domingo, 14 de mayo de 2017

El Huracán Jeter

Derek Jeter acaba de ser homenajeado por los Yanquis con el retiro de su número 2, lo que me lleva a revivir esta crónica, escrita en 2008, a su paso por Venezuela

Por Ignacio Serrano
El-Nacional.com

Un niño llora al otro lado del cristal, mientras sostiene una pelota y un bolígrafo entre sus manos.

El pequeño no puede dar los últimos dos pasos que le separan de su ídolo deportivo, Derek Jeter, cuando éste pisa el suelo de Barquisimeto y se prepara para dejar el aeropuerto, entre camarógrafos que empujan para hacer una toma y mujeres que le piden una foto o tan solo un momento, golpeando en la ventanilla de la camioneta que le lleva.

En el hotel le espera una rueda de prensa, que se convierte en una cita con admiradores y seguidoras, que superan varias veces el número de los reporteros presentes.

Centenares de muchachos gritan el nombre del capitán de los Yanquis, a modo de bienvenida, cuando éste visita el estadio principal de La Chata, el viejo parquecito que la fundación Luis Sojo ha convertido en un complejo de cuatro estadios de distintos tamaños, donde 400 niños practican a diario.

La visita de Jeter a Venezuela creó un huracán de emociones alrededor de quien es considerado por muchos como el más grande shortstop que haya jugado con el equipo más ganador de todos los tiempos.

Es casi un milagro poder encontrar un tiempo para sentarse con él a la sombra de los árboles, en el jardín del hotel Jirahara, para poder conversar sobre su visita a Venezuela, invitado para recabar fondos para la fundación que dirige Sojo.

-¿Cuáles son los momentos que más recuerdas de actividades como esta?
-Cuando compartes con los niños. Me parece maravilloso lo que Luis hace por los niños aquí en Venezuela y por eso estoy aquí, esperando encontrarme con ellos.

-Por lo que has dicho, tus padres fueron determinantes en la actividad que decidiste para tu propia fundación.
-Sin duda. Mi papá trabajó por mucho tiempo como consejero en la ayuda contra el consumo de alcohol y drogas en la juventud. Mi hermana también ha hecho labor en eso y yo crecí viéndolo. Es la razón por la que estoy aquí, la razón por la que también tengo mi fundación.

-No es fácil que un jugador de tu trayectoria haga este tipo de viajes, lejos de su país. ¿Cómo te convenció Luis para hacerlo?
- Jugamos juntos durante mucho tiempo, lo que casi nos convirtió en familia. Y desarrollamos una muy buena amistad. Estoy aquí, porque es mi amigo.

-Sojo dijo alguna vez que te ha visto hacer las cosas más espectaculares en el mes de octubre, y que gracias a Dios jugabas de su lado. ¿Qué dices de él?
- "Louie" siempre me insistió, desde que yo tenía 18 años de edad, en que tenía que divertirme todos los días. Y lo he hecho. Además, siempre fue muy divertido jugar con él. Al final de todo, entendemos que el beisbol no es más que un juego, que es exactamente igual a cuando éramos niños, sólo que ahora con más gente viéndonos.

-¿Le ves futuro como piloto?
- Siempre dije que sería un buen manager, desde que lo vi interactuar con los más jóvenes. Él sabe mucho del juego. Lo único que necesita es la oportunidad para algún día dirigir en las grandes ligas. Espero que reciba el chance. La organización que se lo dé será muy afortunada.

-¿Se verán las caras en el Clásico Mundial?
-No lo sé, ojalá. No jugamos muy bien la vez anterior, aunque teníamos un gran equipo. Pero la pasamos bien, cuando estuve allí, y espero volver a tener la oportunidad.

-¿Cómo es ser parte de un equipo como los Yanquis, al que la mitad del mundo odia y la otra mitad adora?
-Todo con los Yanquis comienza con su dueño, y su empeño y determinación de ganar todos los años. Los jugadores que se enfrentan a nosotros nos detestan, pero quieren ser algún día parte de nuestro equipo. Es un club con una tradición muy especial, con grandes aficionados. Y yo he tenido la fortuna de jugar muchos años allí, la oportunidad que muchos que, nos odien o nos amen, también quisieran.

-¿Qué te llevaste del viejo Yankee Stadium? ¿Tomaste contigo algo de tierra del cuadro?
-Me llevé todo mi locker. Completo. Y un par de cosas más.


El capitán de los Yanquis se despidió entre empanadas
Tan implacable fue el sol sobre el Barquisimeto Golf Club, que Derek Jeter y Luis Sojo decidieron hacer el alto del hoyo 9 de forma muy particular, durante el torneo de Golf de las Estrellas: tomando por asalto el kiosquito ubicado en la mitad del recorrido.

Jeter y Sojo jugaron su partida entre risas y bromas, escoltados por funcionarios de policía y aficionados deseosos de ver al invitado. Pero al llegar al kiosco, abrir las neveras ellos mismos y sacar refrescos para calmar la sed, una multitud se agolpó ante ellos, cual hambrienta clientela.

"¿Cómo está, mi gente?", sonrió el capitán de los Yanquis. Y tomando una empanada con una servilleta, extendió la mano y preguntó, nuevamente en castellano: "¿Pollo?".

Jeter cerró así su visita a Barquisimeto, donde ayudó a recabar fondos para la Fundación Luis Sojo. Horas después, se marchó.

"Ha sido muy divertido, una experiencia grandiosa", dijo el torpedero. "Pero lo mejor fue jugar golf con `Louie’. Es muuuy malo".

Jeter tampoco brilló. En una parte del recorrido, golpeó un árbol que tenía a cinco metros de distancia.

Muchos peloteros sufrieron para darle bien a la pequeña pelotita.

"No somos golfistas, hacemos lo que podemos", rió César Izturis. "Estamos tratando de ayudar en esta causa, y bueno, hacemos lo posible porque somos atletas".

"Es mucho más difícil que batear", exclamó Robert Pérez, máximo jonronero de todos los tiempos en Venezuela.

"Yo hice un birdie, ayudado por mis compañeros", repostó, feliz, José Celestino López.

Publicado en El Nacional, los días 16 y 17 de noviembre de 2008.

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