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El ponche más difícil de Venezuela

El emergente
Ignacio Serrano

Hay un dato maravilloso que describe de manera inmejorable el tipo de bateador que es Willians Astudillo, el nuevo grandeliga de Venezuela: tomó 204 turnos con Caribes en la pasada temporada de la LVBP y se ponchó cuatro veces.

Sí, Astudillo vio caer el tercer strike exactamente una vez cada 51 turnos. Si sumamos boletos y sacrificios, fue fusilado en una de cada 56 apariciones legales.

Este receptor nacido en Barcelona es el bateador criollo más difícil de abanicar. Donde pone el ojo, pone el bate.

El mejor en la historia de la pelota nativa era Alberto Callaspo. En la 2008-2009, el utility que entonces jugaba con las Águilas se ponchó 11 veces en 211 turnos.

La diferencia entre ambos es tal, que la capacidad de Astudillo para chocar la bola es casi exactamente el doble de lo que era Callaspo en su mejor forma.

Aquello no fue un hecho casual por parte del anzoatiguense. Analistas de Fangraphs, una de las páginas emblemáticas de la nueva forma de ver el beisbol, están fascinados con el careta y su insólita trayectoria, pues, además, prácticamente no toma bases por bolas. Su robusto average —y usualmente muestra buenos promedios— se alimenta de su constante habilidad para repartir líneas, literalmente.

Vean este otro dato genial: contando todas las categorías, desde Triple A hasta la LVBP, pasando por Novatos, Clase A y Doble A, ha ido a batear en 2.786 oportunidades, pero ni siquiera llega a los 100 ponchetes. Fueron exactamente 87. O lo que es igual, desde que juega profesionalmente, los pitchers han podido aplicarle el tercer strike cada 32 ocasiones que se miden con él.

Astudillo es bajito y regordete. Alguien en el sitio SB Nation lo definió como una versión de Bartolo Colón con madero al hombro, que llega para hacer su debut. Oficialmente mide 1,75 metros y pesa 102 kilogramos. Pero no hay modo exacto, ahora mismo, de medir su corazón, como no sea repasando su empeño, su disposición a aprender nuevas posiciones y su evolución como pelotero.

Era el hermano pobre en el mega cambio que realizaron Anzoátegui y Aragua en 2014, un canje en el que también estuvieron involucrados Avisail García, Eduardo Escobar, Oswaldo Arcia, Orlando Arcia y Rossmel Pérez, el único que no llegó a las Mayores.

Un catcher de origen, Astudillo no parecía tener la defensa necesaria para ganarse un lugar arriba como suplente. Un bateador con .309 de por vida en las Menores, no aportaba fuerza ni sumaba boletos. Parecía estancarse cuando dejó a los Filis, su primera organización, y pasó luego por los Bravos y los Diamondbacks. Pero dos cosas cruciales le tienen ahora en Minnesota.

A partir de 2017 se convirtió en un utility de esos que juegan a diario. Se adaptó a las dos esquinas del cuadro y empezó a tomar elevados en el outfield. Al mismo tiempo, ajustó el swing sin perder contacto, incrementando los extrabases. Sus dos experiencias en Triple A se saldan con .311 de average y .857 de OPS, gracias a un slugging de .517 que acompañó con 14 abanicados en 316 apariciones, no faltaba más.

Ambas cosas ayudaron decisivamente en la corona de Caribes. Fue su patrullero izquierdo, engrosó el medio del lineup y terminó en el Todos Estrellas de la Serie de Caribe.

Ahora también es grandeliga. Era lo que le faltaba al venezolano más difícil de ponchar.

Columna publicada en El Nacional, el domingo 1° de julio de 2018. 

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