleta, apenas su nombre aparezca.

Pero el de Valencia no es el Salón de la Fama de la LVBP. Es el templo del beisbol venezolano en general. Si fuera lo primero, jugadores como Félix Hernández y en el futuro Gleyber Torres o Ronald Acuña, brillantes en las Grandes Ligas, sin mayor participación en el país, quedarían fuera del sitio que debe reunir a los mejores de cada ámbito.

Lo hecho por Castillo es un recordatorio de la deuda que tenemos con la historia de nuestro beisbol. Cada vez es más evidente que deben crearse dos planillas, una donde figuren las antiguas estrellas de la MLB y otra donde aparezcan los jugadores retirados de este circuito, dando a cada quien su justo lugar y la posibilidad de entrar al Salón de la Fama, así sea de manera interanual.

Las figuras que hicieron grande nuestro pasatiempo nacional merecen esa sencilla deferencia.

Columna publicada en El Nacional, en su edición del martes 22 de octubre de 2018.

Compartir:

2 comentarios :

  1. un crimen lo que se comete contra leonardo hernandez , al retirarse estaba entre los topes de la mayoria de las categorías ofensivas

    ResponderEliminar
  2. No entiendo. Para mi Edwin Hurtado fue mucho mejor que sus contemporaneos Omar daal y Giovanny Carrara. Y todavia no lo eligen.

    ResponderEliminar

 
Todos los derechos reservados © Ignacio Serrano, El Emergente. Diseñado por BALOO Media. Licencia de OddThemes y VineThemes