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sábado, 7 de abril de 2018

Yonny Chirinos y aquel brillante debut de Carlos Hernández

El emergente
Ignacio Serrano

Carlos Enrique Hernández
¿Recuerdan a Carlos Enrique Hernández? Todavía es pitcher activo, luego de un corto retiro, pero en los últimos años su paso por los diamantes ha sido discreto.

Hubo un tiempo en que los scouts disfrutaban viéndolo lanzar. Como tantos otros venezolanos que brillaron en el beisbol, egresó de la academia de los Astros, esa que creó el recordado Andrés Reiner, quien merece tener algún día su estatuilla en nuestro Salón de la Fama.

La estampa del lanzador zurdo vino a nuestra mente mientras veíamos a Yonny Chirinos pintar de blanco a los Medias Rojas durante cinco innings. Chirinos llegó así a nueve entradas consecutivas sin carreras en las Mayores a partir de su debut, y su estreno no ha sido más clamoroso porque los Rays no terminan de darle un lugar fijo en la rotación.

El zuliano trabajó primero como relevista, también contra los patirrojos, y comenzó luego el encuentro del jueves, en el Fenway Park. Su salida previa en el Tropicana Field le dio un récord entre sus compatriotas, pues nunca un criollo había roto fuegos en las Mayores con una actuación de cuatro episodios sin anotaciones como bombero. Pero al repetir la dosis, esta vez desde el comienzo del encuentro, consiguió algo que solamente el zurdo carabobeño había logrado en la expedición nacional.


Hernández era el único serpentinero nativo hasta ahora en debutar con dos trabajos sin rayitas de al menos 4.0 actos en la MLB. Y fue mucho más allá.

Fue subido por Houston el 18 de agosto de 2001, para enfrentar a los Piratas, y respondió con 7.0 entradas de dos hits, un boleto y siete ponches. Excelente. En su siguiente incursión, cinco días después, contra los Filis, completó 6.0 pasajes con cinco imparables, dos pasaportes y siete abanicados.

Nunca, de acuerdo con Baseball Reference, un monticulista del patio había abierto las puertas de esa forma. Y tampoco ocurriría en los siguientes tres lustros, hasta ahora. Chirinos apareció sin aspavientos, luego de un gran Spring Training y una impecable hoja de servicios en las Ligas Menores, y se puso muy cerca de lo hecho por el natural de Guacara.

Hay una diferencia: Hernández sumó 13.0 tramos seguidos y agregó 4.2 más en su tercera apertura, el 29 de agosto, antes de que un jonrón de Adam Dunn con uno a bordo terminara la magia.

Su ruta hacia el estrellato había acabado momentos antes, sin que él lo supiera. Luego de conectar un sencillo en el tercer inning contra el mexicano Elmer Dessens, se deslizó de cabeza y se lastimó el hombro. Nadie podía prever lo que vendría, pero esa acción fortuita cambió su vida.

Si los Astros ya hubieran sido parte de la Liga Americana, no habría ido a batear. Houston jugaba en la Nacional por entonces y los médicos descubrieron que el dolor que sentía Hernández se debía a un desgarre en el manguito rotador. Pocas lesiones son de peor augurio para un serpentinero.

Fue operado, y ya no volvió a tener la fortaleza de otrora. La cirugía en el manguito rotador roba varias millas por hora a la recta. El zurdo aún sube al morrito, aunque nunca pudo hacerlo con el impacto de entonces, cuando era considerado un legítimo prospecto.

Chirinos aparece ahora, para emularlo, y vistos sus brillantes números en las Menores, no queda más que una cosa para desearle: salud. Lo demás está en sus manos.

Columna publicada en El Nacional, el sábado 7 de abril de 2018. 

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