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martes, 17 de octubre de 2017

Margarita y su lucha contra Goliat

El Emergente
Ignacio Serrano

Resultado de imagen para bravos de margaritaMargarita vuelve a estar a prueba. El equipo con menos figuras y grandeligas, el más joven en tiempos reales, el que hace dos o tres años decidió emprender una ruta de construcción lenta, pero sostenida, vuelve a comenzar como el competidor más modesto en una temporada de la LVBP.

No es una sentencia de muerte. Los Bravos clasificaron en las últimas dos campañas, aunque con perfiles diferentes. En la 2015-2016 avanzaron a los playoffs gracias a la ayuda de un formato por puntos que premió en exceso lo que hicieron en la primera mitad del calendario. Un año después, trascendieron por mérito propio, a pesar de sus carencias.

La nómina en esta oportunidad no varía mucho. La tropa insular vuelve a depender de su grupo de jóvenes y de algunos veteranos. Puede que sus pocos bigleaguers tengan mayor presencia. La gerencia cuenta con José Osuna, Elías Díaz y Breyvic Valera. David Peralta y Wilmer Flores son incógnitas. Nadie pregunta por Omar Narváez o Aníbal Sánchez.

Otros elencos duplican o triplican a los orientales en la suma de jugadores que vienen de la MLB. Incluso Díaz, Osuna y Valera vendrán por un tiempo limitado. Ninguno de los tres pudo mantenerse a bordo en enero, y ahora, con mayor estatus en el norte, está por verse incluso si podrán aportar algo en diciembre.

Eso pone más responsabilidad sobre los hombros de los jugadores con mayor experiencia, como el toletero Daniel Mayora y los pitchers Omar Poveda, Anthony Ortega, Eduardo Sánchez u Omar Bencomo Jr.

Estamos ante la franquicia más reciente en la LVBP. Su herencia del Pastora es escasa, porque el alto mando en los Llanos, antes de la venta del club, se centró en el diseño de un roster con peloteros curtidos, sin importar de dónde vinieran. Los neoespartanos recorren otra vía. Sólo tienen una década en Guatamare y hace algún tiempo decidieron estructurarse a partir de talento joven y emergente, con acento en lo margariteño.

Eso ha dejado algunos éxitos, como Valera, un carabobeño al que los Bravos dieron papel preponderante, pese a ser dejado a un lado por los scouts durante mucho tiempo, Jugador Más Valioso de la justa pasada. Y también debe sus resultados al manager Henry Blanco, que ha puesto a sus muchachos a superar los pronósticos en las últimas dos postemporadas.

Blanco es una pieza importante en este diseño. Es un piloto motivador, inteligente, a quien dieron el timón precisamente con esa tarea: sacar lo mejor de un grupo inexperto, para compensar las falencias naturales causadas por la edad.

La juventud no es una carga, de por sí. Margarita tiene buenos brazos y jugadores de posición, como Carlos Frey García o Ángelo Castellano, y su gerencia ha logrado el secreto de conseguir buenos importados. Es una albricia cuando elenco depende tanto de eso. Otros recibirán sangre de Grandes Ligas en la recta final. Los orientales necesitan que sus extranjeros sean los que hagan ese aporte.

Blanco llegará tarde una vez más, debido a su contrato con los Cachorros de Chicago. Pero ese no es el principal escollo que afronta esta organización. El gran desafío de los neoespartanos sigue siendo competir en aparente inferioridad de condiciones, mientras continúan construyendo un roster sólido y venezolano, que les conduzca a la primera corona en la historia de la franquicia.

Columna publicada por El Nacional, el martes 17 de octubre de 2017. 
Esta es la octava y última entrega de una serie para revisar el panorama de los ocho equipos, al inicio de la LVBP.

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