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martes, 19 de junio de 2018

El precio de un jonronero en la pelota venezolana

El emergente
Ignacio Serrano

Renato Núñez con su anterior uniforme en la LVBP,
el de los Tigres de Aragua
Un total de 38 peloteros han sido cambiados en la pelota venezolana desde que terminó la final. En esa lista hay abridores, relevistas, jugadores del cuadro, jardineros y receptores, bateadores de contacto y especialistas de la defensiva. Pero no abundan los jonroneros naturales.

Jesús Aguilar, Anthony Santander y Renato Núñez son los únicos aporreadores natos que han sido negociados en estos meses en la LVBP. No contamos a Rougned Odor, líder en cuadrangulares de Venezuela en la MLB la temporada pasada, porque aún está por verse el verdadero papel que tendrá en la próxima zafra con las Águilas.

Esa dificultad es lo que llevó al Magallanes a pagar tanto para adquirir a Renato Núñez en el mega canje realizado el lunes con el Zulia.


Odor, el receptor José Briceño, el relevista José “Chino” Flores y el joven José Azócar forman un paquete muy grande, por el que los Navegantes también recibieron piezas importantes: el apagafuegos Gabriel Moya, el catcher Jesús Flores y el joven pitcher Eduard Bazardo.

Parece un cambio parejo, cuando se compara hombre a hombre, aunque tiene muchas aristas.

Núñez y Odor son lo obvio. Casi se habría podido negociar una transacción uno por uno y habría resultado equilibrada, salvo por el detalle de que es más probable que el primero juegue más que el segundo.

Los rapaces, sin embargo, necesitaban a alguien detrás del plato y Briceño es esa pieza que buscaban. En ese sentido, el veterano Jesús Flores toma su lugar como guardaespaldas de Jesús Sucre. Está en la parte final de su carrera, tiene un bate productivo y reiterados problemas en el hombro derecho, que le han impedido ser un careta temible frente a los corredores contrarios.

Moya tiene más proyección que José Flores. Es zurdo, ponchador, joven y ha visto acción en las Grandes Ligas en las últimas dos temporadas. Si se reporta, compensará la pérdida de Ismael Guillón a manos de los Tigres. Y aunque Azócar parece estar un poco más adelantado en su desarrollo que Bastardo, este último cuenta con un muy interesante potencial ponchador y una trayectoria en las Menores que entusiasma, aunque todavía se encuentra en Clase A corta.

En lo inmediato, la clave para los eléctricos está en Núñez y Moya. Salieron de Santander y Guillón por su falta de disponibilidad absoluta, y ese es  posiblemente el motivo por el que entregan a Odor. En cambio, obtienen a un bateador sin grandes dotes defensivas, que puede adaptarse a la inicial, los jardines o tercera, y que es un consumado aporreador. Ningún criollo dio más vuelacercas que él en las Menores el año pasado y usualmente juega en la LVBP. Era un matrimonio perfecto, porque él quería jugar en el centro del país y la tropa magallanera necesitaba compensar la pérdida de Mario Lissón, Jesús Valdez y quizás Adonis García.

Ya tienen ese madero para el medio del lineup. Muy probablemente tomará más turnos con el Magallanes que el camarero marabino de los Rangers de Texas con los aguiluchos. Pero falta por ver cuántos juegos lanzará Moya, que es originario de Cabimas y que ya en la 2017-2018 faltó al roster de los plumíferos. Su presencia en Valencia es crucial, tomando en cuenta todo lo que aportaba como taponero el Chino, cuya graduación en la gran carpa todavía no está descartada.

Columna publicada en El Nacional, el martes 19 de junio de 2018. 

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