Derechos reservados. Las notas de este sitio no deben reproducirse sin la autorización de su autor

jueves, 24 de mayo de 2018

La emocionante historia de Jhoulys Chacín

El emergente
Ignacio Serrano

Hubo un momento en que esto que hoy estamos viendo con Jhoulys Chacín parecía imposible de repetirse. En medio de una sucesión desafortunada, en la que el derecho venezolano no encontraba el camino de salida, tras sentir los primeros dolores en el hombro, el recuerdo de tantos lanzadores criollos que perdieron su estatus estelar por lesiones semejantes era una pesadilla.

Chacín era el número uno en la rotación de los Rockies cuando la molestia apareció por primera vez. Fue en un Spring Training, a los 26 años de edad, cuando se suponía que iba a vivir su mejor etapa en la Grandes Ligas.

No era un abridor cualquiera. En 2013 desafió el influjo maligno del Coors Field para poner cifras brillantes para un abridor de Colorado.

Esa campaña permanece como su mejor en las Mayores. Tuvo balance de 14-10, con 3.47 de promedio y una efectividad ajustada que le dejó 29 por ciento por arriba de la media de sus pares en la Liga Nacional.

Nadie pensaba entonces que el camino del zuliano hallaría un recodo inesperado, que durante casi un lustro le robó el privilegio de ser considerado uno de los mejores pitchers del patio.

Los rocosos le acompañaron hasta el final de esa justa. Su contrato multianual terminaba y su salud era un riesgo para una organización que no podía firmarlo por menos de los casi 5 millones de dólares que estaba cobrando entonces.

Tuvo la suerte de que el daño no fue estructural, como tanto se temió. Chacín pudo evadir el quirófano, y gracias a ello quizás salvo su carrera.

Los más conspicuos serpentineros nativos dejaron de ser dominantes luego de someterse al bisturí para corregir problemas en el hombro. La lista incluye a Johan Santana, nada menos, y a Freddy García, Wilson Álvarez y Kelvim Escobar, quienes forman, junto con Félix Hernández y Carlos Zambrano, la media docena de astros monticulares que más brillaron para Venezuela en los años 90 y en la primera década de este siglo.

Chacín se rehabilitó con denuedo y finalmente pudo volver en 2015 con los Diamondbacks, tras perder casi dos temporadas completas. Aún estaba lejos de ser el de antes. Apenas lanzó en cinco ocasiones y no llegó a 30 innings.

Un poco más fuerte que entonces, ya en 2016, consiguió un lugar con los Bravos y posteriormente con los Ángeles, que tomaron su contrato en un cambio en plena temporada. Alternó buenas y malas salidas, todavía sin conseguir la consistencia de sus mejores tiempos, aquellos en los que sumaba ponches y, sobre todo, roletazos, una característica crucial para quien quiere triunfar en estadios hostiles como el Coors Field.

Tuvo la suerte de toparse un año después con las necesidades de los Padres, y allí finalmente empezó a dar los pasos firmes que tanto buscaba. En plena reconstrucción, los religiosos podían darle el lugar fijo como abridor que no tuvo en Arizona, Atlanta ni Anaheim. Tuvo altas y bajas, pero el balance final fue positivo, apuntalado por un remate que hizo recordar una característica esencial en este serpentinero occidental: se trata de un pitcher de segundas mitades

Es emocionante el nuevo capítulo de esta historia. Chacín firmó por dos años como agente libre con los Cerveceros y, tras un lento inicio, se ha convertido en el número uno de su rotación.

Dejando atrás la incertidumbre, por fin ha vuelto a brillar.

Columna publicada en El Nacional, el jueves 24 de mayo de 2018. 

2 comentarios:

  1. Ignacio, en esa lista de los mejores lanzadores venezolanos de la primera decada del 2000 faltó Francisco Rodríguez....

    ResponderEliminar