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martes, 13 de marzo de 2018

Los desafortunados despidos de Ezequiel Carrera y Aníbal Sánchez

El emergente
Ignacio Serrano

Anibal Sanchez Photos - 1 of 667
Aníbal Sánchez / Zimbio.com
Las normas que rigen las Grandes Ligas son complejas. A menudo derivan en decisiones difíciles de entender, que se explican por esas peculiaridades que aparecen en el contrato colectivo firmado por la Asociación de Peloteros y la MLB.

Está el caso de Aníbal Sánchez, por ejemplo. Recibió un contrato por 2,5 millones de dólares el 17 de febrero y parecía tener el camino abierto para ganarse un lugar con los Mellizos.

Las declaraciones que siguieron al convenio reforzaron esa idea. Tres semanas después de aquello, Sánchez fue dejado en libertad. Pero ¿cómo? ¿No había garantizado su actuación este año con Minnesota? ¿Cómo es posible que el equipo haya dado ese paso, a pesar del pacto hace tan poco acordado?

El nativo de Maracay no hizo mal mayor cosa. Tuvo dos presentaciones en los juegos de exhibición, una buena y una deficiente, y recibió la noticia de su despido en la víspera de su tercera apertura. No hubo chance de demostrar que podía ser parte de la rotación de abridores. ¿Por qué un movimiento en apariencia tan injusto?

La razón está en el convenio laboral. Si hubieran dado de baja a Sánchez después del Día Inaugural, habrían tenido que pagarle los 2,5 millones de dólares, incluso aunque regresara a la gran carpa con ese nuevo uniforme. En caso de dejarlo ir esta semana, habrían tenido que pagarle 625.000 dólares. Pero al haber anunciado el despido el 11 de marzo, la novena solamente quedó obligada a cancelarle 417.000 dólares.

Claro que hubo otros motivos para salir de Sánchez. Jake Odorizzi y Lance Lynn no formaban parte del roster de los gemelos hace algunas semanas, y el dominicano Ervin Santana sigue en rehabilitación, sin garantía de regresar antes de mayo. Pero ahora están Odorizzi y Lynn como parte de la ecuación, lo que da mayor profundidad a la rotación de los Mellizos y hace que el venezolano sea prescindible.

Ya no importaba lo que pudiera aportar Sánchez, bien como relevista largo o como abridor de emergencia. Ese es un papel que puede cumplir un pitcher de Triple A, mucho más barato, lo que hacía muy caro el pacto del criollo. Era obvio quién sería el sacrificado.

Con Carrera pasó algo similar. Hasta enero era un pelotero valioso para los Azulejos. Era el principal jardinero suplente, dueño de una buena campaña en 2017, en la que mostró defensa, algo de poder y velocidad.

El sucrense firmó un contrato por 1,9 millones de dólares hace pocas semanas, para evitar el arbitraje. Pero fue sacado del roster, pasado por waivers, asignado a Triple A, para finalmente ser puesto en libertad. ¿Por qué? ¿No hablábamos de un sólido outfielder, uno capaz de defender con decoro cualquiera de las tres praderas?

Los canadienses tienen suficientes hombres para cuidar los bosques, como pasa en Minesota con la rotación. Así que se plantearon la duda con Carrera: ¿mantenerlo o dejarlo ir?

No lo habrían despedido, en caso de no existir la cláusula del contrato colectivo a la que se acogieron. Como no habían pasado dos semanas de los entrenamientos, podían pagarle solamente 30 días de salario en compensación, unos 200.000 dólares.

No importa que Sánchez o Carrera todavía puedan ayudar a otras divisas. El complejo sistema de finanzas de las Grandes Ligas actuó en contra de ellos. Por eso quedaron en libertad.

Columna publicada en El Nacional, el martes 13 de marzo de 2018. 

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