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Toca aplaudir la lucha antidopaje en la LVBP

El emergente
Ignacio Serrano

Cacao Valdez
Pocos conocen esta historia. Por eso, hoy la contaremos otra vez.

Hace algunos años, en plena carrera por los récords de jonrones en la LVBP, funcionarios del Instituto Nacional de Deportes llegaron al estadio Universitario para realizar exámenes antidoping. En ese entonces —sucedió hace más de un lustro— el ente oficial tenía a su cargo la lucha contra el uso de sustancias prohibidas, una tarea que la anterior Ley del Deporte asignaba al IND y que se cumplía con cierta irregularidad. En la cueva derecha hubo revuelo, molestia y llamadas telefónicas. Luego de eso, los enviados de la Comisión Nacional Antidopaje recibieron una orden “de arriba” y se marcharon del parque, sin hacer su trabajo.

Ese día terminó un capítulo en el deporte profesional venezolano y se echaron las bases de una nueva etapa, sin que una parte de la fanaticada haya advertido el valor de lo hecho desde entonces por la liga.

La LVBP, presidida por Oscar Prieto Párraga, impulsó la creación de un sistema propio de controles, que permitiera cuidar la salud de los peloteros y la buena reputación del juego. Los ocho equipos compraron la idea, aunque algunos tuvieron dudas. A partir de entonces, corría la temporada 2014-2015, se han realizado más de medio millar de pruebas, que han arrojado 22 casos positivos, incluyendo 10 importados.

Varios jugadores emblemáticos han sido sancionados, desde Alex Cabrera hasta Cacao Valdez. Grandeligas y ligamenoristas aparecen en la lista de sorprendidos por anabolizantes, estimulantes y drogas recreativas.

El programa ha sido diseñado íntegramente por el beisbol local, con asesoría internacional. Es financiado por nuestra pelota. En febrero recibió respaldo unánime de los clubes, tras el último escándalo, y esta semana sucedió otro hecho que habla muy bien del respeto que el circuito tiene por el espectáculo, su historia y sus protagonistas.

Ante la disyuntiva de esconder el polvo debajo de la alfombra, los elencos formaron un comité que propuso medidas para endurecer los controles. Frente a la posibilidad de que algún afectado sea uno de los suyos, votaron por ampliar la duración de las suspensiones. Y en medio de la confusión que había por la realización de exámenes sorpresa, optaron por fortalecer las pruebas no azarosas, reglamentando que, de ahora en adelante, los líderes de ocho departamentos clave en bateo y pitcheo deberán someterse a exámenes en noviembre y nuevamente en diciembre.

Es una medida encomiable, que iguala a la LVBP con las competencias internacionales, donde todos los medallistas y ganadores de etapas deben entregar muestras de orina, junto a quienes salen sorteados. Ahora, quien reparta batazos de largo metraje o propine ponches a granel tendrá la oportunidad de demostrar que su actuación es legítima, fuera de sospechas, y la nueva Comisión Antidopaje de la liga tendrá el respaldo normativo para someterlos al test.

No hay forma de cambiar la historia antes de 2014. Mientras el Estado estuvo a cargo, sucedió lo que sucedió. Pero a partir de ese momento de inflexión, la LVBP y sus escuadras han dado un ejemplo nacional e internacional, al emprender un costoso y necesario proyecto que todavía no ha sido suficientemente divulgado ni reconocido, pero que merece el aplauso de toda la afición.

Columna publicada en El Nacional, el sábado 19 de mayo de 2018. 

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