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viernes, 1 de junio de 2018

El largo y feliz viaje de Jesús Aguilar

El emergente
Ignacio Serrano

Zimbio.com
Hubo un tiempo en que Jesús Aguilar era el principal prospecto entre los inicialistas de Venezuela y uno de los valores emergentes de los Indios. Han pasado ya casi cinco años de eso y el aragüeño ha cumplido, pues disfruta de su mejor temporada en las Grandes Ligas.

No vive ese momento con Cleveland, sin embargo. Los aborígenes se perdieron de este plato al preferir otro condumio. Al aragüeño le costó consolidarse en las Mayores y apenas fue a batear 64 veces con su organización original, pese a que en tres temporadas distintas fue llamado a la gran carpa.

Aguilar es un tipo con suerte, sin embargo. Fue puesto en waivers por la tribu en febrero de 2017, y una escuadra sin nada que perder, los Cerveceros, decidió apostar por él. Lo que ha seguido es una de las cosechas más notables de un primera base en la embajada nacional, comparable con algunas actuaciones de Andrés Galarraga, Miguel Cabrera o Víctor Martínez.

El toletero derecho amaneció este jueves con promedios de .307/.377/.555, más 9 jonrones, 30 empujadas en 49 encuentros y .932 de OPS. Son números de élite. No sorprende que los líderes de la División Central de la Liga Nacional le tengan a diario como su cuarto bate.

Pero hubo un momento en que Aguilar pudo descarrilar su camino. Cuando se agotaron sus opciones en las Grandes Ligas, seguía sin cupo en su organización original. Es la misma situación que otros toleteros derechos con poder y similares características físicas han enfrentado, sin conseguir la puerta de salida al problema.

Luis Raven nunca logró graduarse en las Mayores. Alex Cabrera fue vendido a la NPB, aunque es cierto que en su caso influyó la situación relacionada con esteroides en la que se vio envuelto en la temporada de 2000, reflejada en el Reporte Mitchell. A Jesús “Bam Bam” González se le hizo tarde para completar el sueño. Ernesto Mejía terminó aceptando un lugar en Japón. Y Balbino Fuenmayor todavía espera conquistar la MLB, luego de repartir batazos en todos los circuitos donde ha jugado.

Aguilar rompió el molde. Los únicos inicialistas naturales de Venezuela que consiguieron sitio en la gran carpa eran Carlos Quintana y Galarraga. Los otros pocos que vinieron después fueron mutando, como Miguel Cabrera, que empezó al otro lado del infield o el Café Martínez, en principio campocorto, o V-Mart, que comenzó como receptor.

Los Cerveceros tomaron su contrato en waivers y se encontró con otra realidad en su nuevo hogar. Estos no competían, en teoría, y por el contrario, buscaban armar una escuadra que algún día pudiera infundir respeto en el centro de la Liga Nacional. El venezolano era una especie de seguro, ante la apuesta con Eric Thames, antiguo slugger que tampoco había cuajado en la MLB, que regresaba luego de una brillante pasantía por el Lejano Oriente. Si este fallaba, quizás el nativo podría funcionar, era el argumento.

Algunas lesiones de Thames y el éxito inmediato que experimentó el maracayero en las ocasiones que jugó le tienen donde está ahora. Tampoco puede olvidarse la paciencia. Cuando empezó esta nueva zafra, Milwaukee le había dejado en la banca, debido a una serie de contrataciones realizadas para tomar por asalto su división. Ya era la hora de competir y nuevos astros llegaron para llenar el roster.

Pero este Aguilar no sólo tiene suerte, también es un guerrero y brilló como emergente, hasta volver a conseguir una rendija. Hoy tiene el mejor OPS de su divisa y parece inconcebible dejarlo fuera del lineup.

Columna publicada en El Nacional, el viernes 1° de junio de 2018. 

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