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América Latina es protagonista en las Series de Campeonato

Por Ignacio Serrano / LasMayores.com

Desde que Manny Trillo cautivó a las Grandes Ligas con su sólida defensa, su potente brazo y su producción ofensiva en 1980, los nacidos en América Latina han sido reiterados protagonistas en las Series de Campeonato, el penúltimo paso que deben cumplir los equipos en el camino que lleva a la ansiada Serie Mundial.

La crónica de las postemporadas recoge la historia de 17 peloteros oriundos de la región que han conquistado el premio al Jugador Más Valioso en la instancia que disputan esta vez los Astros, Medias Rojas, Cerveceros y Dodgers. Es un recuento que recuerda muchos de los momentos más vibrantes que los jugadores del área han vivido en la acción decisiva de octubre.

¿Habrá en 2018 un nuevo capítulo en esta brillante secuencia, esperando por ser redactado?

Manny Trillo (Filis) 1980
El venezolano Manny Trillo abrió la cuenta en 1980, el cuarto año en que se entregó el galardón, defendiendo a unos Filis de Mike Schmidt, Steve Carlton y Pete Rose que iban camino a conquistar su primer anillo de Serie Mundial.

El camarero sobresalió por su ofensiva, con 8 hits en 21 turnos, incluyendo dos tubeyes y un triple que le ayudaron a dejar promedios de .381/.364/.571 y un brillante OPS de .935, con 12 bases alcanzadas.

Solamente eso merecía reconocimiento, especialmente por no ser el nativo de Caripito un jugador con particular vocación ofensiva. Aquel año ganó el primero de sus dos bates de plata, pero lo hizo con un OPS de .746 y nunca dio más de 25 dobletes ni pasó de ocho jonrones en una temporada.

Su proverbial defensiva, que le valió tres guantes de oro, cimentó el galardón esa vez, al actuar de manera impecable en la intermedia y realizar importantes outs mostrando su poderoso brazo, con disparos en relevo hacia el home ante unos Astros que por primera vez disputaban los playoffs.

Roberto Alomar (Azulejos), 1992
El puertorriqueño Roberto Alomar no había llegado al pináculo de su carrera cuando arrasó con los lanzadores de los Atléticos e impulsó a los Azulejos a su primera Serie Mundial.

El camarero ligó para .423/.464/.692, con 11 indiscutibles en 28 oportunidades, incluyendo un doble y dos vuelacercas.

Acababa de asistir por tercera vez al Juego de Estrellas y venía de conseguir el primero de sus nueve torneos sobre ,300 con el madero, en pleno ascenso en el recorrido que le llevaría a contar con una placa en el Salón de la fama de Cooperstown.

Toronto tenía una escuadra compacta, con los bates de Joe Carter, Dave Winfield, John Olerud, un Jeff Kent todavía en ascenso y un cuerpo de lanzadores que encabezaban Jack Morris, Jimmy Key y Juan Guzmán.

Alomar se convertiría en uno de los más célebres integrantes de aquella escuadra, que le daría al equipo canadiense el primero de sus dos títulos consecutivos en el clásico de octubre, los únicos que han sido ganados hasta ahora por novenas no estadounidenses.

Javier López (Bravos), 1996
El boricua Javier López fue una máquina de dar extrabases en el duelo a siete encuentros que los Bravos y los Cardenales disputaron en 1996.

El receptor nacido en Ponce dejó una línea asombrosa, con promedios de .542/.607/1.000, gracias a 13 indiscutibles, entre los que se contaron cinco biangulares y dos bambinazos.

Todavía estaba por vivir sus mejores años en las Mayores, pero ya había sido parte del equipo que se llevó el clásico de octubre en la justa anterior.

Con bien ganada reputación de ser uno de los caretas más productivos de su tiempo, fue uno de los emblemas de aquel elenco que conquistó en 14 oportunidades consecutivas la División Este de la Liga Nacional, un récord para los deportes profesionales que todavía perdura.

Bernie Williams (Yanquis), 1996
Por primera vez, los dos ganadores del Jugador Más Valioso en las Series de Campeonato fueron a parar a América Latina. Y ambos trofeos, además, terminaron en la Isla del Encanto.

Williams le dio a Puerto Rico su segunda alegría, al castigar los envíos de los Orioles durante los cinco encuentros que ese equipo disputó con los Yanquis.

El hábil patrullero central exhibió su proverbial defensa y un barquillo qué causó gran daño, con tres batazos de dos esquinas y un par de pelotas fuera del campo.

En total, bateó para .474/.583/.947, con seis anotadas, otras tantas empujadas y 1.531 de OPS.

Aquel fue el inicio de una era de dominio para Nueva York, que entre 1996 y 2000 conseguiría cuatro anillos de Serie Mundial, siempre con él ambidiestro de San Juan completando en el fondo la línea central.

Livan Hernández (Marlins), 1997
El cubano Liván Hernández era un juvenil prospecto cuando se convirtió en la celebridad de los Marlins y el principal bastión de esa escuadra, terminaría atrapando el clásico de octubre.

No sólo tiró un juego completo en la Serie de Campeonato contra los Bravos, sino que, además, hizo un relevo adicional que le permitió terminar con 16 ponches y apenas una carrera recibida en 10 innings y dos tercios.

El nativo de Villa Clara se llevó el galardón al mejor pelotero de la serie y lo obtuvo de nuevo cuando, en los días que siguieron agregó otras dos victorias ante Cleveland y condujo a Florida al primer anillo de la franquicia.

Era apenas la muestra inicial de lo que se convertiría en la fructífera carrera de un caballo de batalla, capaz de superar los 200 innings en 10 oportunidades, incluyendo siete consecutivas entre 2000 y 2006.

Nunca tuvo mayor fama, sin embargo, que a sus 22 años de edad, siendo un novato con apenas 18 juegos de experiencia en las Grandes Ligas cuando empezaron esos playoffs que cambiarían su vida.

Eddie Pérez (Bravos), 1999
El receptor venezolano Eddie Pérez nunca había jugado como titular en la gran carpa, pero una lesión de su compañero Javy López le dio el chance de convertirse en protagonista y él supo aprovechar el momento.

El zuliano maltrató a los Mets con 10 cohetes, incluyendo dos tubeyes y dos vuelacercas que impulsaron a los Bravos hacia otra Serie Mundial.

Mucho más conocido por su manejo de la mascota, habilidad que le llevó a convertirse en el catcher particular del legendario Greg Maddux, bateo para .500/.524/.900, con 18 bases alcanzadas.

En 2003, ya con los Cerveceros, volvería a tener otra oportunidad de alinear con frecuencia casi diaria, pero esa de 1999 fue la cosecha más notable en sus 11 años de carrera y grabaron su nombre para siempre en la historia de la franquicia.

Orlando “Duque” Hernández (Yanquis), 1999
Por segunda oportunidad, los nacidos en América Latina coparon las Series de Campeonato.

El “Duque” Hernández emuló lo he hecho por su hermano Liván dos años antes y se convirtió en el símbolo de los Yanquis de 1999, en la que resultaría, posiblemente, la más fructífera zafra de su trayectoria.

Llegó más tarde a la MLB que su célebre pariente y tenía 33 años de edad cuando, en su segundo torneo arriba, maniató a los Medias Rojas para ganar fama y reconocimiento.

Dos comienzos hizo Hernández en esa Serie de Campeonato ante Boston, con una victoria y 15 entradas, en las que aisló tres carreras merecidas y repartió 13 ponches.

Benito Santiago (Gigantes), 2002
El boricua Benito Santiago ya era un veterano con 37 años de nacido y 17 campañas en la MLB cuando condujo con su defensa y su hábil manera de llamar los picheos a los Gigantes de 2002.

Aquella divisa, en la que Barry Bonds parecía abarcarlo todo, tuvo en el nativo de Ponce a su principal inspiración, al menos esta vez.

No sólo bloqueó pitcheos y condujo a los suyos a ganar en cuatro de las cinco veces que saltaron al terreno frente a los Cardenales. Lo hizo también con una sólida actuación ofensiva, en la que ligó para .300/.364/.600, con dos pelotas para la calle, seis remolques y .964 de OPS.

Santiago le dio de esa manera su cuarto reconocimiento a Puerto Rico en estas instancias y el tercero para uno de sus caretas.

Mariano Rivera (Yanquis), 2003
Una parte importante de la bien ganada fama del panameño Mariano Rivera se remonta a esta confrontación contra los Medias Rojas en 2003, en la que fue figura indiscutible para los Yanquis.

Rivera hizo recordar los viejos tiempos en los que los relevistas actuaban en más de un episodio por cotejo en busca del salvado.

Cuatro veces salió a lanzar ante Boston y apenas toleró una anotación en los ocho pasajes qué completo, sin entregar boletos y con tan sólo cinco hits en contra.

Su WHIP de 0.63, con efectividad de 1.13, una victoria y dos salvados, atestiguan su dominio sobre la loma.

Iván Rodríguez (Marlins), 2003
Por segundo año consecutivo, un representante de la Isla del Encanto y defensor de la receptoría resultaría premiado, y por tercera oportunidad en la historia los latinos arrasarían con las distinciones de ambas ligas.

Rodríguez fue adquirido por los Marlins para dar jerarquía a la línea central, un sólido madero al lineup y liderazgo en la cueva. Todo eso se vio en la serie que los peces se llevaron ante los Cachorros en siete juegos, con el futuro miembro del Salón de la Fama en plan estelar.

Rodríguez se lució con el staff de monticulistas, lo mismo que con el bate.

Dejó una línea de .321/.424/.607, con cuatro extrabases, incluyendo dos cuadrangulares, todo lo cual le permitió llevar 10 marcas al plato y cerrar con 1.031 de OPS.

En una escuadra que combinaba caras nuevas, como la de Miguel Cabrera, y una rotación joven de gran talento, con nombres como Josh Beckett y Dontrelle Willis, Pudge permanece como uno de los rostros más emblemáticos de aquellos peces, qué terminarían cargando nuevamente con el trofeo mundial.

Albert Pujols (Cardenales), 2004
La Serie de Campeonato de 2004 entre los Cardenales y los Astros mostró lo mejor del dominicano Albert Pujols, que literalmente masacró los envíos de los texanos, enviando detrás de la barda cuatro pelotas, agregando dos biangulares y empujando nueve carreras en los siete duelos que duró el tope.

Ya estaba el quisqueyano en la cima de su carrera, en el medio de una seguidilla de ocho convocatorias consecutivas al Juego de Estrellas y a punto de ganar el primero de sus tres premios al Jugador Más Valioso de la Liga Nacional con los pájaros rojos.

Bateo para .500/.563/1.000, lo que le permitió dejar un OPS de 1.563 y alcanzar la friolera de 28 bases con sus 14 conexiones a tierra de nadie.

David Ortiz (Medias Rojas), 2004
Por cuarta oportunidad y segunda de manera corrida, los jugadores nacidos por debajo del Río Grande dominaron los galardones en la penúltima ronda de la MLB.

El dominicano David Ortiz se unió a su compatriota Albert Pujols para impulsar a los suyos a una Serie Mundial que ganarían los Medias Rojas, poniendo fin a la maldición de Babe Ruth y a casi un siglo sin coronas para la franquicia.

Fue esta la serie en la que Big Papi popularizó para siempre su apodo y su fama de jugador hecho para los momentos de presión. Con los patirrojos abajo ante los Yanquis 3 juegos por 0, dio el cuadrangular que decidió el extrainning en el cuarto compromiso y no paró de batear, para terminar con un tribey, tres cuadrangulares, 11 fletadas y promedios de .387/.457/.742.

Plácido Polanco (Cardenales), 2006
Ya el quisqueyano Plácido Polanco había vivido momentos protagónicos con San Luis, pero su punto más alto llegó en la confrontación de los Tigres ante los Atléticos por el pase a la Serie Mundial de 2006.

El nativo de Santo Domingo se convirtió en el tercero de sus compatriotas en recibir el JMV en esta instancia, todo en un lapso de apenas tres años, y lo hizo brillando en la segunda base de Detroit y mostrando un ritmo implacable con el bate.

Polanco apenas pisó dos veces el plato y llevó a dos compañeros al home, pero fue el catalizador de la ofensiva contra Oakland, al dejar caer en tierra buena nueve batazos y tomar dos bases por bolas en 19 apariciones legales, dejando una línea de .529/.579/.588.

No pudo mantener el paso en el Clásico de Octubre, donde fallaría 17 veces sin poder dar hits, mientras su equipo se desplomaba ante los Cardenales en apenas cinco duelos.

Nelson Cruz (Rangers), 2011
Nelson Cruz tenía ya un Juego de Estrellas y una campaña sobre las tres decenas de bambinazos cuando acudió a su segunda postemporada, en 2011. Había bateado mucho el año anterior, durante la acción de octubre, con 19 inatrapables en 60 viajes y seis vuelacercas en total. Pero lo que hizo contra los Tigres en esta ocasión superó aquello con creces.

El dominicano puso la pelota del otro lado de la barda en seis oportunidades durante los seis partidos que duro la serie y produjo 13 rayitas con sus conexiones.

Gracias a una línea que cerró con .364/.440/1.273, pudo reunir 28 bases alcanzadas y anotar siete rayitas.

Con él, la República Dominicana se consolidó como el país de moda entre sus pares de la región, al convertirse en el cuarto galardonado entre sus paisanos con el Más Valioso en una Serie de Campeonato, todos a partir de 2004.

Marco Scutaro (Gigantes), 2012
El momento más brillante de Marco Scutaro en la gran carpa llegó en buena hira para los Gigantes, que le adquirieron en un cambio de mitad de temporada para convertirlo en su intermedista y cobraron con creces ese movimiento, gracias a la dinámica que este venezolano, oriundo de San Felipe, le dio a la tropa dirigida por Bruce Bochy.

Scutaro había probado ser un bateador paciente, difícil de ponchar, y un defensor seguro. Pero su consistencia llegó a su punto máximo frente a los Cardenales en aquel 2012.

El infielder conectó 14 imparables en 28 turnos, agregó dos pasaportes y puso promedios de .500/.533/.607.

Alcides Escobar (Reales), 2015
Alcides Escobar recordará por siempre ese 2015 en el cual se consagró como el mejor shortstop de la Liga Americana y una figura clave en la conquista que lograron sus Reales.

El venezolano le dio la cuarta alegría a sus connacionales, al recibir el premio al mejor de la Serie de Campeonato del joven circuito, gracias a una cosecha qué le vio terminar con .478/.481/.652.

En 23 turnos sumó 11 cohetes, incluyendo dos dobles y un triple. En el mismo año consiguió este JMV, además del Guante de Oro, un llamado al Juego de Estrellas y el anillo de la Serie Mundial.

Javier Báez (Cachorros), 2016
El sexto ganador puertorriqueño del JMV en las Series de Campeonato resultó Javier Báez, el útil infielder que ayudó con su versatilidad y despliegue atlético a derrumbar la histórica sequía de los Cachorros y la Maldición de la Cabra.

Fue un reconocimiento compartido. El as Jon Lester también fue votado, después de hacer dos aperturas contra los Dodgers y permitir únicamente dos anotaciones en 13 pasajes. Pero el nativo de Bayamón también hizo méritos para llevar a casa la distinción.

Báez conectó para .318/.333/.500 y fue el catalizador de la ofensiva de los oseznos, con sus cuatro tubeyes y tres sencillos en los seis juegos qué disputó.

La Isla del Encanto quedó de esa manera reivindicada como la tierra con más protagonistas en las Series de Campeonato entre los jugadores nacidos en América Latina.

Publicado en LasMayores.com, el viernes 12 de octubre de 2018. Aquí la nota original.

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