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miércoles, 11 de julio de 2018

Un futbolista al timón del Magallanes

El Emergente
Ignacio Serrano

Hubo un tiempo en que Roberto Ferrari no pensaba en jonrones, sino en goles. No era la fiebre del Mundial. Este ingeniero caraqueño, de obvia raíz mediterránea, creció como algo más que un aficionado del Calcio, testigo dominguero de las transmisiones de Reyes Álamo, Pedro Zárraga y Turi Agüero; le gustaba el fútbol para jugarlo.

El actual presidente del Magallanes ya simpatizaba con los turcos, aunque iba de vez en cuando al estadio Universitario de su ciudad natal. Hoy tiene una oficina en el José Bernardo Pérez, la casa de los Navegantes, el equipo que este mes va a renovarle al frente de la Junta Administradora por un año más.

Era un adolescente, recuerda, y jugaba en el San Ignacio o el Santo Tomás de Aquino con algunos compañeros de generación que se convertirían en referencias de la Vinotinto: Pedrito Acosta, Bernardo Añor, Pedro Febles y hasta Mendocita, leyenda del fútbol venezolano.

La pasión por los diamantes vendría después, luego de un tiempo en Italia, de completar sus estudios en la Universidad Católica y mudarse a Valencia. De tanto ir al parque de los bucaneros, terminó formando parte del alto mando de la nave en tiempos del gran Alfredo Guadarrama, el hombre que en la década de los 90 le cambió la cara a la franquicia y a la LVBP.

La próxima temporada será la número 25 de Ferrari desde su ingreso al club. Será su cuarta como titular de la centenaria divisa, con más de una década involucrado en la tarea de diseñar el roster y el cuerpo técnico. Mientras estuvo al frente del Comité Deportivo, formando llave con el entonces presidente Giuseppe Palmisano y el gerente Luis Blasini, celebró la conquista de dos títulos y un subcampeonato desde 2010. Le falta un trofeo, ese que pueda levantar él de primero, como representante principal de la institución.

Hoy admite que esa corona es el objetivo lógico de su administración. Pero sostiene que no es su mayor obsesión. Esta última, asegura, es la academia de formación de jóvenes peloteros que han iniciado los Navegantes.

“Yo no estoy obligado a ganar, es el Magallanes quien está obligado, por todo lo que es en Venezuela”, responde. “Esa no es una meta personal, es un logro del equipo, que buscamos entre todos”.

La academia, en cambio, es otra cosa. Cada presidente ha dejado una huella personal. Guadarrama, por ejemplo, convirtió a los turcos en una verdadera empresa. Ferrari quiere dejar una estructura de desarrollo que comience en el amateur, con adolescentes que usen la camisa de rayas azules antes de saltar al profesional, y que al firmar quieran hacerlo con los filibusteros. Algo así como pasa en el fútbol con las canteras, un sistema de divisiones que no existe en nuestra pelota.

“Queremos que este programa sea nuestro semillero”, afirma. “Comenzamos en marzo. Mi gran proyecto es consolidarlo”.

No hizo carrera en la ingeniería. Vive del proyecto familiar, vinculado al transporte. Tampoco siguió en el fútbol, aunque esté pendiente del Mundial. El fanático que sufría en los años 80, una década árida para los navieros, es quien toma las decisiones y lo hará por un año más.

“No hay una carrera que te prepare para ser directivo de beisbol”, confiesa. “Vas aprendiendo sobre la marcha, aprendiendo de otros. Pero yo siempre he tenido la voluntad de aprender”.

Columna publicada en El Nacional, el miércoles 11 de julio de 2018. 

2 comentarios:

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  2. Ferrari en mi opinión ha sido una de las gerencias más mediocres, incapaces y perdedoras en la historia del Magallanes!!!

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