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La ventaja de los crepusculares y el chance de la tribu

El emergente
Ignacio Serrano

No ha habido mejor equipo que Cardenales en la temporada 2017-2018. Cerró la eliminatoria con el mejor récord y repitió la mejor marca en los playoffs. Suman 33 victorias en sus últimas 43 salidas, con marca de 9-1 desde que enero comenzó.

No había rival más temible para los pájaros rojos que Caribes. Aunque cayeron en ocho de nueve ocasiones ante los occidentales, la gerencia supo restructurar el roster en plena carrera y el manager Omar López sacó punta a sus jugadores, con un balance reciente de 16 triunfos en 18 presentaciones.

Lara llegó a esta etapa el año pasado y repitió buena parte de su nómina en esta ocasión, con la mejor importación del campeonato, un cuerpo de pitcheo estable, una vibrante llave de dobleplays y la defensa que cualquier lanzador querría tener atrás.

Sólo faltaba el pistoletazo inicial, que para los crepusculares sonó precisamente en Puerto La Cruz, a finales de octubre, cuando el último slump quedó atrás y los dirigidos por José Moreno empezaron su cabalgata hacia la punta.

Aquella explosión en el Chico Carrasquel fue el inicio que llevó a esa cosecha de .318, el average récord impuesto en la eliminatoria. Esos que alertan sobre el peligro de lanzarle a los orientales en su casa deberían revisar los números que dejaron los emplumados a su paso por ese parque.

Claro, los indígenas eran otra divisa. La rotación, por entonces, hacía agua. El bullpen era una lágrima. López permanecía en Estados Unidos, atado a sus compromisos con los Astros de Houston.

Caribes tiene ahora cuatro buenos iniciadores, un cambio enorme. No le sobran relevistas, pero la llegada de Carlos Navas y Nick Struck redondearon el cuerpo de auxilio, dando a cada quien su tarea.

Quizás Cardenales tenga un brazo más, con la llegada de Alejandro Soto. Pero ninguno tiene taponeros realmente temibles, como antes fuera Ryan Kelly para los encarnados, por más que el dominicano Ricardo Gómez sea eficiente. Quizás pueda llegar a serlo Struck, pero en ningún caso estamos ante un bullpen realmente moderno, de esos que los mejores clubes de Grandes Ligas diseñan ahora con tres o cuatro pitchers que poseen herramientas de cerradores, a quienes usar a partir del sexto tramo.

Ese monticulista de más es la mínima diferencia que llevan de los larenses en tan importante área del juego. Porque ni siquiera la presencia de Junior Guerra es una clara ventaja, dado que chocará con el veterano Daryl Thompson, uno de los mejores abridores del campeonato.

El explosivo lineup anzoatiguense tiene su par en la alineación de los pájaros rojos. La tribu tiene más poder, porque sus sluggers hacen swing de abajo hacia arriba con más frecuencia, aunque el último tercio de ese orden ofensivo todavía está en deuda. Los de Moreno son más metódicos, sacrifican jonrones para lograr más hits y por eso hacen daño del primero al noveno bate.

Puede ser apasionante, lo que está por empezar. Porque ambas novenas trabajan a los pitchers contrarios, esperando el envío adecuado, dejando pasar los malos.

Lara tiene más velocidad y una banca más profunda, que le ha permitido cubrir ausencias inesperadas con averages sobre .300, buenas piernas y mejores guantes. Eso, y el impacto que la velocidad le imprime a la defensiva, también son ligerísimas ventajas.

Caribes no es el favorito. Tampoco es la víctima. Deberá jugar casi perfecto para llevarse el título. Pero lo mismo vale para Cardenales.

Columna publicada en El Nacional, el sábado 20 de enero de 2018. 

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2 comentarios :

  1. Final que promete. Sumamente interesante

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  2. Creo que ambos equipos están muy parejos, creo que se lo lleva Lara en 6 o 7 juegos.

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