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La larga espera de CarGo y los agentes libres que quedan

El emergente
Ignacio Serrano

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Son tiempos diferentes. Algunos recuerdan la colusión, cuando las organizaciones de Grandes Ligas confabularon contra el mercado de agentes libres, allá por la década de los 80. El venezolano Antonio Armas pagó parte de los platos que por entonces se rompieron, y algo cobró luego en compensación, cuando los propietarios de los equipos perdieron la demanda interpuesta por la Asociación de Peloteros y se comprobó la connivencia de los clubes.

Hoy son 13 los criollos que tienen experiencia en las Mayores y siguen sin contrato. De ellos, cinco vieron acción arriba en 2017: Carlos González, Franklin Gutiérrez, Aníbal Sánchez, Henderson Álvarez y Jean Machí.

¿Existen motivos para creer que son víctimas hoy de algo semejante a aquello que Armas sufriera entre 1986 y 1987?

No parece. Posiblemente no esté ocurriendo de ese modo con ninguno de los nombres principales que se mantienen desempleados, como el patrullero J.D. Martínez, el lanzador Yu Darvish o el inicialista Eric Hosmer. La evolución del mercado será motivo de otra columna, porque lo vale; las gerencias están  apoyándose en el nuevo análisis y su impacto en los contratos de largo plazo.

La historia de CarGo y compañía luce distinta, a partir de sus propias limitaciones y desafíos.

González viene de un torneo casi perdido, en el que atravesó por un profundo slump de cuatro meses y medio. Tiene 32 años de nacido, aún es relativamente joven, pero es muy probable que nadie esté ofreciéndole un contrato multianual, debido al reciente bajón y a que sus números históricos, pese a ser muy buenos, deben someterse a la prueba de sobrevivir fuera del Coors Field.

¿Cómo rendir ese examen, si no aparece alguien dispuesto? La pregunta tiene una respuesta difícil de sostener sin ambages. Las nuevas condiciones de negociación parecen haber sorprendido incluso a Scott Boras, el ambicioso agente del zuliano, que acaba de admitir que muchas novenas simplemente están dispuestas a no firmar a nadie.

Es un asunto especialmente difícil para el marabino, que necesita una oportunidad para probar que es capaz de batear fuera de Denver. Hace rato que los Rockies parecen haberse desmarcado y no hay novedades sobre el interés que tuvieron los Orioles. La preocupante espera, por lo visto, seguirá un poco más.

Sánchez y Gutiérrez están sometidos a otras limitaciones. El ex abridor de los Tigres de Detroit viene derrumbándose progresivamente en las últimas campañas, lo que atenta en su contra a sus casi 34 años de edad. Es muy probable que ante él se abra la disyuntiva de aceptar un contrato menos llamativo, incluso en una liga independiente, como pasó con Álvarez en 2017. A éste, esa decisión le permitió regresar a la MLB con Filadelfia, aunque nuevamente está deshojando la margarita entre propuestas de Ligas Menores. Machí, que alguna vez hizo un recorrido por México, antes de llegar a la gran carpa, sabe muy bien con qué se come eso.

Lo del Guti es más severo, porque perdió en la lista de incapacitados la última parte de la justa pasada. Recayó en su condición, que es crónica. Padece de espondilitis anquilosante, un tipo de artritis que afecta la columna. Para él, saltar al terreno cada día es un desafío, no digamos ya conseguir equipo para el lance que está por venir.

Columna publicada en El Nacional, el martes 6 de febrero de 2018. 

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