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El ajedrez de los Cardenales de Lara

El Emergente
Ignacio Serrano

Leonel Campos
El cambio que hace pocos días cerraron los Cardenales y las Águilas tuvo su origen en marzo, cuando la gerencia crepuscular firmó su primer pacto en este receso entre temporadas. Pero incluso podemos ir más atrás y encontrar respuestas en la pasada justa.

Lara ha sido el mejor equipo de la LVBP, contando desde octubre de 2016. Ningún club ha ganado más juegos en la eliminatoria desde entonces y nadie tiene más triunfos en los playoffs. Eso, sin embargo, no se ha cristalizado con lo único que importa: obtener el campeonato.

¿Es contraproducente salir de piezas que ayudaron a sumar tantos triunfos? Después de todo, esos hombres ayudaron a llegar dos veces a la final.

Es el dilema de toda oficina, el ajedrez que cada quien juega con mayor o menor agresividad.

Gustavo Molina, por ejemplo, fue un catcher excepcional. Llegó gratis, porque fue dejado en libertad hace dos años, y cargó con la divisa, especialmente durante la ausencia de Manuel Piña. En teoría, es una garantía. Así piensan los rapaces. ¿Por qué entregarlo?

Primero, porque a sus 36 años de edad es poco el camino que le queda y mucho lo que sufre su cuerpo por una carga física que los más jóvenes llevan mejor. Las dolencias lo limitaron a 32 juegos en la última fase regular. Eso permitió descubrir a Yohjan Quevedo. Pero un equipo que aspira a jugar en febrero necesita un careta de más desarrollo y por eso llegó Francisco Arcia en marzo.

Arcia es un catcher Triple A. Por él dieron a un relevista de talento natural, pero con tendencia al descontrol, Jhondaniel Medina.

¿Y César Jiménez? Si bien el paquete entregado a Aragua por José Castillo se justifica con argumentos válidos, como escribimos en otra columna, parece un golpe entregar a quien ayudó a expandir el profundo staff cardenalero. Giménez puede abrir o relevar. Pero del grupo de iniciadores, era el más fácil de sacrificar, porque va a cumplir 34 años de edad y el estatus de Raúl Rivero, Néstor Molina y Williams Pérez es mayor hoy, sin contar a los más jóvenes Luis Lugo, Osmer Morales y prospectos como Ranger Suárez, amén de contar con importados muy dispuestos a regresar, como Jorge Martínez y Yoanner Negrín.

Jiménez es la pieza que permite estructurar un paquete con Molina y dos brazos jóvenes de los muchos buenos que había en Barquisimeto: Jeffeson Medina y Gilmael Troya. Se entiende la satisfacción del Zulia con lo obtenido. Pero la apuesta de los larenses tiene sentido, especialmente si es cierto que Leonel Campos está dispuesto a lanzar a partir de noviembre.

Campos está en Japón, lo que es una limitante. No ha tenido una zafra importante allá, lo que hace pensar que quedará en libertad. Si llega, sumará una recta poderosa, con roce de Grandes Ligas, para compartir los últimos innings con Felipe Paulino y posiblemente el dominicano Ricardo Gómez. Luce bien.

Wilson García y Joantgel Segovia llevan a Barquisimeto dos bates de mucha proyección. Está por ver dónde acomodan a García, Jesús Montero y José Castillo, todos con perfiles de inicialista y designado. Sin embargo, la ofensiva ha crecido con estos cambios y Segovia es un prospecto legítimo, con habilidad para patrullar el center, una posición crucial.

Quizás no ha terminado el ajedrez de los Cardenales. Pero estos parecen buenos movimientos.

Columna publicada en El Nacional, el martes 10 de julio de 2018. 

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2 comentarios :

  1. Ojala y todos estos movimientos se conviertan en un final feliz,mas aun con la serie del caribe en nuestro estado lara,,seria la gota q falta para una 3ra final seguida y q se cumpla q a la 3ra va la vencida

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  2. Sigue faltando el jardinero para jugar esta temporada, un Gregor Blanco o un Gorkys Hernández caerian muy bien!

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