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martes, 14 de febrero de 2017

Le llegó la hora de brillar a José Peraza

El Emergente
Ignacio Serrano

Zimbio.com
Muchos aficionados en Venezuela no conocen a José Peraza. Y se entiende. Después de todo, ser favorito de los scouts no garantiza automáticamente una enorme popularidad.

Peraza fue hace un par de años el prospecto número uno de Venezuela. Creció en las menores de los Bravos de Atlanta, debutó en las Grandes Ligas con los Dodgers de Los Ángeles y pasó casi todo 2016 arriba con los Rojos de Cincinnati.

Nunca ha jugado en la LVBP, lo que explica el discreto perfil en su propia tierra. Ha pertenecido a dos equipos, Lara y Aragua, pero ha preferido descansar cada vez que llega el receso invernal.

Haber pertenecido a cinco organizaciones a los 22 años de edad no es buen augurio. Tampoco, necesariamente, el haber sido cambiado dos veces en las Grandes Ligas, tan temprano en su carrera. Y sin embargo, puede que la trayectoria de Peraza como súper estrella esté a punto de comenzar.

El barinés dio una campanada la temporada pasada. No tenía dónde jugar, pero igual se abrió paso en el roster de los escarlatas como campocorto (su posición original), camarero, jardinero izquierdo, designado y patrullero central.

Es veloz. Muy veloz. Dos veces superó las 60 bases robadas en las menores y con los Rojos estafó 21 en 72 encuentros, lo que le daba un ritmo de 43, en caso de haber disputado 150 compromisos. Únicamente cuatro peloteros en todas las Mayores alcanzaron esa cantidad en la última zafra.

Peraza une a eso su capacidad para batear. No tiene mucha fuerza. Parece destinado, por ahora, a rondar los 30 tubeyes, con unos pocos jonrones. Pero tampoco se poncha mucho y tiene una capacidad superlativa para poner la pelota en juego, lo que puede ser un arma letal, dada su rapidez.

En las menores rondó siempre los .300 con el madero y en la gran carpa tiene una línea de .312/.343/.403 en sus primeras dos experiencias, brillante para alguien que no cumple los 23 años de edad y no se caracteriza por dar extrabases.

Le falta aprender a robar. En 2016 fue puesto out una de cada tres veces que salió en busca de la siguiente almohadilla, una media muy baja en los tiempos que corren. También necesita convertirse en un infielder seguro, lo que probablemente no ha sucedido debido a las vueltas que ha debido dar.

Originalmente era shortstop. Los Bravos lo mudaron a la intermedia cuando el curazoleño Andrelton Simmons firmó un contrato mutianual, cerrándole el paso. Luego fue pasado al center, en la idea de que sería el lugar ideal para él, y en la última campaña rotó entre el cuadro y el outfield, ante la imposibilidad de darle un puesto a tiempo completo.

Sus registros tradicionales con el guante no son malos, especialmente como intermedista. Viene de poner .982 en porcentaje de fildeo allí, con un factor de alcance superior a la media de la liga. Pero los baremos más avanzados, como el UZR, la Zona Total o las Carreras Salvadas sugieren que todavía tiene una tarea que aprender.

Los scouts aseguraron en 2014 que este llanero con 1,80 metros de estatura sería una estrella, algún día. No ha tenido la oportunidad de demostrar cuán bueno es. Pues bien, el manager Bryan Price acaba de nombrarlo camarero titular de Cincinnati. El tiempo de esperar por él ha terminado. Le toca demostrar lo que tiene. Le llegó el momento de brillar.

Publicado en El Nacional, el martes 14 de febrero de 2017.

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2 comentarios:

  1. Nunca quiso jugar con Lara pero es buen pelotero. Suerte

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  2. Nunca quiso jugar con Lara pero es buen pelotero. Suerte

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