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viernes, 23 de febrero de 2018

Las nuevas piezas de Aragua

El emergente
Ignacio Serrano

Anthony Santander / Zimbio.com
Aragua y Magallanes han sido los equipos más activos en el mercado de cambios de la LVBP este año y nos faltaba evaluar, desde la óptica de los Tigres, la transacción realizada días atrás entre ambos clubes, para así terminar con esta serie que hemos dedicado a esta movida pausa entre campeonatos.

Fue un pacto con nombres sonoros: los Navegantes adquirieron al lanzador Yohán Pino y a los jardineros Wuilmer Becerra y Jesús Alastre, mientras que los felinos se hicieron del grandeliga Anthony Santander y el buen zurdo Ismael Guillón.

Hay muchas aristas allí. Pino fue un bastión de los bengalíes desde los tiempos de la Dinastía, uno de los últimos sobrevivientes de aquella saga que empezó en 2003. Becerra llegó a ser uno de los prospectos más atractivos en la organización, hasta que las lesiones descarrilaron su ascenso en las Menores. Y Alastre, el más inexperto de los tres, tiene un buen historial de contacto, velocidad y defensa que puede llevarle lejos.

El retorno es equiparable en potencial. Santander ya se estrenó en las Grandes Ligas y los Orioles creen que muy pronto, quizás en 2018, podría estar custodiando una de las praderas exteriores en Candem Yard. Y Guillón acaba de demostrar que teníamos razón los que esperamos tanto tiempo su debut en la liga, a pesar de haber perdido el atractivo de prospecto legítimo que tenía en sus tiempos con los Rojos, cuando lucía como un predestinado.

¿Jugarán ambos en Venezuela? La pregunta es pertinente, y de su respuesta se desprenderá la conclusión de este convenio en el campo de los rayados.

Pareciera, de hecho, que una de las razones de la nave para entregarlos nació de esas circunstancias. Porque no es poca cosa que los bucaneros hayan salido de Santander, un inicialista y outfielder con fuerza para el lineup, precisamente el antídoto que están buscando en Valencia a propósito del retiro de Mario Lissón, la firma de Adonis García en Corea del Sur y la suspensión de Jesús Valdez.

La misma sospecha existe con Guillón, que se ausentó mientras sus acciones eran bien cotizadas en Cincinnati, y ahora dejó el barco en diciembre, cuando pactó con Washington y llegaban los playoffs.

Pino era una institución en el José Pérez Colmenares, original de Turmero, consistente en su presencia y aporte. Casi nunca tuvo rol fijo, pasando del bullpen a la rotación y viceversa. En la 2016-2017 hizo 14 inicios en 14 salidas. En la 2017-2018 tuvo 18 presentaciones, todas como bombero. Y siempre rondando ese 3.30 de por vida que tiene como efectividad. Es una pérdida importante.

Becerra, ciertamente, ha perdido impulso, está llegando a una edad crítica y no ha desarrollado el poder que se le pronosticaba. ¿Es un caso perdido? No. Aún es bien considerado por los Mets y le queda tiempo para pisar fuerte en la LVBP, independientemente de lo que pase en el norte. Alastre, mientras, necesita pista y posiblemente divida este año entre Clase A y Doble A. Sin ellos, Aragua pierde profundidad en los jardines, el precio a pagar para adquirir dos valores de peso.

Porque Santander causará impacto si finalmente tiene permiso para jugar con los felinos, del mismo modo que el staff rayado ganará un zurdo con herramientas de cerrador si Guillón se suma al combate. Ahí está la clave de todo para los Tigres: que ambos jueguen.

Columna publicada en El Nacional, el viernes 23 de febrero de 2018. 

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