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domingo, 1 de abril de 2018

¿Es ya Félix Hernández una leyenda?

El Emergente
Ignacio Serrano

Zimbio.com
Félix Hernández hizo el jueves su décima apertura inaugural consecutiva, la undécima de su carrera, y su nombre aparece ahora junto al de seis leyendas de las Grandes Ligas, integrantes del Salón de la Fama todas, salvo una, que lo será apenas sea elegible para aparecer en las planillas de votación.

Con apenas 31 años de edad (cumplirá 32 en la segunda semana de la temporada), el Rey vuelve a asomar en listas donde aparecen algunas súper estrellas que son recordadas generación tras generación.

Esta vez se unió a Jack Morris, Robin Roberts, Tom Seaver, Steve Carlton, Walter Johnson y Roy Halladay como los pocos que han tenido el privilegio de iniciar en 10 ocasiones consecutivas el juego inaugural. Halladay es el único que no tiene una placa en Cooperstown. Pero pronto la tendrá.

¿Es esa la estatura de Hernández?

La pregunta tiene un matiz diferente al habitual. El diestro de Flor Amarillo a menudo aparece junto a viejos astros de varias épocas, pero suele ser cuando hacemos un corte en su edad y buscamos, por ejemplo, cuántos lanzadores, como él, han superado los 2.000 ponches, los 2.000 innings y los 150 triunfos a los 30 años de nacido, por citar apenas un caso.

Este es otro tipo de logro, una hazaña absoluta. Ya no importan las edades, hablamos de únicamente siete lanzadores en la historia que han hilvanado seguidillas como esta del carabobeño. Es un club brillante.

Hay que estar en la cresta de la ola durante una década, para lograr esto. Y ser el as de una rotación durante ese tiempo. Nada común. Pasa poco que un pitcher tenga una carrera tan larga como para acumular 20 campañas en las Mayores. Que además sea el número uno en la mitad de esos 20 torneos es una hazaña per sé.

El Rey está comenzando su décimo cuarta justa. En 11 de esas ha sido el líder de la rotación. Es algo notable, sin duda. Lo que explica por qué es el monticulista más reconocible en la franquicia de Seattle.

Hernández ya tiene asegurado un lugar en el Salón de la Fama de los Marineros. Así como Omar Vizquel con los Indios, David Concepción con los Rojos, Luis Aparicio con los Medias Blancas y los Orioles, Andrés Galarraga con los Rockies, Johan Santana con los Mellizos y Melvin Mora con los Orioles, su nombre está ligado ya a su organización. Algún día veremos el número 34 en las paredes del Safeco Field.

El diestro es el serpentinero con más innings, ponches, aperturas y victorias en la historia de su escuadra. Eso lo convierte en una leyenda local. Pero ¿es también una leyenda de la gran carpa?

El dominicano Pedro Martínez demostró que no es necesario acercarse a los 300 triunfos para serlo. Labró su lugar en el Salón de la Fama más por sus números de dominio y sus hazañas que por su marca de 219-100. Pero el valenciano quizás no haya cruzado la frontera que atravesó el quisqueyano. No aún. Le falta un poco más, en términos del Salón de la Fama; completar, por ejemplo, los 3.000 ponches, para lo que le faltan menos de 700, y superar los 3.000 innings, lo que sucederá dentro de unas tres temporadas.

Hernández está llegando a un territorio ocupado exclusivamente por los mejores tiradores de todas las épocas. Por eso escribió una página especial cuando subió al morrito en su undécimo Día Inaugural.

Columna publicada en El Nacional, el domingo 1° de abril de 2018. 

4 comentarios:

  1. Su gran aliado para seguir sumando , sera sin duda la salud , porque parece tener Hernandez la capacidad para reinventarse como lanzador estelar a medida que la pistola radar marque menos millas en su recta!!!!!!

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    1. Si logra mantenerse saludable,en buena condición física y buenas campañas tendrá su lugar en el salón de la fama de Cooperstown.

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  2. Clave que logre reinventarse y entender que ya con la recta no sobrevive. Está muy cerca de ser un inmortal.

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  3. Tiene todo a su favor, no obstante lo único que preocupa, es el factor físico y Dios mediante Félix se mantendra sano, tiene capacidad, experiencia, es disciplinado y sin duda alguna, Cooperstown lo espera con los brazos abiertos.

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